The Deep and the Drowned

The Deep and the Drowned es el inicio de una nueva trilogía fantástica de Ian Green, el autor de Extremophile, en la que aprovecha para volver a Morost, escenario de su debut con The Gauntlet and the Fist Beneath.

Aunque tiene escenarios en tierra firme, es una novela principalmente marítima, ya que la construcción de mundo gira en torno a los archipiélagos en los que se han aposentado los humanos y las demás razas que existen también en este mundo secundario. Killian es el protagonista de The Deep and the Drowned y toda la novela gira a su alrededor. Es un personaje complejo y profundamente contradictorio, con un alma oscura que solo podemos entrever en ocasiones, sobre todo cuanto tenemos atisbos de su convulso pasado. Estamos ante una obra oscura y pesimista, un ejemplar perfecto de grimdark que parece que se regodea en las miserias, sean humanas o no. Como capitán de un barco profundamente endeudado, descendiente de una raza en desaparición, el futuro no es para nada prometedor. Pero aún así sigue luchando, con esa entereza que saca las fuerzas no se sabe muy bien de dónde, casi más por tenacidad y cabezonería que por esperanza.

El elenco de personajes que le acompaña también es interesante, aunque creo que me ha llamado más la atención el sistema mágico y sobre todo las distintas culturas que iremos viendo en el periplo de su navío. No es menos cierto que Green guarda muy bien sus cartas y el libro acaba sabiendo a entrante para la verdadera historia que suponemos que se desarrollará en las siguientes entregas, así que aunque el libro se sostiene por sí mismo, no es menos cierto que tras leerlo queda la sensación de que podría haber tenido más enjundia. Es difícil medir esto sin haber leído las siguientes entregas, claro. Se han plantado las semillas para muchos misterios y no sabemos cuáles fructificarán y cuáles pasarán al olvido.

El ritmo de la historia es implacable, como constantes son las olas del mar en que se desarrolla. Esto es un punto a favor del autor, que nunca cae en la calma chicha de escenas menos tensas para dar al relato profundidad, ni siquiera en los flashbacks.

En definitiva nos encontramos ante un buen comienzo de saga, que deja con ganas de leer más para saber si el autor es capaz de cumplir con todo lo que promete.

2150 A.D.

Leer 2150 A.D. era una apuesta que podía salir muy mal o muy bien, no creo que hubiera posibilidad de un término medio con una obra publicada originalmente en los setenta rescatada por sus «semejanzas» con la situación actual. Puedo entender el éxito de Thea Alexander en su momento, pero ahora mismo creo que se trata de una obra fuera de su tiempo.

Para empezar, resulta complicado adscribirla a la ciencia ficción cuando el medio utilizado para llegar al futuro y vivirlo es la proyección astral durante los sueños. Me ha recordado, para mal, a L. Ron Hubbard. Salvando este escollo, que ya digo que para mí es bastante complicado, nos encontramos con una especulación más bien filosófica que una extrapolación científica de un posible futuro. Y aquí es donde el entramado lógico del libro hace aguas. En la sociedad utópica del 2150, hay un grupo de privilegiados que viven en el «macromundo» donde no hay escasez, no hay miedo, solo estabilidad y comprensión. Un destino al que todos podríamos aspirar, pero que no es para nada creíble y que no explica el proceso que se sigue para alcanzar esta nirvana espiritual de una manera verosímil. Además, en el mismo tiempo, conviven con otra sociedad parecida a la actual pero retorcida y enquistada, que pretende servir como contraste con la utopía alcanzada, pero que como comparación es demasiado basta y poco refinada, como intentar llevar a cabo una incisión quirúrgica con una espada flamígera oxidada.

El protagonista es un veterano del Vietnam que perdió una pierna en el conflicto, pero que cuando llega al 2150 se encarna en un cuerpo perfecto. Quizá esperaba algo de crítica antibélica, pero el libro no va por esos derroteros, o más bien va por la crítica al individualismo y la violencia en general, no centrada en ningún enfrentamiento específico.

La labor de Vas Eli como narrador del audiolibro me ha parecido correcta, pero es que el texto de partida no acompaña para una interpretación más inspirada. Mucho diálogo y mucha disquisición filosófica, pero poco interés ha despertado en mí esta obra.

The Infinite State

Richard Swam es un escritor al que hasta ahora solo había leído en fantasía y si bien su obra es pausada y reflexiva, no deja de ser atractiva. No tengo muy claro qué esperaba encontrarme con esta novela de ciencia ficción, pero lo cierto es que no me ha convencido en absoluto.

