The Red Winter

Si me hubieran dicho hace unos años que iba a leer de manera voluntaria y sin coacciones previas un libro de posesiones demoníacas con ingentes cantidades de sangre y desmembramientos, hubiera pensado que quien me lo decía no estaba bien de la cabeza. Si encima me hubieran dicho que lo iba a disfrutar, habría llevado a este mensajero del futuro directamente al manicomio. Así que esto debe ser la madurez o algo, que ha tardado un ratillo en llegarme, porque me lo he pasado pipa con esta primera novela de Cameron Sullivan.

The Red Winter es un retelling de la caza de la bestia de Gévaudan, que quizá os sonará por la película francesa El Pacto de los Lobos. No tengo conocimiento para juzgar si se ajusta o no a la leyenda, así que en la reseña no puedo comentar este extremo. Lo que sí os puedo decir es que la novela tiene varias hilos temporales, cada cuál más atractivo que el anterior. El comienzo se sitúa en la actualidad, cuando el protagonista,  Sebastian Graves, busca entre sus posesiones y encuentra unos recuerdos que le retrotraen a los albores de la Revolución Francesa, cuando participó en la caza de la bestia. Sebastian no es una persona normal, como podemos sospechar por su extrema longevidad, pero es parte del juego del libro ir descubriendo su pasada, ya que sus orígenes permanecerán ocultos tras un tupido velo. Sebastian decido contarnos esa parte de su historia y os aseguro que el viaje merece la pena.

Sebastian está poseído de manera voluntaria por una poderosa criatura llamada Sarmodel. Es una relación de amor y sus diálogos interiores son simplemente maravillosos. Tenemos dos protagonistas por el precio de uno, a lo que Sullivan añade a Livia una súcubo que trabaja como ama de llaves (por decirlo de alguna manera) para ambos, que añade un contrapunto cómico divertidísimo con sus necesidades carnales de alimentación y en general con su actitud ante la vida, longeva como la de todos los miembros de esta atípico hogar.

Las líneas temporales que ocupan la mayoría de la novela transcurren en 1785 y 20 años antes. En el primer caso Sebastian tendrá que lidiar con las consecuencias de su presencia en el lugar 20 años antes. Sin querer entrar mucho en materia, estamos hablando de enfrentamientos con seres milenarios de inenarrable poder y también de juergas desenfrenadas con uno de los amores de su vida. El equilibrio entre estas historias podría ser difícil de conseguir, pero el autor lo consigue sin despeinarse, combinando una escapada al campo para refocilarse como conejos con un ataque a cualquier aldea en la que no quedan supervivientes y todo acaba remojado en la sangre de las víctimas. Esta forma de jugar con tus emociones hace que tenga en alta estima la labor que ha desarrollado Cameron Sullivan. Además, añade a la mezcla crítica social, algo casi inevitable dado el momento temporal en que sitúa su novela y no deja títere con cabeza entre el clero tampoco. La representación del Todopoderoso y del arcángel San Miguel no tiene desperdicio.

No negaré que algunos de los giros y los misterios son bastante previsibles, pero es que no importa, estás disfrutando tanto con la lectura que lo único que quieres es tener algo más de tiempo para seguir leyendo. Y es una novela autoconclusiva, pero el personaje de Sebastian es tan pero tan completo, que puede contar muchas más historias sin agotar la fórmula. Estoy deseando volver a encontrarme con él, a una distancia prudencial, eso sí.

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