Tengo una amiga que aunque es una gran lectora no acostumbra a transitar mis géneros favoritos, aunque no cejo en mi labor de convencerla. Lo cierto es que ella me dice que le fascinan los argumentos que le cuento de las novelas que voy leyendo ya que ni en mil años se le ocurriría que se pueden escribir historias que relacionan la música disco y el movimiento queer de los 70 con una historia de primer contacto, como es el caso de The Disco at the End of the World. Y es que la ciencia ficción y la fantasía parte de todo tipo de premisas, lo importante es que luego la obra sea un todo cohesionado y atractivo.
La obra de Nathan Tavares parece recoger el testigo de Catherine M. Valente y su bilogía Space Opera, pero con más mensaje reivindicativo y me temo también que con menos lógica interna. The Disco at the End of the World es una ucronía en la que hay bases lunares en los 70, pero aún así la política regresiva de Reagan hace estragos entre las personas no heteronormativas, sometidas a una persecución implacable. La historia la relata Mitch Ward, un joven destacado en la base lunar a la que llevó con la ilusión de volver a encontrar al amor de su vida. Su carrera militar se ve truncada en un extraño incidente y volverá a la Tierra a proseguir con su vida, sin esperar la llegada de un enviado utópico de una civilización extraterrestre que se dirige a nuestro planeta.
Tengo sentimientos muy encontrado respecto a la novela. Aunque sentimentalmente entiendo, comprendo y apoyo las reivindicaciones que Tavares lleva a cabo, el contenido de ciencia ficción exige una suspensión de la incredulidad que no estoy dispuesta a llevar a cabo en una novela de ciencia ficción. Para mí la parte de ciencia es importante, y lo que puedo pasar por alto en una novela fantástica no cuela en una novela de ciencia ficción. Esta ucronía sin punto Jonbar claro, sin embargo, navega entre dos aguas sin decidirse a zambullirse definitivamente en ninguna de las corrientes y creo que se ver perjudicada por ello.
La versión en audiolibro que he recibido tiene altos niveles de producción y la locución de Ruffin Prentiss me parece más que ajustada al texto. Lo único que quizá en una novela en la que la música tiene tanta importancia, me sorprende que no haya ningún añadido con una lista de las canciones mencionadas, por ejemplo. Sería un buen extra.
Creo que estamos ante un libro ambicioso, pero fallido. Cuando el autor comienza a explicar la misión de los extraterrestres y sus fundamentos, acaba de perderme definitivamente. Son elementos que no acaban de encajar, como si intentáramos resolver un puzle que tiene piezas de distintos orígenes y troquelados. Entiendo que para un lector más avezado en la ciencia ficción especulativa queer quizá sea una obra más atractiva que lo que ha resultado siendo para mí.