El estado al que se refiere el título es un gobierno totalitario interestelar que tiene subyugados a sus súbditos bajo un puño de hierro que ni siquiera hace uso del guante de seda para disimular. Las purgas son constantes y los ciudadanos viven inmersos en un estado de paranoia sin fin, sirviendo como ejemplo las listas de comidas permitidas semanales a las que se hacen referencia varias veces en el manuscrito. Swam podría utilizar este escenario para una crítica social incisiva, pero la verdad es que se queda en un ejercicio romo y poco sutil, con la delicadeza de una patada en los riñones con unas botas de puntera reforzada.

Los distintos puntos de vista que conforman la obra tienen un marcado contraste, pero no acaban de fundirse en un todo apetecible. Por un lado tenemos a una viuda de un importante miembro del partido único que recibe tanto dinero en herencia que no sabe qué hacer con él, por otro a un amargado inspector de las fuerzas de seguridad rebajado de nivel por polémicas anteriores que vive en el fondo de una botella y un piloto de carreras extranjero de algo parecido a la Fórmula 1. Esta variopinta amalgama de personajes destinados a encontrarse fracasan en todo momento al intentar despertar nuestra empatía (reconozco que el inspector sale mejor parado en esta comparación que los otros dos) pero es que además sus acciones transitan la fina línea entre la inocencia y la estupidez supina, decantándose en ocasiones por esta última.

Las intrigas políticas son el combustible del que se nutre la historia, donde seremos testigos ante todo de las luchas intestinas entre los distintos estamentos de poder. Las vidas humanas importan menos que las monedas que se apuestan en partidas de póker y hay tramas y subtramas para que los implicados consigan sus objetivos. Y, sin embargo, en ningún momento llegan a ser inmersivas, sabes que está pasando algo entre bambalinas pero te importan entre poco y nada.

El ritmo es también muy pausado, quizá debido al intento del autor de transmitir la sensación de estancamiento en una sociedad tan estratificada como la que nos presenta. Aunque intenta imbuir acción en el último tercio del libro, es demasiado tarde como para que remonte el vuelo. La novela ha sido una decepción.

The Lost War

Hace ya unos cuantos años que se publicó The Lost War, la obra de Justin Lee Anderson que ganó la competición de novelas de fantasía auspiciada por Mark Lawrence, lo que le valió una republicación con la editorial Orbit. Aunque entiendo algo de la alharaca que provocó en su momento, la lectura de The Lost War me ha ofrecido una obra bastante arquetípica, con un desarrollo trabado y una resolución aparentemente sorprendente pero bastante tramposa en su premisa. Los personajes están bien definidos y son atractivos, pero todo queda bastante difuso conforme las aparentes contradicciones de la trama se convierten en indicios para que el lector más despierto, que no necesariamente avezado, una los puntos.

El protagonista es Aranok, un draoidh (persona con capacidades mágicas) que es el Enviado del Rey y cumple la voluntad de su soberano. El rey lleva poco tiempo en el poder tras una revuelta contra el injusto regente anterior y el reino se encuentra amenazado por varios frentes. Aranok, con la variopinta compañía de sus inesperados aliados, partirá en una misión de exploración que no parece tener un destino excesivamente claro. Y ese es el resumen de la historia, un viaje que le sirve al autor para ir mostrando las distintas zonas del reino que ha inventado aunque el propósito nunca queda del todo claro.

El sistema mágico es atractivo, aunque no excesivamente original. No existe una causa clara que distinga a los draoidh de los humanos normales y el hecho de poseer magia no está bien visto, pudiendo llevar a represalias por parte de quienes lo descubran. La magia se adapta a lo que necesite Justin Lee Anderson en cada caso, pudiendo haber cambiaformas, necromantes o lo que haga falta en cada momento.

Lo que menos me ha convencido es el giro final, que obviamente no destriparé aquí, que pretende ser sorprendente y parece ser que fue muy bien recibido por el jurado de los premios Self-Published Fantasy Blog-Off, pero que a un lector con muchos libros a sus espaldas no le pillará para nada de sorpresa.

Entiendo en parte el éxito de la novela por que se lee con mucha facilidad y te tiene entretenido todo el rato, como una campaña de D&D volcada en un formato manejable y adictivo. A pesar de no destacar excesivamente por su originalidad o por su prosa, ofrece un producto de uso fácil que probablemente no deje mucho poso en el lector, pero que ha cumplido perfectamente su misión de hacerte pasar un buen rato sin desgaste neuronal.

