A Wall is Also a Road

Annalee Newitz es el Curro Romero del fantástico, lo mismo te hace una faena que sale por la puerta grande que acaba como Cagancho en Almagro. Así que aunque tenía curiosidad por A Wall is Also a Road, también tenía cierta cautela sobre lo que me encontraría.

Esta novela se podría definir como un dark academy de ciencia ficción, siendo esta mezcla bastante curiosa e imaginativa. La historia gira en torno a Gardenpath, une alienígene que se prepara para sus exámenes con el objetivo de convertirse en une estudiose del universo. Sus investigaciones le llevarán a la Tierra, concretamente a Pompeya algo antes de la erupción que la arrasaría y la preservaría en el tiempo.

La verdad es que Newitz ambienta de una manera muy pero que muy documentada la parte de Pompeya, sin duda, utilizando lo que estudió para Four Lost Cities. De hecho, en las notas del final comenta sus decisiones sobre mantener algunas palabras del latín en su texto, que quizá resulten más chocantes para un lector anglosajón, pero para un lector cuya lengua materna sea un lenguaje romance, esto no supone ningún obstáculo.

Newitz aprovecha muy bien la extrañeza de un observador externo para describir la cultura humana, pero simplifica en exceso lo que sería un primer contacto. Lo simplifica tanto tanto que acaba resultando paródico, ya que en el primer día de contacto con los humanos, Gardenpath ya es capaz de ir acumulando vocabulario básico para la comunicación. Es obvio que para el autore era mucho más importante el tema académico y la investigación que la representación del primer contacto, pero me parece un sistema muy burdo.

La cultura académica del mundo de origen de Gardenpath estará situada a toda la distancia que quieras, pero recuerda poderosamente a la de la Tierra. Estudios encorsetados, problemas para salirse del camino trazado, robo de investigaciones para engordar el currículum del jefe del departamento… nada nuevo bajo la estrella que ilumina el mundo sea el Sol o sea un enana marrón. La fisiología y la cultura de los aliens, está también bastante simplificada, pero al menos es llamativa, una novela protagonizada por esferas gelatinosas no te la encuentras todos los días.

La verdad es que mi principal problema con esta novela, aparte de la sobresimplificación, es el tratamiento del sexo y las relaciones. Y es que aquí hay encuentros para todos los colores y gustos, pero acaban resultando un tanto cansinos, no sé si obsesivos, pero sí que repetitivos. Y os puedo asegurar que abarcan muchas de las páginas de la obra.

Seguiré con curiosidad la trayectoria de Newitz, pero quizá espere a otras reseñas antes de lanzarme a por su siguiente publicación.

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