Para una vez que una sinopsis no engaña sobre el contenido de un libro, voy yo y la interpreto como quiero. Mira que pone bien clarito demonios y exorcistas, pues allá que fui yo esperando encontrarme algo parecido a una space opera, no hija no.
Jesse Aragon nos ofrece una novela de fantaciencia, basada en la telepatía y la posesión de cuerpos con un ligero barniz de ciencia ficción que no resiste un escrutinio un poquito más a fondo. Usando diferentes puntos de vista, la autora nos cuenta la historia de un planeta gobernado por crueles y longevos dioses que ejercen su poder a través de una retorcida Iglesia. Cada cierto tiempo algunos de los habitantes del planeta son «recolectados» para un fin poco claro. Una de los principales puntos de vista es el de una de estas recolectadas que vuelve al mundo totalmente cambiada. También se une al elenco de protagonistas un clérigo alcohólico y el bastardo del heredero al trono.
El ritmo es frenético, pero también lo es la violencia desatada a lo largo de las páginas, llegando a rozar el body horror. A Aragon no le duelen prendas en mostrarnos desmembramientos y entrañas por doquier, con descripciones bastante vívidas. Pero es casi más duro el terror psicológico de poder caer víctima en cualquier momento de la posesión de algunos de los demonios que se mencionan incluso en el título, sometiendo tu voluntad a sus veleidosos designios. Desde luego no es un libro para estómagos delicados.
No es que los personajes sean moralmente grises, es que todos tienen zonas más oscuras que un nido de grillos. La autora sabe jugar con las decisiones que sin duda provocarán muertes, alegando que sirven para evitar un mal mayor. Creo que la construcción de mundo también es interesante, aunque me parece algo fallida si no damos por supuesta la teoría de la panspermia, por ejemplo. Deja el camino expedito para continuaciones, con una ominosa amenaza en el futuro y con un cambio de regimen político que al final parece mantener las viejas costumbres.
En resumen, The Demon Star es una primera novela muy ambiciosa, que tiene claro su público objetivo, entre los que por desgracia no me encuentro.

