The House of Styx

The House of Styx es la primera entrega de una nueva serie de Derek Künsken, precuela de las novelas The Quantum Magician y The Quantum Garden, aunque es de lectura totalmente independiente.

En esta novela nos encontramos con una mezcla que en un principio puede parecer bastante dificil de cohesionar. Por una parte tenemos ciencia ficción dura, con las condiciones de vida extremas de Venus y explicaciones sobre la supervivencia en un medio ácido mediante neutralizadores, la importancia de las atmósferas de presión y la temperatura sobre los hábitats de los humanos. Pero por otra parte tenemos la historia de una familia que sobrevive a este durísimo entorno con pocas circunstancias a favor, con un miembro con síndrome de Down y otro que está en un proceso de autoaceptación muy complicado. Pudiera parecer que estos dos aspectos tan alejados tendrían que chocar en algún momento pero Künsken consigue manejarlos de una manera muy correcta.

La colonización del inhóspito Venus ha sido llevada a cabo mayoritariamente por exiliados de Québec, lo que le da un toque especialmente florido a sus insultos, quizá lo primero que llama la atención del libro. Este elemento sorprendente tiene la función de situarnos en una escena bastante conocida en la ciencia ficción: la colonización de un mundo hostil, solo que en este caso al hallarnos en el sistema solar además debemos añadir las presiones políticas y económicas de los poderes fácticos que han financiado la colonización. Los habitantes de Venus están fuertemente endeudados con los bancos y por ello gran parte de las maniobras políticas de la Asamblea están destinadas a gestionar esta deuda, ya que minimizarla parece imposible. En contraste con esta zona de Venus están los habitantes de las partes más profundas y peligrosas, que se consideran más libres aunque su vida esté supeditada a los caprichos veleidosos del planeta.

Esta situación política da al autor la posibilidad de crear conflictos por los escasos recursos que se han de repartir entre los miembros de la colonia, manteniendo un equilibrio casi imposible y creando un escenario donde la reutilización de cada fragmento de metal puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. En este sentido, la novela tiene algo de épica.

No me gustaría explayarme más en el argumento, ya que creo que es mejor ir descubriendo sobre la marcha qué les sucede a los habitantes tanto de las partes más elevadas como de las profundidades. The House of Styx es un canto a la adaptabilidad de nuestra especie y la búsqueda de esa última frontera, pero sin olvidar en ningún momento que es lo que nos hace ser humanos. Espero que pronto podramos disfrutar de la siguiente entrega de la serie.

Mongrels

Hace tiempo que mi amigo Elías Combarro me había recomendado Mongrels de Stephen Graham Jones pero mi reticencia habitual hacia la lectura de terror en general me hacía tener reservas. Lo cierto es que nos encontramos ante una novela de hombres lobo a la que no le falta su toque de truculencia y sangre, pero ese no es el objetivo de la historia.

El autor narra la historia de un muchacho en el borde de la adolescencia con una vida difícil, ya que es un huérfano cuidado por sus tíos y su abuelo. Su principal obsesión es saber si va a ser capaz de «cambiar», ya que su familia son hombres lobo pero él aún no ha manifestado esa capacidad. Sin embargo, como bien señala Elías, el libro es una metáfora de la marginalidad y de cómo crecer en un ambiente de estas características condiciona la vida futura. Resulta muy interesante ver cómo las distintas personas que ejercen influencia en su vida, pertenezcan o no a su familia, anteponen las cualidades que se asocian a los hombre lobos a otras que podrían darle más estabilidad. Los constantes cambios de domicilio, los robos y la caza furtiva, son elementos que modificarán profundamente su personalidad y la cambiarán hasta la persona en la que se acaba convirtiendo.

El libro alterna capítulos en primera persona y en tercera persona, pero siempre tomando como referencia las vivencias del protagonista. Que el conocimiento se transmita a base de historias y relatos es algo común en una vida nómada como la que se ve obligada a llevar la familia, pero hacia el final del libro vemos que de esta forma hay muchas partes que se van perdiendo, creando lagunas de conocimiento que en ocasiones podrían significar la diferencia entre la vida y la muerte. Es una road movie supeditadaa los estados del sur de Estados Unidos.