This is Where the Future Bleeds

A Mike Brooks y su obra ya lo conocíamos por aquí con su saga The God-King Chronicles, así que no es de extrañar que le diera una oportunidad a This is Where the Future Bleeds su nueva fantasía autoconclusiva, caracterizada sobre todo por un humor desbordante y una idea atractiva como comienzo. La protagonista de la historia y narradora es Kitt Carver, una buscadora de destinos para los ricos y poderosos. Esto es así porque en las tierras donde el tiempo apenas avanza, los más valientes y osados pueden hacerse con un destino que luego venden al mejor postor. Pero pronto se verá envuelta en problemas inesperados con el último hallazgo que ha conseguido vender…

Uno de los puntos fuertes de Brooks son el conjunto de personajes que despliega ante el lector, combinando de forma muy atractiva caracteres de toda índole insuflados con mucho humor y esta no iba a ser una excepción. Sin embargo, cabe destacar la labor de la narradora del audiolibro, Kim Bretton, que consigue a base de acentos dotar de personalidad a cada uno de los intervinientes en cada escena. Y esto lo consigue sin impostar la voz como he visto en otros muchos audiolibros, pero consiguiendo cambiarla en cada oportunidad. Una labor encomiable que sin duda ha conseguido que suba mi apreciación por la obra.

This is Where the Future Bleeds es una obra con una premisa atractiva que va perdiendo un poco de esa pátina conforme van avanzando las páginas, sin dejar en ningún momento de tener un ritmo adecuado, pero con cierta sensación de déjà vu en algunas de sus escenas. La dinámica del grupo que forma Kitt para desentrañar el misterio es estupenda y hace que se pasen las páginas volando, pero el misterio en sí y su resolución avanza un poco a trompicones, más por casualidades que por méritos de los presentes. Nos encontramos ante una fantasía que acaba siendo bastante convencional, pero que está escrita con oficio y que cumple perfectamente su cometido de entretenernos. Es cierto que tiene cierto aroma a campaña de rol encubierta, pero no es menos cierto que hay bastantes libros de fantasía con el mismo aire peor ejecutados que este.

The Demon Star

Para una vez que una sinopsis no engaña sobre el contenido de un libro, voy yo y la interpreto como quiero. Mira que pone bien clarito demonios y exorcistas, pues allá que fui yo esperando encontrarme algo parecido a una space opera, no hija no.

Jesse Aragon nos ofrece una novela de fantaciencia, basada en la telepatía y la posesión de cuerpos con un ligero barniz de ciencia ficción que no resiste un escrutinio un poquito más a fondo. Usando diferentes puntos de vista, la autora nos cuenta la historia de un planeta gobernado por crueles y longevos dioses que ejercen su poder a través de una retorcida Iglesia. Cada cierto tiempo algunos de los habitantes del planeta son «recolectados» para un fin poco claro. Una de los principales puntos de vista es el de una de estas recolectadas que vuelve al mundo totalmente cambiada. También se une al elenco de protagonistas un clérigo alcohólico y el bastardo del heredero al trono.

El ritmo es frenético, pero también lo es la violencia desatada a lo largo de las páginas, llegando a rozar el body horror. A Aragon no le duelen prendas en mostrarnos desmembramientos y entrañas por doquier, con descripciones bastante vívidas. Pero es casi más duro el terror psicológico de poder caer víctima en cualquier momento de la posesión de algunos de los demonios que se mencionan incluso en el título, sometiendo tu voluntad a sus veleidosos designios. Desde luego no es un libro para estómagos delicados.

No es que los personajes sean moralmente grises, es que todos tienen zonas más oscuras que un nido de grillos. La autora sabe jugar con las decisiones que sin duda provocarán muertes, alegando que sirven para evitar un mal mayor. Creo que la construcción de mundo también es interesante, aunque me parece algo fallida si no damos por supuesta la teoría de la panspermia, por ejemplo. Deja el camino expedito para continuaciones, con una ominosa amenaza en el futuro y con un cambio de regimen político que al final parece mantener las viejas costumbres.

En resumen, The Demon Star es una primera novela muy ambiciosa, que tiene claro su público objetivo, entre los que por desgracia no me encuentro.

The Loom Tree

Folklorn fue una lectura interesante en su momento, así que cuando el audiolibro de The Loom Tree se puso a tiro, no dudé en echarle el lazo. Se repiten algunos temas como la mitología coreana y el sentimiento de alineamiento provocado por el desapego de la cultura propia al ser criado en otro país, pero en esta novela es especialmente relevante la relación madre-hija. Si bien es cierto que en esta ocasión Angela Mi Young Hur abraza sin complejos el género fantástico, a la novela le falta algo para convencer completamente.

