The Twelfth House es un relato descarnado sobre el fin de la esclavitud en el Caribe, una fantasía histórica que mezcla folklore de distintos orígenes en una novela quizá demasiado compleja en su planteamiento temporal, con saltos constantes que no ayudan en nada al lector para seguir el hilo de la narración. La obra que Robert de la Chevotiere nos ofrece no será del gusto de todo el mundo, al transitar ese camino difícil de definir entre el realismo mágico y la fantasía más clásica, intentando ser riguroso históricamente, pero creo que merece la pena, aunque solo sea por vernos reflejados en el espejo de quienes pretendían rebajar la humanidad de los demás por su tono de piel.
Partiendo de la base de que la narradora escogida para contar el libro no llega a «nacer» hasta bien mediada su extensión, ya tendríamos que sospechar que The Twelfth House no va a ser una lectura tranquila. Etta es una ogbanje, un alma no nacida atrapada en un círculo vicioso de renacimiento y aniquilación en el árbol genealógico de una sola familia. Cuando su «padre» es capturado y llevado a una vida de esclavitud en Dominica, este ciclo se rompe y ella finalmente se encarna en un cuerpo humano. El autor utiliza de manera exhaustiva este punto de vista que si bien no es omnisciente sí que le permite jugar con las líneas temporales y relatar hechos que no tuvieron otros testigos que los propios actores de cada escena. Es una elección arriesgada porque la propia naturaleza de la ogbanje causa rechazo en el lector.
Toda la novela es un alegato contra la esclavitud, centrándose en la crueldad del «hombre civilizado» capaz de utilizar a otras personas como carnaza para sus instintos más bajos y para lucrarse con la sangre de los demás. He de decir que la labor de la actriz que interpreta el audiolibro, Marie-Françoise Theodore, es encomiable, aunque su acento no es el más fácil de entender. La prosa de Robert de la Chevotiere no es la más fácil de entender, pero ella consigue una fluidez que quizá no hubiera sido tan notable al leer el libro en lugar de escucharlo. De hecho, creo que facilita la interconexión entre los distintos momentos temporales entre los que va saltando el autor.
En resumen, nos encontramos ante una obra compleja por la elección del narrador y por la estructura temporal escogida, con una crudeza extrema en la representación de la esclavitud y sus consecuencias y con referencias muy acertadas al folklore de las distintas culturas afectadas por las migraciones forzadas de los africanos esclavizados en el Caribe. Da pie a la reflexión.

