No es que yo esté todo el día pensando en el Imperio Romano como cualquier hombre medio que se precie, pero sí que es una etapa histórica de la que he leído algo y que me interesa. Así que una ucronía situada en ese momento temporal por fuerza tenía que atraerme, aunque la autora Sophie Burnham fuera una desconocida para mí.
Cuando empecé a leer Sargassa, sin embargo, tenía una inquietante sensación de que algo no me cuadraba en el relato. Me valía que fuera con diferentes puntos de vista, nada más y nada menos que cinco distintos, que se hiciera mucho hincapié en los rígidos estamentos sociales que regían la vida, pero la tecnología de la que hablaban como antigua no era consecuente con el desarrollo del imperio y el punto Jonbar no estaba claro. Seguí leyendo, intrigada a la que vez que algo molesta por lo que a mí me parecían incongruencias. El libro gira en torno a la familia del Historiador del Imperio que muere asesinado en extrañas circunstancias en el primer capítulo de la novela, no sin antes dejarle un mensaje a su hija, heredera y siguiente Historiadora del Imperio, para explicarle la realidad del mundo. Es un alegato antifascista y antiimperialista, pero me parece que le falta algo de cohesión.
Creo que Sargassa confía mucho en que el lector no se ponga a juzgar críticamente lo que se expone en la primera parte de la novela o que se deje llevar por la interacción entre los personajes y la resolución del misterio, además de tratar temas como la identidad de género. Pero creo que la verdadera «aventura» empezará en la segunda entrega, cuando ya se ha descubierto el pastel. Es por esto que sigo teniendo interés en la saga, que espero que se adentre de manera más decidida en el camino de la ciencia ficción.

