Artificial Wisdom

Artificial Wisdom es uno de esos libros que ha tenido un renacimiento cuando una editorial puso sus ojos sobre un autor autopublicado, como sucedió con Becky Chambers o Josiah Bancroft. En este caso, la obra de Thomas R. Weaver vivió una segunda juventud de la mano de Del Rey y Random House. Esto normalmente quiere decir que el libro es bastante adictivo ya que ha conseguido sobresalir entre las muchas obras autopublicadas que inundan el mercado.

Artificial Wisdom es una obra de ciencia ficción que mezcla especulación, thriller político y cambio climático para dar lugar a un cóctel tremendamente apetecible. El protagonista de la novela es Marcus Tully, un periodista de investigación obsesionado por la muerte hace 10 años de su mujer y de su hija nonata durante una ola de calor con extrema humedad en los Emiratos Árabes. Si bien todas sus publicaciones no van en ese sentido, no es menos cierto que muchas de sus investigaciones versan sobre el cambio climático y su relación con la política. El momento temporal en el que se sitúa la obra no podría ser más relevante, ya que se está llevando a cabo la elección de la figura del Protector, un cargo supranacional que deberá guiar los pasos de la humanidad de manera férrea para encauzar la supervivencia de la especie frente a los desastres ecológicos que asolan el mundo. Y uno de los candidatos es una inteligencia artificial. El debate está servido y la obra no puede ser de más relevancia en el momento actual.

En ocasiones sucede que la parte de thriller de las novelas se come a la ciencia ficción, que acaba sirviendo como decorado para dar un poco de pátina metálica a un mundo perfectamente extrapolable de nuestra actualidad. Sin embargo, Weaver no opta por el camino fácil y decide dotar de la misma importancia a la acción y a la especulación, y no puedo más que aplaudirle por su decisión, que nos brinda una lectura apasionante a la vez que nos ofrece material para la reflexión. Además, la labor periodística del protagonista deviene en una investigación de asesinato que tiene por escenario una isla flotante de multimillonarios que se conforman con beber champán mientras el mundo arde, con lo que se añade un importante componente de crítica social que es el último elemento que le podía falta a la obra para tenerme absorbida por completo.

El desfile de personajes variopintos de los que hace uso el autor para exponer los distintos puntos de vista en un debate repleto de matices y tonos grises es cuando menos curioso. Desde la genio de la programación eclipsada por su hermana que cae en el consumo de sustancias al veterano de guerra rescatado de la calle por un volunto del protagonista, son personajes carismáticos aunque un tanto llevados al extremo para satisfacer las necesidades del autor. Como conjunto, funcionan en una situación de crisis tan relevante como la que teje Weaver (guiño guiño, codazo codazo) pero en otro contexto sin duda serían tildados de histriónicos.

Solo le veo dos problemas a Artificial Wisdom: que es bastante previsible en la mayoría de sus conclusiones, algo quizá derivado de haber leído mucho, y que acaba con un cliffhanger que lo deja todo supeditado a la siguiente novela.