Silvercloak

Silvercloak está publicada en español con traducción de Laura Steven.

Comencé a leer Silvercloak de una desconocida para mí L.K. Stevens, porque la sinopsis hablaba de magos infiltrados en una organización criminal y me pareció una idea muy original para aplicar en un mundo de fantasía. Algo parecido le sucedió a la protagonista de Extremity pero en ese caso la ambientación era de ciencia ficción.

El comienzo es bastante típico, con una niña testigo del asesinato de sus padres a manos de los Bloodmoons, una banda criminal. La niña, Saffron Killoran, dedicará su vida a prepararse para la venganza, decidiendo destinar sus peculiares características mágicas a entrar en los Silvercloak, la guardia civil mágica de este mundo fantástico. Los devenires de la vida harán que se tenga que infiltrar en la banda que destrozó su vida, en una operación tan secreta que toda su coartada pende de un hilo.

Stevens ha creado un sistema mágico muy atractivo donde el maná para los hechizos se consigue del placer o del dolor, un equilibrio hedonista-masoquista que le da muchísimo juego durante todo el libro y sospecho que a lo largo de toda la saga. Si bien las clases de magos no están exactamente definidas desde el principio del libro, si que hay una casta que desde el principio está perseguida hasta casi su extinción, los que pueden alterar el curso del tiempo, algo que tendrá importancia a lo largo del relato. Un pilar fundamental de la novela es este sistema, que la autora va explorando poco a poco, descubriéndoselo al lector.

Me hubiera gustado que la parte detectivesca, por llamarla de alguna manera, tuviera algo más de presencia en el libro, ya que se supone que los Silvercloaks son famosos por aplicar sus habilidades mágicas a la deducción y la resolución de crímenes. La prueba que afrontan al principio si tiene algo de esto, pero luego, nunca más se supo. Tiene algunas escenas bastante crueles, pero si estamos diciendo que el pozo de poder de donde manan las energías mágicas es el placer y el dolor, es de esperar que haya bastantes escenas tanto de lo uno, como de lo otro.

La parte que menos me ha gustado de Silvercloak es la del romance, pero no quiero decir que esté mal escrito, de hecho las escenas más eróticas son bastante atractivas. Mi problema es que tengo algo de sobredosis de romantasy, que ahora se lo encuentra una hasta en la sopa. Me resulta mucho más atractiva una buena conspiración, un plan secreto para dominar el mundo o una escaramuza que el vigésimo séptimo empotramiento de la semana.

Si bien es cierto que es la primera entrega de una saga, el libro cierra de un modo más o menos satisfactorio dejando margen para la continuación, que no sé para cuándo está prevista pero que aquí me tiene esperando.

Station Eternity

Aviso a navegantes, cualquier parecido que esperarais entre Station Eternity y Six Wakes NO EXISTE, no os hagáis ilusiones. Mientras que la novela finalista de premios tan prestigiosos como el Hugo, el Nébula y Philip K. Dick es un mecanismo de relojería imbuido en un misterio de habitación cerrada, la primera entrega de la saga The Midsolar Murders es una obra que no se toma en serio a sí misma, que se ríe de los deus ex machina y que solo quiere hacernos pasar un buen rato sin necesidad de calentarse la cabeza. Y como entretenimiento, funciona perfectamente.

La acción se sitúa en la homónima Station Eternity, la primera estación espacial alienígena a la que tienen acceso los humanos. Allí solo viven tres miembros de nuestra especie, el embajador, un militar MIA y la protagonista de la historia, Mallory Viridian, recluida por iniciativa propia en un lugar donde no haya humanos (al menos, no muchos) por su extraña capacidad: a su alrededor, no dejan de producirse asesinatos, que ella misma se encarga de resolver. Un poco Jessica Fletcher, pero rejuvenecida y pasada por un tamiz de ciencia ficción.