Al principio del libro cobra mucha importancia la figura del abuelo de la familia, que es el patriarca y quien rige los destinos de los demás miembros del clan. No obstante, cuando esta mano férrea pierde su poder, vemos como las interconexiones familiares también se van diluyendo, en parte por la pérdida de la referencia y en parte por la propia dinámica de esas relaciones interpersonales. Esta desintegración está muy bien descrita por el autor en algunos de los capítulos en los que algunos de los miembros desaparece temporalmente.

Se trata de un libro duro, pero que nos da pie para reflexionar a través de la dualidad monstruo-hombre.

Mongrels está publicada en español como Mestizos con traducción de Manuel de los Reyes.

Godblind

De nuevo tenemos la suerte de contar con @mertonio en la lectura conjunta de Godblind y, por ende, en esta reseña. Esperamos que os guste.

Godblind es el debut de Anna Stephens y, a la vez, la primera entrega de una nueva trilogía de fantasía grimdark. En la novela, los antiguos y exiliados dioses de la sangre tratan de volver al mundo mientras los diferentes personajes facilitan o impiden este regreso.
Es un perfecto ejemplo de lo que se suele entender como grimdark, porque no escatima ni crudeza ni oscuridad, en esta ocasión tanto por parte de los protagonistas como los secundarios.


La novela hace gala un par de escenas bastante explícitas aunque el desarrollo general no es particularmente truculento en ese sentido. Los diversos puntos de vista de personajes pertenecientes al bando «Dioses de sangre SÍ» dotan de esa oscuridad antes mentada.


La historia no es excesivamente original, ya que hay conspiraciones para hacerse con el poder, invasiones y espionaje, el día a día de cualquier reino de fantasía fronterizo. Sin embargo la idea central del retorno de los dioses tiene más enjundia de la que podría imaginarse en un principio. Los dioses no son entidades sin forma ni figuras de la entelequia si no que tienen una presencia real y sus propias ambiciones e intenciones.
Alejándose un poco de esta manera de la fantasía con un panteón alejado e inalcanzable. Aquí los dioses manipulan a los humanos y se entrometen en sus asuntos. En especial en una de las figuras más destacadas de la narración, el calestar.

Esto se contrapone a la fantasía de los ochenta y noventa, donde las deidades no suelen intervenir directamente en los asuntos de los mortales ni están definidos usando rasgos humanos (codicia, amor, etc). Recordando lecturas recientes, en Fate of the Fallen ocurre algo parecido.


Una de las características más destacables de Godblind son los capítulos cortos, cortísimos, teniendo una o dos páginas de longitud. Esto, unido a la gran cantidad de puntos de vista crean una narración como un tapiz, donde los eventos son contados desde múltiples ángulos. Se crea así un ritmo trepidante de capítulos y cambios que hace que el lector en ningún momento se amodorre, ya que siempre están pasando cosas.


Un punto más flojo en Godblind sería la ambientación, que resulta ser bastante genérica de tipo medieval sin demasiado detalle ni esfuerzo por parte de la autora en crear características únicas o definitorias. Es posible que cambie en el futuro, ya que la acción del libro se concentra en un único país, pero como entran en liza varias identidades nacionales distintas estos añadidos hubieran dotado a la novela de un punto de color y distinción del que carece.

Como contraste, sorprende el exquisito cuidado con el que trata el consentimiento en las relaciones sexuales, una rara avis en la fantasía (solo recuerdo otro ejemplo así en Magic for Liars). Por desgracia, también recurre a la violacion como recurso narrativo, una «solución» demasiado fácil.

A pesar de algunos fallos es quizá una de las mejores lecturas dentro de las primeras novelas de las damas del grimdark (os dejamos como ejercicio para subir nota en los comentarios decir quiénes son las otras escritoras más conocidas del momento). Es bastante probable que sigamos leyendo la historia con el resto de la trilogía.

Unconquerable Sun

He de decir que me ha encantado esta space opera de Kate Elliott, que me ha tenido entretenida e intrigada a la par, aunque el comienzo haya sido un poco lioso.