Puede que sea debido a lo pedantes que son los personajes, pero en ningún momento he llegado a conectar con sus historias. Entiendo que en un entorno de estudios elitista tanto los estudiantes como los profesores sean bastante pijos y fatuos pero es que no se salva ni uno. Partiendo de esta base, es difícil cogerle el ritmo a The Loom Tree y tampoco ayuda al tempo de la obra los interludios de relatos folklóricos, que se sienten más como infodumps extemporáneos que como trasfondo necesario para la comprensión de la novela.

La mezcla de mitos y relatos de la tradición oral de varias culturas aparentemente muy alejadas a priori podría parecer un buen caldo de cultivo para el relato, pero no acaban de cohesionar en la historia que narra la autora. Es un libro que pretende ser una oda a la música como vehículo de unión de culturas pero aunque los acordes sean los correctos la melodía no acaba de funcionar.

El audiolibro está locutado por dos personas, Catherine Ho y Da Eun Yoon, que tienen un tono de voz perfectamente distinguible aunque tengan ciertas semejanzas. No he acabado de entender tampoco la división de capítulos entre ambas, la verdad.

En definitiva, nos encontramos ante un libro de rito de paso a la madurez mezclado con folklore que no me ha acabado de convencer, a pesar de aportar relatos de mitos muy atractivos y apostar por la mezcla de culturas.

Sublimation

En cuanto leí la sinopsis de Sublimation, supe que tenía que leerlo. El concepto de duplicación de las personas cuando emigran ya me fascinó en Letters From An Imaginary Country de Theodora Goss, así que llevarlo a una novela con trasfondo coreano captó inmediatamente mi atención. Y el caso es que la novela está bien, pero no es lo que yo esperaba y me ha dejado un poco en terreno de nadie, aún reconociendo el interés que despierta.

La base sobre la que pivota Sublimation es la instanciación repentina de las personas cuando cruzan una frontera, de forma que queda una en «tierra» y otra continúa el viaje. No es un invento nuevo fruto de la investigación científica, es un hecho que acontece desde los albores de la humanidad, de hecho algunos de los párrafos de la novela presentan versiones de mitos antiguos, desde el jardín del Edén a la Odisea, en los que la instanciación ha ocurrido. Si Kim hubiera seguido este camino de especulación filosófica, sobre lo que puede provocar este hecho, el verdadero deseo de permanencia o el miedo a lo desconocido, creo que la novela me hubiera gustado más. Sin embargo, a mi entender se queda un poco en terreno de nadie.

La historia de la novela es la historia de Soyoung y Rose, dos instancias de la misma persona separadas a temprana edad, una criada en EE.UU. y otra en Corea del Sur. Separadas desde ese instante, cada una ha llevado una vida distinta, pero al morir el abuelo de ambas Rose volverá a Seúl a presentar sus respetos. Desde el principio existe el riesgo de la reunificación forzosa, ya que el contacto entre doppelgangers, por llamarlos de alguna manera, puede llevar a ella. Aunque hay un tecnología llamada Mergebreak que evita esto en la mayoría de los casos, no es 100% segura.

El libro también podría haber seguido ese camino, sobre el riesgo de la reunificación y en cierto modo lo va comentando, pero tampoco carga las tintas en esa amenaza velada y cosntante.

Isabel J. Kim nos habla de una nueva tecnología destinada a cambiar las reglas del juego, ya que permitiría la reunificación de las instancias un poco ad hoc, permitiendo incluso borrar casi al completo a uno de los participantes. Y ahí empieza una mezcla entre thriller de espionaje industrial y conspiración gubernamental que tampoco me acaba de convencer, probablemente por la suspensión de la incredulidad que es necesaria para pensar que una tecnología tan avanzada se pueda manipular con dos botones y tres diales, pero en general por lo fácil que lo tienen los protagonistas para infiltrase en una empresa tecnológicamente puntera.

Sublimation es una novela llamada a ser muy conocida, pero aunque prometía mucho para mí se ha quedado a medio camino de cualquier desenlace concluyente.

Ode to the Half-Broken

No ha llegado a convertirse en una tendencia, pero en los últimos años sí que se han ido publicando en un goteo constante libros sobre futuros postapocalípticos tras rebeliones robóticas, más violentos como Sea of Rust de C. Robert Cargill o más irónicos como Service Model de Adrian Tchaikovsky. A esta corriente se suma Ode to the Half-Broken de Suzanne Palmer, que con un tono más sosegado y conciliador nos relata una historia de familia encontrada en contraposición a la familia «natural», de cómo la soledad buscada puede ser el mayor enemigo para la consecución de nuestros objetivos y cómo nunca hay que perder la esperanza respecto a la posibilidad de cambio para mejorar.

