Manifiesto Fantascópico o cómo acabar de una vez por todas con la arquitectura vertical

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Las ciudades se derrumban a nuestro alrededor.

Los lofts y los dúplex de la alta cultura se desploman a ras de suelo, donde sus habitantes tendrán que vérselas con la turba de la literatura de kiosko. Las torres más altas de la edición tradicional caen asediadas por la piratería, la autoedición y la edición digital. Las rutas seguras que antes conducían a la respetabilidad académica y a la autoridad intelectual encuentran su pavimento agrietado y nos desvían por carreteras secundarias que no se sabe muy bien a dónde conducen. Incluso en las pocas habitaciones que ocupábamos en las casas de nuestros padres, hemos podido ver un tejido de grietas avanzando por los tabiques, de modo que ahora ya no somos capaces de distinguir el terror de la fantasía, ni ésta de la ciencia ficción; no podemos distinguir lo que es género de lo que no lo es; no sabemos donde acaba la novela negra y comienza el cyberpunk, ni podemos distinguir las fronteras entre el romance sobrenatural, el costumbrismo y la distopía. Los diques del realismo están cediendo, y lo que corre por las calles es el agua turbia que vemos en nuestros sueños y pesadillas.

Hay quien dice que toda época se define por sus conflictos y contradicciones, y que, en realidad, nunca hemos vivido en ciudades que no estuvieran cayéndose a pedazos.

Seguramente habrá víctimas. Algunos productos de la alta cultura no saben correr, y, una vez en el suelo, serán presa fácil para los memes de internet y las series de televisión. Sus cadáveres servirán de alimento a los depredadores culturales y de abono para la flora mutante. La ciudad horizontal será un Edén darwinista en el que las ideas más rápidas y mejor adaptadas darán caza sin piedad a las especies menos favorecidas. ¿Quién puede saber cuál será el producto final de tan sangrienta explosión evolutiva?

En El Fantascopio no tenemos una opinión unánime sobre estos fenómenos. Creemos que dentro de dos o tres décadas, siempre y cuando sobrevivan a la caída, los académicos podrán contar la historia de nuestro tiempo y ofrecer valoraciones cabales sobre lo sucedido. Estamos convencidos de que, cuando esto ocurra, encontrarán la existencia de blogs personales extremadamente conveniente, pese a las voces que en la actualidad hablan de ellos como productos de un estado inmaduro de Internet felizmente superado por la pujanza de las webs corporativas y la buena labor de sus community managers.

Nosotros pensamos que, si hay algo que haga de la nuestra una época fascinante, es que Internet nos proporciona la imagen ideal de esa ciudad horizontal en la que cada argumento vive o muere por sus propios méritos, una democracia a lo bestia en la que cada opinión tiene que luchar para hacerse escuchar entre el barullo generalizado. Nada nos entristecería más que ver este paraíso salvaje urbanizado por las mismas marcas comerciales que ya plagan el mundo tridimensional, y, por eso, reivindicamos el papel de los blogs y la crítica amateur en el presente proceso cultural.

Sabemos que el riesgo de nuestra apuesta es la irrelevancia, que nuestras voces queden acalladas por otras, algunas de ellas respaldadas por grandes grupos mediáticos, y por eso nació hace casi un año El Fantascopio, una concentración de capital estrictamente simbólico, que pretende aunar los esfuerzos y dar visibilidad a la labor de un conjunto de blogs personales dedicados a lo que en tiempos más ordenados habríamos llamado literatura fantástica y de ciencia ficción. Para dejar las cosas claras desde el principio, diremos que ninguno de los administradores de El Fantascopio contamos con licencia académica para sentar cátedra como lo hacemos; tampoco representamos los intereses de ninguna editorial, ni siquiera de nuestras favoritas, así que nuestra función no es salvar  puestos de trabajo. Hablamos desde una pasión compartida por la literatura, lo que no excluye la objetividad en la medida en que ésta sea posible y/o deseable.

Tras un año de andadura en Facebook, El Fantascopio ha decidido empezar una nueva etapa en una conocida plataforma de blogs. Esto no significa que vaya a terminar nuestra actividad en Facebook, aunque esperamos que el formato blog, menos efímero que el de las redes sociales, facilite las investigaciones de los historiadores culturales del futuro y, en general, haga más accesibles las consultas a nuestros crecientes archivos.

4 respuesta a “Manifiesto Fantascópico o cómo acabar de una vez por todas con la arquitectura vertical”

  1. ¡enhorabuena amigos de El Fantascopio!
    …eso de diferenciar géneros, es verdad. Me preguntaron ¿qué escribe NN? respondí:¡ficción!
    Me alegra mucho que aterricen en un blog, ya que es más fácil: leer, releer, y encontrar -hoy o en el futuro- lo que publiquen.
    Conozco los blogs de Odo, de Miquel (¡así que embajador plenipotenciario!, aunque ya podía uno sospecharlo) y recientemente el de Leticia, y son lugares de grata lectura y retorno obligado, como sospecho lo será esta iniciativa. Ya tengo deseos de conocer al resto de la tropa. Saludos.

  2. Como dice @cruciforme, sí, mejor en el blog que en la red social del Maligno. Eso sí, me queda la duda de quién es el tal “administrador” o “El Fantascopio” que firma las entradas…

    Por cierto, el Calculate Me! ese que tenéis como capcha es humillante ¿7×1? ¡que yo tengo unos estudios, hombre!

  3. El Calculate Me nos humilla a todos. Como pille al responsable…
    Y, en cuanto a la autoría de los textos, la intención es que vaya apareciendo debajo amedida que vayamos teniendo listos los usuarios individuales. Éste lo escribí yo, creo que ya aparece.

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