Ensayo sobre la Cultura (II)

BanksContinuamos con el apasionante recorrido en el que Cristina Jurado nos sirve de guía para conocer la Cultura. La primera parte la podéis leer aquí.

2. Inteligencias Artificiales

Otras de las fuerzas presentes en la Cultura, aparte de la naturaleza de sus habitantes humanos y de las limitaciones y oportunidades de la vida en el espacio, es la IA (Inteligencia Artificial). Se trata de un concepto que es probable que ocurra en la realidad, no como los viajes más allá de la velocidad de la luz (algo que se sobreentiende en la saga), y que para Banks no hace sino aproximar una posibilidad futura –y casi inevitable- en nuestro avance tecnológico.

Cover art for Iain M Banks' book "The State Of The Art" (2nd Edition)Existen tres argumentos que cuestionan la posibilidad de desarrollo de las IAs:

-Hay ámbitos intangibles, exclusivos a la vida biológica, que se pueden entender desde el punto de vista científico pero que no pueden ser imitadas, aunque Banks se muestra bastante escéptico sobre este punto.
-La autoconsciencia, al residir en el alma supra-natural (generalmente ligado a un sistema más amplio que incluye uno o varios dioses, reencarnaciones, etc.), nunca podrá ser comprendido científicamente. El autor manifiesta abiertamente su ateísmo y califica este punto como improbable.
-La materia no puede adquirir autoconsciencia o, más concretamente, no puede tolerar una formulación informativa que sea autoconsciente. Banks deja en manos de los lectores autoconscientes la resolución del problema lógico de este argumento.

Si las IAs reales acceden a interactuar con sus creadores humanos, porque su software esté abierto a ello, es bastante posible que aceptaran colaborar con los objetivos de la civilización que los creó. Llegados a este punto, parece razonable pensar que los avances en la manipulación genética hayan permitido a la humanidad sufrir algún tipo de alteración, de manera que no nos encontremos ante una especie con un único tipo de seres pensantes. El futuro de nuestra especie afectará, se verá afectado y coexistirá con las formas de  IA que creemos.

La Cultura ha alcanzado estas fases (manipulación genética y existencia de las IAs) al mismo tiempo y ha comenzado a colonizar el universo. Sus IAs cooperan con la humanidad ayudándola a florecer en un entorno tan hostil como es el espacio. Cuando la tecnología se desarrolla lo suficiente como para convertir la supervivencia en algo mundano, la labor de las IAs adquiere dimensiones metafísicas y las metas de las civilizaciones gravitan hacia intereses morales en detrimento de los materiales. Por tanto, no existe la explotación de seres y objetos en la Cultura. La intervención humana es limitada y casi lúdica, mientras que las máquinas que realizan labores automáticas no han adquirido el nivel de autoconsciencia.

Cuando se precisa una supervisión inteligente en una operación de manufactura o de mantenimiento, el reto intelectual es hacer que el trabajo sea ameno y valorado, tanto si lo efectúa una máquina como si lo realiza un humano. El grado de supervisión requerido puede ajustarse a un nivel que satisfaga la demanda. La gente, y aquellas ingenios conscientes que cooperan con ella, odian sentirse explotados de la misma manera que detestan sentirse inútiles.

A la hora de establecer y operar una civilización estable y feliz es preciso encontrar el equilibrio entre el deseo de libertad de elección de las acciones individuales y la necesidad de saber que en una sociedad tan utópica y auto-correctora uno contribuye a algo. En este sentido, Filosofía y Educación importan.

3. Educación

La Cultura es una civilización fundamentalmente racional en la que el aprendizaje nunca acaba, aunque sea más intenso en los primeros años de vida de un individuo. Su vastedad, con 30 trillones de personas repartidas por toda la galaxia, representa un parpadeo comparada con la historia de la vida en el universo. La mayor parte de la materia de la galaxia es inanimada. De la animada, la mayoría no es autoconsciente y la feroz evolución en las especies pre- y post-autoconscientes ha colmado muchas existencias de dolor y sufrimiento. Los universos, además, también mueren (aunque luego vuelvan).