Ya desde la elección del título, esa oda nos advierte de cierto tono lírico en la novela. Y es que todo el libro tiene cierto tono melancólico que no nostálgico, con dos líneas temporales claramente diferenciadas que explican tanto lo que está pasando como lo que lo causó hace 20 años. El equilibrio entre ambas secciones está muy bien conseguido y las transiciones no son para nada abruptas. Se nota que Palmer tenía muy clara la historia que quería contar y también cómo sustentarla.

No es menos cierto que los robots que protagonizan casi en absoluto el libro (hay presencia humana pero su función es testimonial) son muy humanos. Esto es una tendencia natural en las obras de este tipo, ya que los autores vuelcan los sentimientos humanos en estos otros seres. No digo que no sea correcto, solo que me gustaría ver en algún momento ejemplo de robots que no fueran tan asimilables a lo humano. Por supuesto, esta humanidad que caracteriza a los robots es lo que despierta más nuestra empatía y lo que transforma la novela en una ciencia ficción casi cozy, pero no demasiado. Es imposible no emocionarse con la historia de superación del robot protagonista, que sale de su encierro por causas ajenas a su elección y recorre un camino de superación y de autodescubrimiento digno de una epopeya griega.

El elenco de personajes secundarios con los que se va rodeando también es bastante destacable, desde el híbrido entre perro y robot que roba cualquier escena en la que participa con sus reacciones biológicas impagables a otros que dejo que el lector vaya descubriendo, la panoplia de acompañantes que el robot sin nombre (al principio) irá encontrando forman uno de los pilares fundamentales en los que se sustenta la novela.

En definitiva nos encontramos ante una historia de resiliencia y esperanza, que enamorará a cualquier lector con un poco de sensibilidad.

The Disco at the End of the World

Mi amiga Flora aunque es una gran lectora no acostumbra a transitar mis géneros favoritos, aunque no cejo en mi labor de convencerla. Lo cierto es que ella me dice que le fascinan los argumentos que le cuento de las novelas que voy leyendo ya que ni en mil años se le ocurriría que se pueden escribir historias que relacionan la música disco y el movimiento queer de los 70 con una historia de primer contacto, como es el caso de The Disco at the End of the World. Y es que la ciencia ficción y la fantasía parte de todo tipo de premisas, lo importante es que luego la obra sea un todo cohesionado y atractivo.

La obra de Nathan Tavares parece recoger el testigo de Catherine M. Valente y su bilogía Space Opera, pero con más mensaje reivindicativo y me temo también que con menos lógica interna. The Disco at the End of the World es una ucronía en la que hay bases lunares en los 70, pero aún así la política regresiva de Reagan hace estragos entre las personas no heteronormativas, sometidas a una persecución implacable. La historia la relata Mitch Ward, un joven destacado en la base lunar a la que llevó con la ilusión de volver a encontrar al amor de su vida. Su carrera militar se ve truncada en un extraño incidente y volverá a la Tierra a proseguir con su vida, sin esperar la llegada de un enviado utópico de una civilización extraterrestre que se dirige a nuestro planeta.

Tengo sentimientos muy encontrado respecto a la novela. Aunque sentimentalmente entiendo, comprendo y apoyo las reivindicaciones que Tavares lleva a cabo, el contenido de ciencia ficción exige una suspensión de la incredulidad que no estoy dispuesta a llevar a cabo en una novela de ciencia ficción. Para mí la parte de ciencia es importante, y lo que puedo pasar por alto en una novela fantástica no cuela en una novela de ciencia ficción. Esta ucronía sin punto Jonbar claro, sin embargo, navega entre dos aguas sin decidirse a zambullirse definitivamente en ninguna de las corrientes y creo que se ver perjudicada por ello.

La versión en audiolibro que he recibido tiene altos niveles de producción y la locución de  Ruffin Prentiss me parece más que ajustada al texto. Lo único que quizá en una novela en la que la música tiene tanta importancia, me sorprende que no haya ningún añadido con una lista de las canciones mencionadas, por ejemplo. Sería un buen extra.

Creo que estamos ante un libro ambicioso, pero fallido. Cuando el autor comienza a explicar la misión de los extraterrestres y sus fundamentos, acaba de perderme definitivamente. Son elementos que no acaban de encajar, como si intentáramos resolver un puzle que tiene piezas de distintos orígenes y troquelados. Entiendo que para un lector más avezado en la ciencia ficción especulativa queer quizá sea una obra más atractiva que lo que ha resultado siendo para mí.