Traitor of Redwinter

Había dejado colgada la trilogía de Ed McDonald, aunque Daughter of Redwinter tenía un marcado carácter juvenil en esta segunda entrega se nota más madurez y también por qué no decirlo, tristeza en los protagonistas. El ambiente es desolador, con Raine en perpetuo estado de vigilancia para mantener sus secretos ocultos y preservar con ello su vida.

El autor juega con el título para que nunca sepamos exactamente quién es el traidor de la novela, ofreciéndonos poco a poco sospechosos que parecen encajar en las conspiraciones de las que somos testigos, aunque la resolución final tampoco será excesivamente sorprendente.

El tono de la novela sigue siendo marcadamente oscuro y deprimente, ya que seremos testigos de unas vidas que parecen no poseer ninguna chispa de alegría. Aunque me parece mejor libro que la primera entrega, también os digo que no os esperéis la alegría de la huerta en la lectura.

El sistema mágico cada vez se perfila más y se torna más interesante. Sobre todo las puertas quinta y sexta que se equilibran entre ellas, pero en general todo resulta más atractivo y deja abierta la puerta a la última entrega, donde imagino que se explotarán todas las posibilidades que aquí atisbamos. Por ejemplo, aquí se utilizan las almas de los muertos como combustible para los hechizos, pues pienso que en Witch Queen of Redwinter no quedará títere sin cabeza.

Si bien es cierto que en esta entrega se completa el rito de paso de Raine para dejar atrás su etapa como aprendiz, todavía le quedan muchas cosas que aprender, sobre sí misma y sobre sus relaciones con los demás, bien sean sus adláteres o sus superiores. Las revelaciones del pasado del mundo no dejan de sucederse y compondrán los elementos de su futuro.

Una novela que no sufre para nada del síndrome del segundo libro y que deja con ganas de continuar con la saga, mejorando a su antecesor.

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