La frase en la que se ha centrado toda promoción de Unconquerable Sun la definía como un retelling de Alejandro Magno con género cambiado en el espacio (un gran triunfo de marketing, poque es una frase demoledora). Y es una muy buena definición, porque aunque solo conozco ligeramente la historia del conquistador, es cierto que se nota ese aire de inspiración griega en la ambientación y esa famosa «camaradería» de los miembros de su séquito. La trasunto de Alejandro es Sun, que lleva toda la vida preparándose para asumir el mando de la república de Chaonia cuando su legendaria madre no esté.

Al principio de la novela nos podemos encontrar un poco perdidos con muchos personajes nuevos y sobre todo con los diversos puntos de vista de la narración, que llevan aparejados cambios de la primera a la tercera persona e incluso en el tiempo verbal. Este recurso requiere un pequeño periodo de adaptación, pero luego se antoja algo natural y fluido. Para conocer a los personajes, no obstante, hace falta un poco más de tiempo y esfuerzo, pero merece la pena. Son distintos y complementarios entre ellos y se convertirán en el alma del libro.

Las intrigas políticas y traiciones están a la orden del día, incluso dentro de la misma familia, porque ¿quién te puede poner mejor la zancadilla que aquel que te conoce desde siempre? Todo esto con una guerra de fondo, con un imperio que ha tenido que retroceder un poco en sus posiciones por el empuje de Chaonia, pero que no está dispuesto a dar su brazo a torcer en una guerra a varias bandas.

El ritmo de la novela, aunque empieza un poco indeciso, toma una velocidad de crucero muy elevada una vez que están desplegadas todas las piezas en el tablero. Y se vuelve definitivamente frenético al final del libro, cuando las apuestas están más altas y empiezan las revelaciones que cimentarán la continuación, porque por desgracia (o por suerte si la autora sigue con este nivel), el libro no es autoconclusivo.

Por si le faltaba algo, la novela está trufada de guiños al lector y huevos de pascua para ir descubriéndolos. Desde tuckerizaciones de otros escritores pasando por referencias futboleras, el libro tiene muchos pequeños detalles que denotan el trabajo y el cariño volcado en su creación. Tener un diminuto dinosaurio como mascota, los personajes con cuatro brazos o la creación de nuevas palabras que quedan como pequeños retos de comprensión para el público del libro son añadidos que aumentan la inmersión en la aventura.

Por favor, leed esta novela. Necesito comentarla con alguien urgentemente.

Architects of Memory

Este libro tenía a priori muchas papeletas para triunfar en el blog: una tripulación que se dedica a la recuperación de recursos valiosos en naves malogradas, corporaciones malvadas que esclavizan a sus recursos humanos mientras buscan una nueva salida y un arma alienígena desconocida que entra en juego. Lo mejor de todo es que ha superado mis expectativas, Architects of Memory puede ser uno de los libros del año.

El hecho de que las naciones hayan sido superadas por las megacorporaciones en la exploración del espacio no es novedoso, como tampoco lo es la «esclavitud» a la que se ven sometidos los pobres que han de trabajar para estas instituciones para pagar su deuda y conseguir la ciudadanía (me viene a la cabeza Autonomous sin tener que irme muy lejos). Pero esta situación está muy bien expuesta por Karen Osborne y resulta muy relevante en la situación actual. Un poco en la línea de McDonald en la trilogía de Luna, hay que pagar por cada uno de los recursos que gastas y resulta casi imposible salir del círculo vicioso entre gasto para subsistir y deuda que va aumentando. Esta agonía constante, esta lucha por salir de un pozo tan profundo que no se vislumbra la salida está muy bien representada tanto por la protagonista Ash como por los otros miembros de la tripulación.

Y sin embargo, Ash tiene algo que la hace especial y que la transforma en un objeto codiciado por varias de estas megacorporaciones. Las luchas sutiles y no tan sutiles por hacerse con el control de este recurso (no importa que sea una persona, no importa que esté enferma) conforman uno de los ejes conductores de la novela. Pero es que hay más, porque entran en escena unos aliens con los que la humanidad se enfrentó en su momento y que a pesar de su increíble superioridad tecnológica se retiraron de la lucha por causas que nunca quedaron claras. Aumentar el escaso conocimiento que se tiene sobre los Vai es el otro eje que hace avanzar la trama, con revelaciones muy interesantes que Karen Osborne nos irá dando a conocer poco a poco, en una forma muy inteligente de controlar la información que llega al lector, racionándola para que siempre queramos seguir leyendo.

