Revenant Gun

Revenant Gun es la última entrega de la aclamada trilogía Machineries Of Empire, cuya primera entrega me fascinó continuada por la acertada pero de menor valía Raven Stratagem. Sentía curiosidad por saber cómo iba a finalizar el autor la historia, porque tenía los mimbres para una gran space opera.

Me costó entrar en el libro. La acción se sitúa 10 años después de Raven Stratagem.   aunque tiene algunos episodios de flashbacks dedicados a rellenar los huecos de la narración. Como una novela con varios puntos de vista, el tono de cada personaje está muy bien definido, pero me parece que falla en otro aspecto también crucial, la importancia de cada uno de ellos. El peso de la novela lo tiene Jedao, en sus varias encarnaciones (no voy a incidir más en este punto para evitar caer en el spoiler), pero me temo que Kujen se come cada una de las escenas en las que aparece. Volvemos a encontrarnos con Cheris, Brezan y otros miembros del elenco de la trilogía pero sus interacciones son un tanto torpes o tal vez excesivamente coregrafíadas. No se nota que la narración fluya, avanza a trompicones.

El humor que ya vimos en Extracurricular Activities también está presente y es algo que se agradece, ya que alivia algunos de los pasajes de espera entre escenas. Pero no compensan algunas escenas de dominación y de pura subyugación que resultan bastante duras.

Vuelve a hacerse especial hincapié en las matemáticas que se usan para la guerra, en esos calendarios que funcionan como magia y que según el número de “creyentes” influyen en la realidad cuántica de los alrededores. Me gusta también la aparición de un nuevo personaje, bastante inesperado, que entabla conversaciones importantes con Jedao. Sin embargo, se desaprovecha su potencial.

El autor se guarda en la manga algunas bazas para sorprendernos y las juega en el momento adecuado. El final parece bastante equilibrado y respetuoso con el resto de la trilogía, pero aún así Revenant Gun me parece algo floja en comparación con las anteriores entregas, sobre todo con la brillante Ninefox Gambit.

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