Lo primero que me llamó la atención de The Door on the Sea, de Caskey Russell, fue esa cubierta tribal que te atrapa o te repele, no hay término medio. Tras leer la sinopsis y sin conocer ni tan solo de nombre a los indígenas Tlingit decidí darle una oportunidad.
Nos encontramos con una novela de rito de paso a la madurez, aderezada con folklore de los nativos americanos del noroeste de América, de marcado tinte juvenil. Aunque se puede disfrutar con la historia que te cuenta, lo cierto es que lo más destacable de este libro son dos cosas que a mí me han resultado irritantes.
Por una parte, el autor ha decidido romper la cuarta pared de una manera continua y premeditada. No sé si buscaba la complicidad del lector o hacer que las explicaciones culturales fueran más llevaderas, pero me temo que entra en una espiral descendente sin fondo con este recurso.
Por otra parte, el personaje del cuervo es sencillamente odioso. Todas sus intervenciones son hirientes, solo busca su propio beneficio y salta ante cualquier oportunidad de hacer daño a los humanos. Sé que el conflicto entre personajes es el principal motor de casi cualquier novela, pero en este caso un personaje tan vil y cobarde te saca del resto de la historia, que quizá ya de por sí flojeaba.
No es menos cierto que la elección del protagonista, Elān, un muchacho destinado a ser maestro en vez de un poderoso guerrero se sale de los cauces habituales de la fantasía más juvenil y más tradicional. Su formación como narrador de historias es quizá lo más atractivo del libro, pero ni siquiera la variopinta tripulación con la que cuenta para su aventura “autoimpuesta” en búsqueda del arma definitiva contra la invasión de su pueblo nos llama demasiado la atención.
The Door on the Sea es un viaje de ida y vuelta que deja abiertas tramas para la continuación que se publicará en septiembre, The Eagle in the Mountain, aunque no os puedo asegurar que lo vaya a leer pronto, porque esta primera entrega se ha quedado en terreno de nadie.