No quiero tampoco pasar por alto la condición bisexual de la protagonista, algo que se expone con toda la naturalidad del mundo y que encaja muy bien con el relato. A este respecto, me cuesta más trabajo encontrar ejemplos de una o un protagonista bisexual en la ciencia ficción, seguro que los hay pero ahora mismo no me vienen al cabeza.

No es exactamente una novela de primer contacto pero sí que tiene algunas características de este subgénero, ya que la exploración de cierto artefacto alienígena lleva a tener revelaciones sobre los propios extraterrestres que nadie esperaba al comienzo del libro.

El ritmo de la novela está bastante bien llevado, en ningún momento se hace pesada aunque es cierto que algunas situaciones se resuelven un poco por «la gracia de Dios». Es un libro muy intenso, ya que toda la acción está condensada en poco tiempo y saber que el reloj está descontando minutos añade incluso más tensión a la historia. Una autora a la que definitivamente hay que seguir.

Mage Against the Machine

Es un poco triste decir que lo mejor de un libro es su título, pero me temo que nos encontramos ante un claro ejemplo.

Mage Against the Machine ha sido definido como Harry Potter mezclado con Terminator, pero más quisiera Shaun Barger haber escrito algo tan ingenioso como el título de la obra en el contenido.

El autor nos expone dos historias separadas, aunque condenadas a encontrarse. Por un lado, un mundo de magos que vive aislado del exterior porque se supone que tras las fronteras y los sellos protectores hay un erial radiactivo provocado por una guerra mundial atómica en 2020 (todavía estamos a tiempo para esto, queda la mitad del año). Por otro lado, tenemos un mundo dominado por las IAs que permite la vida de los humanos por el tenso status quo que causan la presencia de las colonias humanas extraterrestres y sus armas apuntando a la Tierra en caso de genocidio por parte de las máquinas. Podría parecer interesante planteado así, pero la ejecución y sobre todo los personajes dejan mucho que desear.

En la parte mágica del mundo seguiremos los pasos de Nikolai, un joven mago bastante poderoso pero al que le faltan seis papas en el kilo de madurez. Verlo patrullar con sus zapatillas de deporte basadas en las del siglo XX porque él lo vale (las regulaciones, para los demás, por favor) y en general sus actos infantiles cuando vuelve a su pueblo harían hervir la sangre a la persona más paciente del mundo. «Soy un gran mago pero mi novia me dejó por la estrella del deporte del insitituto y entonces me enrolé por despecho» es una motivación bastante pueril, como es el personaje en sí.

En la parte dominada por las máquinas, tenemos a Jem, miembro de la resistencia con implantes de alta capacidad que utiliza para llevar a cabo misiones de acompañamiento de refugiados, transporte de información sensible… Esta parte podría parecer más interesante, pero el uso y abuso de Barger de la realidad virtual como herramienta de tortura, de formación, de chantaje y de todo lo que se le ocurre, hace que también me haya acabado cansando de esta navaja suiza virtual.

Llega un momento en que Nikolai acaba atravesando el velo, también por cabezonería y entonces descubrirá (¡oh, sorpresa!) que la población lleva engañada desde hace un siglo. Y se aliará con Jem para algo, no sabemos exactamente el qué porque las acciones que llevan a cabo a continuación no es que sea erráticas, es que tienen más variabilidad y azar que jugar a la ruleta. Un despropósito.

Podría seguir hablando sobre los agujeros de la trama o las incongruencias de la historia, pero creo que ya ha quedado bastante claro que el libro es insufrible.

The Pursuit of William Abbey

Una de las mayores alegrías lectoras que me he llevado este año es ver que Claire North vuelve a las andadas, ya que tras la decepcionante The End of the Day y 84K (que reconozco no haber leído por las críticas recibidas) la autora se marca una novela con toques de terror que consigue atraer al lector desde el primer momento.