Lafferty da rienda suelta a su imaginación con las especies alienígenas que conviven en la estación. Desde piedras sintientes a colmenas de abejas, todos los extraterrestres poseen una capacidad de la que carecen los humanos: viven en simbiosis con otra especie. Este es el principal obstáculo que impide que nos vean como una especie digna de expandirse por las estrellas. La primera parte de la obra se centra más en presentarnos a los habitantes de la estación y las peculiaridades de cada uno, mientras que en la segunda parte ya entramos en materia respecto a la especialidad de Mallory, cuando llega un transporte repleto de humanos y pasa lo que tiene que pasar. El desmadre está asegurado y la trama, que parecía estar bastante contenida hasta el momento, nos lleva por derroteros totalmente inesperados, que incluyen mechas, conciertos de violín y abuelitas que se dedican a taponar fugas de aire en una estación espacial.

El tono de Station Eternity es ligero y un tanto absurdo, y hay que dejarse llevar por él, so pena de llevarse una gran decepción.

The Sea Eternal

De verdad, quería que me gustar The Sea Eternal, sobre todo después del buen sabor de boca que me dejó The Stars Undying, pero es que se me ha hecho (guiño, guiño, codazo, codazo) eterno.

Con la muerte de Matheus Ceirran, todo el peso de la historia recae sobre Anita Decretan, el trasunto de Marco Antonio en este retelling de sus relaciones con Cleopatra. Aunque es un personaje muy atractivo, con sus idas y venidas, sus contradicciones y sus fuertes pasiones, no se puede negar que el relato se resiente por la ausencia de Julio César. Y el hecho de que el personaje que sabemos destinado a gobernar, Otávio Julhan se nos escamotee, dejándolo casi toda la novela como un personaje epistolar pero sin apenas presencia física es una tremenda decepción.

Las relaciones entre los personajes, tan fundamentales en la primera entrega de la saga, quedan aquí ocultas por la trama, una jungla narrativa tan enrevesada y misteriosa que ni con el machete más afilado se puede penetrar. Y lo que se va desenredando es apasionante, con referencias a viajes en el tiempo, inteligencias artificiales que requieren retroalimentación humana para seguir cuerdas, mentes colmenas… en fin, todo un compendio de tropos de ciencia ficción que deberían haber hecho las delicias de una admiradora del género como soy, pero que me ha sido imposible disfrutar.

The Sea Eternal es una novela muy densa de política ficción, tan ambiciosa en su planteamiento que a veces parece que se le escapa de las manos a Robin, con un uso indiscriminado del narrador no confiable y de los apodos y las abreviaturas para dificultar aún más la comprensión. No tengo duda de que el autor ha escrito un libro confiando en la inteligencia de sus lectores, pero quizá no todos estamos al nivel que se presuponía. Cada página traía un nuevo desafío y me temo que no he estado a la altura.

The Gryphon King

Llevaba ya tiempo detrás de leer The Gryphon King, pero siempre por una u otra razón lo iba posponiendo. Así que cuando al fin le llegó su momento, la decepción ha sido mayor, por que me he encontrado una novela que no me ha dejado poso para nada. Me esperaba una historia fantástica, algún sistema de magia que me atrapara, intrigas políticas… en fin, lo normal. Pero es que Sara Omer ha escrito una novela bastante sosita, con una prosa bastante plana o al menos eso me ha parecido a mí.

La novela tiene dos puntos de vista Bataar y Nohra. Bataar sobrevivió en su infancia al ataque de un grifo e incluso acabó con él. Esto le predispuso para una vida de conquista que ahora ha posado su vista en la tierra de Nohra. Nohra es hija del mandatario de Dumakra, una experta luchadora y amazona, acostumbrada a cabalgar caballos que comen carne humana (no se habla de las yeguas de Diómedes, pero ya sabéis de qué va la historia). La relación entre ambos es tensa, lógicamente, pero se ve venir desde bastante lejos cuál va a ser el final.

En principio la construcción de mundo en un entorno épico de inspiración no europea podría parecer bastante atractivo, pero nunca acaba de funcionar. Que una antigua maldición vuelva a manifestarse creando hordas de zombis pues tampoco ayuda mucho, aunque admito que esa es un problema personal mío.

El comienzo de la novela está un poco deslavazado, con saltos temporales que tampoco ayudan a hacerte una idea clara del libro en su comienzo. Y las intrigas políticas, que supongo que estaban destinadas a formar la estructura principal de la novela, son un poco maniqueas y previsibles, tampoco han conseguido sorprenderme ni atraparme.

