A stranger in Olondria

olondriaSofia Samatar se ha postulado como una firme candidata a ganar el premio Campbell al mejor escritor novel este año gracias a su A stranger in Olondria. Se han oído muchas alabanzas a esta obra, que como formaba parte del Hugo Voter Packet no tardó en caer en mi libro electrónico.

Si hay algo por lo que destaca esta novela es por su prosa. Es de un lirismo que desborda los sentidos. Que la autora es poeta queda claro en cada frase, escogida con mimo y forjada a base de talento. Los paisajes que se recrean en este viaje de ida y vuelta del protagonista son descritos utilizando todos los sentidos, de forma que la atmósfera de la historia nos envuelve y casi somos capaces de oler la plantación de especias en la que comienza.

Cuando comenzamos la lectura es difícil no sentirse identificado con Jevick, que nos relata cómo conoce la existencia de los libros gracias a su tutor extranjero, un nativo de la desconocida Olondria. Los primeros capítulos del libro son un canto de amor a estos, a las sensaciones extraordinarias que provocan sus lecturas. ¿Cómo describir el descubrimiento de la lectura cuando antes no se conocía? Samatar lo consigue evocando recuerdos y sensaciones muy presentes a lo largo de toda la obra.

A pesar de todo esto, la novela no ha funcionado para mí. Me gusta disfrutar de la prosa, y no se me suele hacer larga aunque sea alambicada, pero en A stranger in Olondria me he encontrado con una casi impenetrable jungla de palabras. Se puede leer como un viaje iniciático, como un rito de madurez o incluso como una historia de fantasmas, pero en todos los casos resulta difícil avanzar y la cadencia de la historia, tan pausada que a veces parece inmóvil, lastra el disfrute de la novela.

Un problema estructural menor, pero que da una pista sobre lo que estoy contando, es la forma de introducir la historia del “ángel” del libro. Después de capítulos y capítulos conviviendo con ella, de repente descubrimos toda su historia, que se inserta sin pausa alguna en el libro, dejando colgada la trama principal durante un tiempo que me parece demasiado largo.

Si sois capaces de afrontar el ritmo demasiado lento de la historia y sumergiros en la prosa de Sofía Samatar, no me cabe duda de que disfrutaréis de A stranger in Olondria. Es una pena que yo no lo haya conseguido.

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