Ariel Kaplan ha finalizado su saga de The Mirror Realm con The Kingdom of Almonds y he de decir que es un final muy adecuado para una saga que comenzó con fuerza y luego rebajó un poco las expectativas con su segunda entrega.
En The Kingdom of Almonds se decidirá el destino de la ciudad de Luz y de todos los personajes que parecen ya de nuestra familia por lo mucho que hemos sufrido con ellos. Estamos ante una novela que va cerrando tramas de manera muy respetuosa con toda la mitología que Kaplan ha ido desplegando, sobre todo la magia y la relación con la sal de los seres mágicos. La construcción de mundo sigue siendo uno de los puntos fuertes de la saga, con los tres mundos entrelazados en un destino incierto. A pesar de ser la última entrega, la autora introduce nuevos personajes que tendrán un papel relevante en el desarrollo de la trama, aunque los viejos conocidos del principio de la historia son los que llevan todo el peso de la narración sobre sus hombros. Ha llovido mucho desde que Toba hubo de abandonar su hogar y descubrió su verdadera naturaleza, pero esta fantasía de inspiración judaica ha conseguido que las relaciones entre los personajes, las amenazas de los malvados y en general, el ritmo de la historia se sienta muy vivo.
De especial relevancia es el amor no romántico, como el que siente Elena por su nieta o la señora mayor por Naftaly, que las llevan a extremos insospechados por proteger a sus seres queridos. También reviste especial importancia el uso de la inteligencia frente a la fuerza bruta y del conocimiento del folklore y las debilidades propias de un sistema mágico constreñido frente a los fríos números. En ningún momento se siente que el ritmo se haya precipitado, siempre mantiene una cadencia lenta pero imparable. Se nota que la autora ha meditado cada decisión y se esfuerza por dar un final ideal a cada personaje.
En cuanto a la narración en audiolibro de Vivienne Leheny me parece que aporta mucho empaque al libro y te lleva en volandas por este mundo fantástico de seres con pupilas cuadradas y magia desbordante.
La saga que ha pergeñado Ariel Kaplan, con sus raíces en la mitología del judaísmo, es una lectura pausada, tranquila, pero no por ello menos recomendable.