No se puede negar que The Pursuit of William Abbey sigue punto por punto las características habituales de la obra de North, como los constantes viajes por el mundo o las repeticiones y listas que usan los personajes. En este caso llama especialmente la atención cómo usa una maldición que al principio consideraremos única pero que luego evolucionará para hacer una crítica demoledora del imperialismo británico, en auge en el tiempo en que está situado el libro, finales del siglo XIX y principios del XX.

¿Es una novela de terror? Sin ser ninguna experta en la materia, diría que sí, que los elementos presentes en la maldición Abbey y el tratamiento de la «persecución» de la que es víctima así como ciertos episodios bastante truculentos de experimentación encajan perfectamente en el género. Pero mi bagaje como lectora en este sentido es demasiado pobre como para hacer una afirmación categórica.

También sería importante resaltar la labor de documentación que sin duda ha llevado a cabo la escritora, ya que refleja muchos lugares del mundo de forma bastante acertada. Me encanta también como mezcla «el Gran Juego», el espionaje entre grandes potencias, con otros elementos de lucha de clases. Este elemento me resulta especialmente atractivo, ya que sin alcanzar los niveles de Declara, es cierto que le viene como anillo al dedo a la historia para proveer a Abbey de los medios que necesita en su infinita huida hacia delante. Pero también será víctima de este juego cuando se disputen sus servicios, no siempre ofertados de manera voluntaria.

Algunos puntos negativos de la novela son la falta de empatía que despierta el protagonista y, sobre todo, un final bastante precipitado que no me acaba de convencer.

También es delicioso el párrafo en que se dedica a desgranar uno por uno los elementos diferenciadores de cada una de sus novelas anteriores (gente que no es capaz de que la recuerden, gente que vuelve a vivir su vida una y otra vez…) en un juego metaliterario para fans, siempre intentando dar una explicación científica para hechos aparentemente irresolubles.

Podemos afirmar sin temor a dudas que con The Pursuit of William Abbey Claire North vuelve a altas cotas. A ver con qué nos sorprende la próxima vez.

A Beginning at the End

Este libro de Mike Chen es especialmente relevante en los tiempos que corren, ya que habla de un mundo tras una pandemia por un virus respiratorio que se llevó por delante al 85% de la población. Lo que se convierte en algo habitual como es el lavado de manos y la utilización de mascarillas de forma generalizada quizá hubiera llamado la atención en otro momento, pero en la actualidad no puede estar más presente.

La novela es la historia de algunos supervivientes que han de hacer frente a los problemas de una civilización en reconstrucción. La vida no parece especialmente difícil en algunas zonas urbanas, no hay desabastecimiento y nos da la impresión de ser el resultado de un apocalipsis leve, si no fuera por la elevadísima tasa de muerte. Estamos en plena reconstrucción del sistema, pero ya hay una base sólida en la que apoyarse para seguir con el trabajo. El problema principal es afrontar el duelo por los que se perdieron en su momento y también las previsiones para el futuro porque el virus sigue presente y sigue mutando.

Los personajes consiguen hacerse entrañables, porque se muestran como humanos con sus defectos y sus virtudes. Mediante varios flashbacks vamos conociendo imágenes de su pasado que nos ayudan a comprender sus acciones en el presente. Quizá resulta un poco chocante que en este mundo haya una planificadora de bodas y eventos, pero creo que la intención del autor es dar una pátina de cotidianidad a la historia.

La premisa de la que parte Chen parece poco creíble mirando los datos ofrecidos fríamente, pero creo que su intención es difundir el optimismo y la confianza en el ser humano, que a través de la solidaridad es capaz de sobreponerse a los mayores desafíos. Incluso los personajes más dañados por el pasado, que para protegerse han construido una coraza alrededor de sus sentimientos, son capaces de redimirse y afrontar el futuro con un nuevo aire de confianza. Es un mensaje quizá iluso, pero que muestra un camino que se puede seguir, duro pero esperanzador.

Roses and Rot

Roses and Rot es un título que en su momento pasó bastante desapercibido, pero del que en alguna ocasión había hablado con mi amigo Elías, que me animó a leerlo. Se trata de una historia ambientada en la actualidad, pero que mezcla el mundo real con el mundo mágico de las hadas, entendidas como esos seres que poseen glamour y que pueden conceder deseos a quienes consideren sus elegidos.