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Cualquier individuo medio de la Cultura, sea humano o máquina, es consciente de la inmensa suerte de encontrarse en sus coordenadas espacio-temporales y no en otras. Parte de su educación se orienta a comprender que seres menos afortunados han sufrido y continúan haciéndolo. Para evitar cualquier traza de decadencia terminal, la Cultura debe dejar claro de manera regular que el hedonismo fácil no es un estado natural de la materia. Se trata de algo deseable por lo que se ha luchado duramente en el pasado, y cuya consecución no ha sido sencilla, por lo que requiere ser apreciado y mantenido.

Entender el lugar que ocupa la Cultura en la historia y en el desarrollo de la vida en la galaxia es lo que permite dirigir los pasos de su política. Banks defiende en todo momento la naturaleza benigna, cooperativa y tecno-cultural de la federación. Filosóficamente, se acepta que cuestiones tales como el significado de la vida carecen de sentido, pues requieren un marco moral que se pueda abarcar sin recurrir a la superstición.

En resumidas cuentas, nosotros construimos nuestros propios significados, tanto si nos gusta como si no. El mismo sistema de creencias auto-generativas se aplica a las IAs de la Cultura, diseñadas dentro de parámetros muy amplios, que desean vivir, experimentar y comprender, para las que su existencia y procesos mentales propios deben ser satisfactorios, y hasta entretenidos.

Después de haber resuelto todos los problemas relacionados con su bienestar básico, los humanos de la Cultura necesitan, para evitar caer en la desidia y la indolencia, la labor de la sección “Contacto”, que les hace sentirse útiles. En el caso de las IAs, ese deseo de utilidad está sustituido por un fuerte anhelo por adquirir experiencias. El universo se encuentra esperando, en toda su vastedad, a ser explorado, y sus principios y leyes físicas aún están lejos de haber sido evaluadas y cartografiadas en su totalidad.

La galaxia es un lugar inmenso, intrínseca e infinitamente interesante, una especie de patio de recreo para las máquinas que saben de todo, excepto de miedo y de lo que ocultan los sistemas estelares inexplorados. ¿Cuál es la razón por la que una civilización de IAs, o cualquier cultura sofisticada, desea expandirse por la galaxia y, en último término, por el universo? Se podría construir una máquina Von Neumann que produjera copias de sí misma y, si nada la detuviese, podría colonizar el universo. Pero ¿por qué? Dicho de manera un poco más frívola ¿dónde estaría la gracia?

El interés –el deseo de experimentar, de comprender- procede de lo desconocido. Comprender es un proceso a la par que un estado que denota el cambio de lo desconocido a lo conocido, del azar al orden … un universo donde todo se entiende y en el que la uniformidad ha reemplazado a la diversidad sería el anatema de cualquier IA que se respetase a sí misma.

Puede que solo los humanos encuentren terrorífica la idea de la máquina Von Neumann, porque solo comprendemos a medias la obsesión del ethos que dicho concepto representa. Una IA pensaría meramente que esa idea es mala, ridícula y lo que es peor, aburrida. Eso no quiere decir que no surgieran iniciativas de este tipo en la galaxia de vez en cuando, seguramente por accidente más que por diseño, pero algo tan monomaníaco no podría sostenerse frente a seres con las ideas claras.

Cristina Jurado Marcos escribe Más ficción que ciencia, un blog sobre ciencia ficción y fantasía. Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Sevilla, y con un Máster en Retórica de Northwestern University, actualmente cursa estudios de Filosofía por la UNED. Se considera una viajera incansable después de haber vivido en Edimburgo, Chicago, París y Dubai, donde tiene su residencia actual. Sus relatos han aparecido en revistas digitales de sci-fi y en diversas antologías del género y su primera novela Del Naranja al Azul fue publicada en 2012.

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