Yo ya sabía cuando comencé a leer Exodus: The Helium Sea que iba a tener tarea para rato, porque Hamilton cuando se pone se pone y las 752 páginas del libro no iban a ser una lectura liviana. Aún a sabiendas de esto, lo cierto es que he tardado bastante en leer el libro, quizá porque ya no tengo la capacidad de concentración de antaño o porque la vida me atropella, pero si os puedo decir que me lo ha pasado pipa.
Hamilton continúa lanzando más ideas por segundo que spin le metía Rafa Nadal a la bola, deleitando a los amantes de la ciencia ficción con esferas de Dyson, pistolas que aceleran la entropía o puertas celestiales construidas por una raza superior que son simple aderezo para las intrigas políticas de miles de años de duración.
No es menos cierto que algunos de los pasajes me han parecido apresurados en su resolución, si me permitís la pulla, porque por ejemplo algunos de los antagonistas más mortales los despachan en pocas páginas con trampas muy pero que muy obvias. No sé si es que al autor le urgía terminar con la novela o es que ya se había cansado de ese juguete en particular.
Exodus: The Helium Sea tiene muchos niveles de lectura. Se puede entender como una novela de especulación sobre el futuro de la humanidad, que tarde o temprano habrá de abandonar su planeta de origen si quiere seguir existiendo y habrá de tomar decisiones sobre cómo evolucionar para conseguir este objetivo. Se puede entender también como una novela de espías al más puro estilo Lecarré, aunque aderezada con tecnologías que dejan en agua de borrajas el invento más disparatado de Q. Quizá prefiráis verla como una historia de relaciones entre personajes, de los que hay tantos y tan variados que la dramatis personae adjuntada al principio de la novela se queda sorprendentemente corta. Y no negaré que también atesora un canto al individualismo por encima del conjunto, como ya hemos visto en otras novelas del autor. Todo esto y mucho más nos ofrece está segunda entrega de la serie Exodus.
Si el objetivo de este libro era que quisiera jugar al juego Exodus, desde luego que está más que conseguido. Pero es que además creo que ambas novelas son una serie más que redonda que se sostiene por sí misma sin necesidad de la existencia del esperadísimo videojuego. Así que, si tienes ganas de space opera, te recomiendo Exodus en vena. No te arrepentirás.