Lo que llama especialmente la atención en esta novela no es esta aparición de las hadas y del acuerdo que tienen con los humanos becados en una famosa escuela de arte, si no cómo la autora utiliza este entorno para hablarnos de una relación entre hermanas que trasciende el arte. Las constantes injerencias de su madre, que actúa de una forma tan malvada y torticera que consigue separar a ambas durante años, están estupendamente reflejadas por la autora, sobre todo utilizando un medio poco habitual. Como la protagonista es escritora y su proyecto en la escuela de arte trata sobre los cuentos de hadas, va introduciendo pequeños relatos del estilo donde se van desgranando estos episodios vitales. Como si se tratara de una muñeca rusa, se van descubriendo nuevas y nuevas capas en estos relatos imaginarios pero referentes a la realidad.

Roses and Rot es también una estupenda muestra sobre la relación entre los artistas y sus musas o su inspiración. Lo hace con todo tipo de disciplinas artísticas, desde la poesía a la danza, pasando por la escultura o la música. El objetivo último de la escuela de arte es conseguir que las obras de los allí formados transciendan el tiempo, que sean recordadas para la posteridad. El precio a pagar ya lo descubriréis si leéis la novela, pero se da por descontado que cualquier artista que se precie está dispuesto a pagarlo. No sé si es por pura vanidad o por la necesidad inherente de sentirse valorado por sus creaciones, pero pocos de los personajes que aparecen en la novela son capaces de evitar este influjo.

La prosa de Kat Howard se adapta de una manera precisa y elocuente a un relato con influencia mágica, tanto a la hora de describir la relación con las hadas como en los momentos más «mundanos» de la narración, aunque en algún momento puede llegar a resultar excesivamente metaliteraria. Las relaciones interpersonales, tanto las de las dos hermanas como las del resto del personajes que aparecen en la novela son tratadas con mucho respeto y cariño, incluso cuando los actos que se llevan a cabo parecen ser causados por un egoísmo y una falta de humanidad que se podrían achacar a las hadas, pero que son llevados a cabo por personas. Si te gusta el mundo de las hadas y la relación de los humanos con ellas, este libro no se te puede escapar.

Of Dragons, Feasts and Murders

Que Aliette de Bodard es una escritora muy admirada en este blog creo que no sorprenderá a nadie, así que tampoco os sorprenderá saber que me leí Of Dragons, Feasts and Murders prácticamente en un solo día.

La obra es una relato concentrado con todo lo bueno de la saga Dominion of the Fallen envolviendo un misterioso asesinato que habrá que investigar para ayudar a la estabilidad del reino dragón bajo el Sena. Con esta apuesta, la autora vuelve en cierto modo a sus inicios con Servant of the Underworld y demás instancias de la saga Obsidian and Blood.

La autora quería que la obra se sostuviera por sí misma de forma individual, sin necesidad de haber leído las novelas anteriores. Al comienzo de la lectura presenta a los personajes y sus relaciones de una manera tan resumida como brillante, algo que permite poder disfrutar de la lectura sin todo el conocimiento de lo anterior. No obstante, no se hace lo mismo con el mundo o al menos no consigue condensar todas las explicaciones sobre la magia de los ángeles caídos, el París devastado… en estas pocas páginas. Creo que hay otras obras que servirían mejor al propósito de iniciarnos en la saga, así que aunque la lectura de Of Dragons, Feasts and Murders no requiere las obras anteriores, sí que la agradece.

Una parte muy importante de la narración son las intrigas políticas, algo a lo que Aliette ya nos tiene acostumbrados en casi todas sus publicaciones, desde el ciclo de Xuya a la anteriormente mencionada Obsidian and Blood.

Me ha gustado especialmente la resolución «científica» del misterio, aunando de una forma muy atractiva las tradiciones con la modernidad. Pero sin duda lo más llamativo es la relación entre Asmodeus y Thuan, un matrimonio bien avenido a pesar de las muchas diferencias entre ellos. Y es que a la autora se le nota el cariño especial que siente por Asmodeus, a pesar de la complejidad del personaje consigue enfocarlo con una visión positiva.

No sé a qué esperáis para leer Of Dragons, Feasts and Murders y en general, todo lo que escribe Aliette de Bodard.