La canción secreta del mundo, de José Antonio Cotrina

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando Secrets in a Weird World de Rage (SpotifyYoutube).

La canción secreta del mundo supone el retorno de José Antonio Cotrina a un universo, el de «Entre líneas» y Las fuentes perdidas, sobre el que el autor no escribía desde hace (cuéntenlos bien) diez años. La espera ha sido larga, pero ha merecido la pena. ¡Vaya que sí! Nos encontramos ante una excelente novela, una obra maravillosa que, además, puede ser disfrutada completamente por lectores que no estén familiarizados con la obra de Cotrina (aunque los seguidores habituales del escritor encontrarán alguna que otra recompensa extra).

Cotrina ha dado un giro a este universo escribiendo, en esta ocasión, una historia orientada al público juvenil, al que se ha venido dedicando más intensamente durante los últimos años. Pero La canción secreta del mundo no es, ni mucho menos, un libro juvenil al uso. De hecho, más de un lector acostumbrado a crepúsculos y otras obras del estilo puede que se lleve unas cuantas sorpresas entre las páginas de este libro.

Es verdad que en los primeros capítulos de la novela parece intuirse a un Cotrina más comedido, con personajes extrañamente optimistas y un estilo más sosegado. Incluso hay un triángulo amoroso de esos que están tan de moda en las novelas para jóvenes. Pero la calma dura poco y las cosas pronto empiezan a animarse. Entonces es cuando Cotrina se libera de toda atadura, de toda idea preconcebida, y da rienda suelta a su imaginación. Entonces es cuando empieza realmente la fiesta. ¡Y menuda fiesta!

A partir de la segunda parte de las tres en las que está divida La canción secreta del mundoCotrina nos ofrece una sorpresa tras otra, un derroche de imaginación sin límites, con un ritmo endiablado pero siempre bien encauzado y dirigido a un final que hace que todas las piezas encajen perfectamente. Una vez que la novela arranca del todo y cobra velocidad de crucero, el lector se ve atrapado sin remisión en una terrible diatriba: devorar una página detrás de otra como le pide el cuerpo o hacer una pequeña pausa de vez en cuando para degustar todas las escenas como se merecen. Es una sensación entre la ansiedad por saber más y la necesidad de asimilar tantas emociones distintas que creo que nunca había experimentado con una novela, pero que me ha encantado.

El punto fuerte de esta obra es, sin duda, la increíble imaginación de Cotrina, algo que no es una novedad, pero que alcanza aquí sus cotas más altas. Mención especial merece el increíble repertorio de monstruos, desde los más tradicionales (vampiros, gólems, gigantes, arañas…) a aquellos inventados por el autor para la ocasión. Sus descripciones, a veces reducidas a unas pocas frases, son hipnóticas, oníricas, sobrecogedoras y asombrosas. De esas que se releen varias veces para saborearlas en toda su plenitud.

Las escenas de acción son increíbles y sorprendentes, y están narradas con tal intensidad que el lector a veces termina casi tan agotado como si él mismo hubiera participado en ellas. Los golpes duelen; los destellos de magia, ciegan. Y las armas, ¡oh, las armas!, las armas son fascinantes, tanto las más avanzadas como las más clásicas, que de todo hay en esta obra.

Otro factor muy destacable es el tono oscuro, a veces más cercano al terror puro que a la fantasía, de toda la obra. No soy un lector que suela asustarse mientras lee, pero en La canción secreta del mundo hay momentos realmente estremecedores, de esos que se leen con fascinación por su belleza macabra. Valga como pequeño ejemplo el siguiente párrafo:

(…) se vio atravesar habitaciones repletas de polvo y arena, con instrumentos musicales apilados contra paredes que no dejaban de gritar y sangrar; se contempló inmóvil en mitad de un bosque hecho de estatuas a medio derretir, sin saber qué camino escoger (…); se recordó perdida en una ciénaga infestada de malas hierbas y árboles de cuyas ramas colgaban cadáveres de recién nacidos que no paraban de llamar a sus madres; se vio de pie ante una montaña de esqueletos que emergía del centro de un lago de sangre, aquel osario estaba coronado por varios hombres desnudos, abiertos en canal, cosidos unos a otros con sus propias entrañas… 

No podemos olvidar tampoco a los personajes. Por un lado, Ariadna, la indiscutible protagonista de la historia. Atrapada en una angustiosa dicotomía, sufre una transformación radical (pero totalmente justificada y perfectamente desarrollada) desde el principio de la novela hasta su final. Pero es que muchos de los personajes secundarios son casi igual de fascinantes: el conde Sagrada, el mercenario Elías, el misterioso lector de pelo gris… Los personajes del mundo real (de la Tierra Pálida, para hablar con total corrección) son más flojos y, curiosamente, me resultaron menos creíbles, aunque posiblemente ése sea un efecto buscado y también tiene su explicación en la historia.

En resumen, una novela que recomiendo totalmente a todos los aficionados a la buena fantasía y, en general, a las buenas historias. Es cierto que hay darle un voto de confianza hasta que pasan los primeros capítulos y la historia arranca de verdad y que hay que tener un estómago fuerte para algunas escenas, pero realmente merece la pena. La canción secreta del mundo es, sin duda, una de las mejores obras de Cotrina y uno de los libros del año.

Nota: Esta reseña, procedente de Sense of Wonder, forma parte del Especial Celsius 232.

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