Seven Deaths of an Empire

De nuevo contamos con la ayuda de Antonio Díaz en esta reseña conjunta. Desde aquí, agradecerle una vez más su colaboración.

Lo primero que me llamó la atención de Seven Deaths of an Empire fue su portada, que es bastante impactante, ya que el nombre del autor era totalmente desconocido para mí. Pero todo el mundo tiene que empezar por algún sitio así que una sinopsis interesante y una portada tan espectacular son un buen motivo para darle una oportunidad.

Nos encontramos ante una fantasía correcta pero previsible que se inspira en el Imperio Romano, aderezándolo con algo de magia. Donde digo toma como base, se puede decir perfectamente que copia descaradamente la ambientación.

Parece una salida facilona para un panorama literario donde pueden verse todo tipo de escenarios mucho más logradas. No sólo puramente fantásticas si no también basadas en otras culturas con menos visibilidad y que resultan más interesantes y exóticas para el lector occidental.

Si ya hemos establecido que el escenario no es precisamente el punto fuerte de la novela, ¿qué podemos destacar? ¿Los personajes? ¿La trama? Desgraciadamente, ninguno de estos aspectos es especialmente novedoso tampoco.

La novela está estructurada en dos hilos convergentes. Uno está protagonizado por un viejo general llamado Bordan al mando del ejército de este Imperio pseudorromano que se queda en la capital a pesar de la campaña que está en pleno curso en el norte (contra los bárbaros ni más ni menos). El otro hilo presenta a Kyron, un aprendiz de mago que sale de la capital por primera vez como parte de la campaña militar. Es joven, inexperto y viene con muchas ideas preconcebidas sobre los «bárbaros» que vienen a «civilizar».

Las dos tramas tienen un interés parecido, y se ve durante la narración que están condenadas a encontrarse. No obstante, el ritmo es bastante parsimonioso, y aunque supuestamente se dosifique la información para saber cuál es la relación entre ambas, desde muy al principio de la novela se ve venir la conexión.

Ése es, posiblemente, el principal problema de la novela: la previsibilidad. Al principio el libro comienza con la muerte del emperador en el frente. Como consecuencia se desata una serie de intrigas para asegurar la sucesión al trono. Sin embargo desde el principio se ve venir lo que va a pasar y el lector moderadamente avezado podrá descubrir al verdadero culpable antes de llegar a la mitad del texto. Aunque el final en sí mismo no sea tan fácil de adivinar, saber estos detalles de la conspiración arruina bastante el disfrute de la novela.

Un punto a favor de la novela es la presentación de las culturas «bárbaras» como algo diferente, pero no peor. Kyron tiene un interesante arco de paso de madurez sobre todo por las conversaciones sobre esta otra cultura.

El otro hilo, protagonizado por Bordan, no tiene un arco de ese tipo pero resulta entretenido ver los tejemanejes que los diferentes miembros del consejo de llevan entre manos y los esfuerzos que lleva a cabo por mantener en vereda a los miembros de la familia real.

Cuando al fin ambas tramas se encuentran, la historia gana algo de ritmo, pero es muy tarde en el desarrollo del libro como para compensar la lentitud anterior. Y no es que sea un libro corto pero puede dar la impresión de que el autor se ha quedado con alguna cosa en el tintero y quizá le habrían venido bien algunas páginas más para para rematar la faena. O puede que simplemente se esté guardando material para la siguiente entrega, ya confirmada.

Un aspecto interesante aunque poco desarrollado en la novela es el sistema de la magia. No es el colmo de la originalidad pero los magos utilizan un sistema de ‘bordado’ con el que crean constructos o ‘tejidos’ uniendo con la mente los diferentes puntos mágicos que hay flotando invisibles por el mundo. Este sistema permite crear hechizos al vuelo pero también imbuir objetos con efectos mágicos que, generalmente, se agotan pronto. Hacia al final de la novela se presenta una aplicación de la magia distinta que permite almacenar poder en objetos para liberarlo posteriormente con sorprendentes efectos.

Ojalá se hubiese utilizado más este recurso, porque al final la novela queda un poco en terreno de nadie, algo de fantasía algo de retelling de historia pero nada definido. Y con ese sistema de magia quizá se podría haber dado algo más de originalidad a la novela, don del que anda escasa.

En la continuación, en la que esperemos el desarrollo de los personajes protagonistas continúe a un ritmo más dinámico, posiblemente se exploren otras áreas del Imperio y otras formas de utilizar la magia. Los que queden vivos, porque el título ciertamente está bien puesto.

Es difícil recomendar un libro que no termina de cuajar en muchos aspectos, así que creo que habrá que esperar para ver si la segunda entrega complementa la historia mejor que esta primera entrega.

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