El casting de personajes secundarios recibe poca atención por parte de la autora, volcada como está en los dos personajes principales. Esto podría ser un efecto intencionado, para resaltar aún más la personalidad de ambos, pero ni Bataar ni Nohra tienen suficiente presencia como para llevar sobres sus hombros el peso de la novela.

Sin embargo, en muchas de las reseñas que he leído se nota el entusiasmo por la obra, así que es bastante probable que vuestra experiencia difiera con la mía.

Seven Recipes for Revolution

No voy a descubrir la rueda si hablo de la tendencia actual en la fantasía a hacer mucho hincapié en el mundo culinario. Las descripciones de festines o de comidas específicas como las lembas siempre han estado presentes, pero es que últimamente tengo la impresión de que hay muchísima más presencia de concursos culinarios o recetas mágicas, aunque también puede ser que sea simplemente una impresión mía.

El caso es que Seven Recipes for Revolution viene a sumarse a esa ola, pero lo hace de un modo un tanto torpe y tosco, con una idea que tenía potencial pero que se acaba diluyendo como pastilla de caldo en demasiada agua.

En el mundo en que se desarrolla la novela, la magia se basa en las recetas que incluyen la carne de unas bestias gargantuescas que, tratadas de una forma adecuada, otorgan poderes a los que consumen esos platos. Esto ha dado lugar a una sociedad rígidamente estructurada, donde los comunes no tienen acceso a esos manjares y malviven esclavizados, generalmente trabajando en los mataderos donde se obtiene la materia prima para estas preparaciones. La primera parte del libro es muy sangrienta, ya que la obtención de la carne se describe de forma muy detallada y el animal sigue vivo mientras se le van arrancando trozos, haciendo de su virtud de regeneración su propia condena.

El protagonista de la novela es Paprick (los personajes tienen nombres de especias), carnicero que aspira a crear una nueva receta mágica para convertirse en chef, la única salida que ve para su condición casi de esclavo. La lógica interna del libro aquí empieza a tambalearse, porque es bastante complicado crear una receta si no dispones de la materia prima para experimentar. El caso es que Paprick, tras una serie de peripecias consigue crear una gran receta capaz de aumentar su tamaño corporal al de un gigante y se abre las puertas a la escuela de cocina, no sin antes pasar por un severo tribunal que le quiere sonsacar la receta… pero del que sale sin siquiera una obligación de explicar cómo hizo lo que hizo. Como os digo, la lógica interna del libro hace aguas.

A partir de aquí, todo va cuesta abajo. Las revelaciones todas son sorprendentemente convenientes para los planes de Paprick y la revolución, los contactos que hace le dotarán de todas las herramientas que necesita para seguir evolucionando en su cocina y el racismo y clasismo imperante entre sus compañeros irá desapareciendo por arte de birlibirloque.

Reconozco que el método narrativo escogido por Rose es bastante curioso. Comenzar cada capítulo con una receta en un libro con estas características es un acierto, pero escoger la voz del narrador de forma que sea la de protagonista narrando los hechos desde el futuro le quita parte de fuerza a la historia, ya que sabes que no le va a pasar nada, si lo está contando él mismo. En cuanto a los personajes, carecen de personalidad, son perfectamente intercambiables. Y el maniqueísmo de la narración raya lo intolerable.

El libro ha sido bastante decepcionante.

Saltcrop

Ya había leído algunos libros de Yume Kitasei, pero creo que Saltcrop es su obra más redonda hasta la fecha. Una novela situada en un futuro cercano con un tono ciertamente melancólico que dedica mucho tiempo a explicar la relación entre tres hermanas que han tenido sus más y sus menos, con una infancia difícil pero un también con un amor inquebrantable entre ellas.

Lo primero que destaca en la obra es la creación del mundo, ya que a la autora japonesa-americana describe una distopía muy sólida con pocas herramientas en principio. Conforme va avanzando la novela se irán descubriendo nuevos matices, pero el tono de resignación algo desolado transpira cada página. La plaga que acecha las magras cosechas, la necesidad de utilizar productos químicos al por mayor para conseguir algo con lo que alimentarse, rebuscar entre la basura para encontrar recuerdos vendibles de un pasado mejor… El tono de la novela viene marcado desde un principio y desde luego, no es una lectura que se haya de afrontar con pesadez en el corazón.

