Death on the Caldera

Aunque hacía ya tiempo que tenía Death on the Caldera en mi lector de libros electrónicos, durmiendo el sueño de los justos, pero no le di un tiento hasta que salió la versión en audiolibro, con la locución de Emily Shaver (entre Emilys anda el juego) que realiza una labor muy destacada en esta novela de misterio y fantasía. Y es que es fascinante ver cómo cualquier historia de investigación de un asesinato o alguna otra fechoría cobra una nueva dimensión cuando tenemos en cuenta un sistema mágico que viene a cambiar las reglas del juego, pero no a destruirlas si el autor aplica la lógica subyacente al propio sistema que ha ideado.

Emily Paxman nos presenta un mundo secundario en el que los hermanos Linde (Kellen, Davina y Morel) deberán volver a toda prisa a su país por la noticia de la agonía de su padre, rey de Halgyr. Kellen, heredero al trono, estaba destinado como diplomático en el Imperio que ha colonizado casi todo el continente. Con la necesidad acuciante de volver cuanto antes, comprarán billetes en el tren expreso de vuelta a su hogar, solo para verse involucrados en un tremendo accidente y en la investigación de las causa y de otros sucesos luctuosos que tendrán lugar en el tren.

En principio podría parecer un Orient Express pasado por un tamiz mágico y así es como lo vendió el equipo de marketing, pero Death on the Caldera es algo más que una copia de la novela más famosa de Agathe Christie (o al menos de las más famosas). Principalmente por la plétora de personajes que despliega Paxman, pero también por los curiosos sistemas mágicos que presenta. Aunque creo que la palma se la lleva la dualidad de las brujas, que viven una doble vida como bruja y como humana sin poder comunicarse con la otra parte de su ser. Esto da lugar a situaciones muy atractivas en el desarrollo de la novela.

La relación entre los hermanos también está bastante bien definida, aunque en principio pueda parecer que no están muy apegados los unos a los otros. La necesidad de ocultación de su propio sistema monárquico, en el que casi no se conocen los miembros de la familia real, incide en sus propias relaciones. Este secretismo requiere de un poco de complicidad por parte del lector, ya que una familia real “secreta” que ejerce el poder en la sombra suena un poco contradictorio en sí mismo.

Death on the Caldera es un libro inteligente pero también cae en algunos errores de manual como el discurso del villano explicándolo todo. Este es un tropo que acaba cansando, la verdad. Con tantos personajes podría ser fácil caer en la confusión, pero la autora los maneja con soltura, poniendo cada vez a uno en el foco de la atención de la investigación como posible sospecho para luego ir descartándolo (o no) en el siguiente capítulo.

Estamos ante un libro muy entretenido que deja abierta la puerta a una secuela que realmente no me parece necesaria, pero que habrá que ver si acaba viendo la luz.

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