Los personajes están muy bien caracterizados. La relación entre las tres hermanas, dos presentes y una ausente pero que influye en las demás desde la distancia es hermosa e hiriente a la vez, ya que vemos el punto de vista de cada una y cómo las cosas que no se dicen pueden tener consecuencias con posterioridad. Es encomiable el juego de distintos puntos de vista, cómo se ve cada hermana a una misma y a las demás, completando un puzle que sin esas aportaciones hubiera quedado incompleto.

Saltcrop es también una novela de aventuras marítimas, aunque la parte del viaje esté un poco descompensada, quizá por la propia naturaleza de los viajes en barco, ya que tiene muchas partes de calma chicha aderezadas por picos de gran tensión. A veces creo que la inocencia de las hermanas es pavorosa, pero quizá sea una consecuencia lógica de una vida apartada del mundo, donde las interacciones sociales están restringidas a un grupo pequeño de personas.

El libro está claramente dividido en partes que, si bien no son estancas, si que delimitan de forma estricta la narración, con cambios de escenarios bien marcados. La crítica social a las grandes corporaciones está presente a lo largo de toda la historia, pero se va acrecentando conforme van pasando las páginas. Además, es una lucha fútil, ya que por más que van descubriendo y consiguiendo avances, al final todo parece destinado al mismo sino que Sísifo.

Si os llama la atención una distopía ecológica, con su poco de misterio, viaje y crítica social, con una atmósfera opresiva por momentos, este es vuestro libro sin duda alguna.

Exo

Lo que me llamó la atención sobre Exo no fue ni su autor, Colin Brush, desconocido para mí, ni su cubierta, que tampoco es especialmente reseñable. Fue la sinopsis, que apuntaba a una mezcla entre John le Carré, John Scalzi y Kim Stanley Robinson. Aunque es cierto que esta primera novela no llega al nivel de estos autores, normal por otra parte, no es menos cierto que me ha tenido inmersa en la especulación de la que hace gala.

Por cierto, en esta ocasión el narrador del audiolibro, Gildart Jackson, ha influido negativamente en mi valoración. El ritmo de lectura era tan lento, que aún poniéndolo a 1,75x todavía me parecía demasiado pausado y eso que yo no soy mucho de acelerar los audiolibros. Para más inri, algunas de las voces de los personajes subían mucho el volumen en sus intervenciones (esto ya no sé si es cosa del lector o de la producción) por lo que te llevabas cada susto que no veas.

La Tierra se ha vuelto inhabitable por la presencia del Cauldron, un constructo topológico que se ha ido haciendo con los océanos y que es incompatible con la vida. La humanidad la dejó atrás y vive en estaciones y colonias espaciales donde buenamente puede, aunque algunos humanos todavía quedan en el planeta moribundo. En cuanto a la novela en sí, está formada por dos líneas temporales con algunos flashbacks en una de ella. Por un lado tenemos a la penitente Mae Jameson, una de las personas que sobreviven en la Tierra. Un día aciago encontrará a Siofra, la hija muda de uno de los investigadores del Cauldron, para luego dar con el cadáver del padre, en una escena de aparente suicidio que hace saltar todas las alarmas de su pasado como agente secreto. La otra línea temporal expone las páginas del diario de científico y su pareja, unos años antes de los hechos que narra Mae.

Tenemos entonces por una parte el misterio del asesinato del científico y por otro la investigación del ente, alienígena o no, que ha expulsado a la humanidad de su cuna. Existe cierta transferencia de información entre ambas líneas, lo que equilibra el distinto interés que nos pueda causar cada una de ellas. Mientras que en los diarios del científico vemos especulación científica con términos sobre hiperdimensiones y su topología, la parte dedicada a Mae y Siofra es más una historia de supervivencia y de investigación de las relaciones entre los personajes. La paranoia de los científicos con el Cauldron, cuya mera existencia les afecta tanto mentalmente como físicamente, está muy bien reflejada.

El relato es bastante desolador en ambos puntos de vista. Me atraía mucho la investigación sobre el Cauldron, que a mí me ha recordado en cierta forma a una amalgama entre los malabaristas de formas y el océano de Solaris. No estoy segura de haber interpretado correctamente todos los datos científicos, pero me ha parecido muy atractiva esta parte. Lo malo del libro o al menos lo que menos me ha gustado, es que se me hacía muy obvio qué iba a pasar a continuación, tanto en los orígenes de Xiofa como en la investigación de Mae. Y eso me ha sacado un poco del libro, que por otra parte es bastante deprimente. Colin Brush me parece un autor al que seguir, si pule un poco el estilo un tanto seco del que ha hecho gala en Exo y cierra mejor las tramas.

The Bookshop Below

Aunque mi primera experiencia con un libro de Georgia Summers no cumplió del todo con las expectativas creadas, The Bookshop Below prometía ser mucho más acorde con mis gustos. ¿Libros sobre librerías mágicas? Por favor, todos los que haga falta.

La protagonista de la novela es Cassandra Fairfax, una aspirante a librera caída en desgracia, que lleva una doble vida como ladrona de libros mágicos. Y es que algunas librerías de este mundo son tributarias de un gran río feérico, lo que hace posible que algunos tomos desborden magia, por supuesto todo con un alto precio. Cass perteneció a ese mundo, era la protegida de Chiron, pero cometió un error fatal que la apartó para siempre de su mentor… o quizá no para siempre. Cuando Chiron fallece en extrañas circunstancias, Cass heredará la librería, pero también se vera inmersa en una trama de intrigas de poder con la magia como punto central.

Obviamente lo que más me ha gustado de The Bookshop Below es el poder que reside en los libros, ¿cómo iba a ser de otra manera? Summers conoce muy bien al público al que dirige su obra y sabe perfectamente que a los que nos gusta leer nos encanta leer sobre la lectura y los libros, en un bucle retroalimentado por la propia autora para beneplácito de todos los presentes. El sistema mágico que sustenta The Bookshop Below, basado en lecturas de cuentos y relatos poderosos a cambio de un precio, es la piedra angular sobre la que basa todo el proyecto y es un cimiento sólido para una historia que quizá flaquea algo más en la parte romántica de la novela, pero es que quizá esos pasajes resulten algo secundario frente a la intriga mágica.

Es muy posible que la labor de Gabrielle Nellis-Pain como narradora del audiolibro haya mejorado la experiencia y el disfrute que me ha brindado The Bookshop Below, porque actúa muy bien. Me cuesta un poco cuando imposta las voces masculinas, pero la voz de la protagonista, la clava, con esa mala leche que gasta para protegerse de los demás, solo para acabar descubriendo que también es tierna en su interior. Todo un acierto de casting.

Me parece que como el libro se sustenta mucho en el carisma de la protagonista, su lectura es lanzar una moneda al aire. Si te alineas con Cassandra, lo disfrutarás, pero si, por lo que sea, no te entra por el ojo, no va a tener solución. También creo que se disfrutará más en versión audiolibro, por el bueno trabajo de Gabrielle Nellis-Pain.

Slow Gods

Claire North es la Curro Romero del fantástico, lo mismo te hace una faena memorable que un fiasco infumable. Así que comencé a leer Slow Gods con la precaución que ya me han enseñado los años, sin saber si me iba a encontrar un The Pursuit of William Abbey u otra cosa, pero con la esperanza de que volviera a la ciencia ficción y se dejara de mitos griegos.

Aunque el libro en general me ha gustado, Slow Gods está lleno de contradicciones, comenzando por un título que le da mucha importancia a unos personajes que no pasan de ser secundarios en el desarrollo de la novela pero que viene que ni pintado para recalcar uno de los defectos de los que adolece la novela, cierta lentitud en según qué tramos.

Estos dioses lentos aparecen un día para informar de la venidera implosión de una supernova, que en un tiempo determinado destruirá muchos mundos habitados. North vuelve a recurrir a algunos de sus métodos favoritos, como la inserción de listas en mitad de la lectura para dar rienda suelta a su imaginación en la creación de mundos. Los distintos métodos de gobierno, desde un capitalismo desaforado a la unión de mentes son quizá lo mejor de la novela, junto con un protagonista que no llegaríamos a definir como poco confiable, pero cuyas peculiares características así como su forma de afrontar la vida son de lo más original. Es tremendamente curioso como cada autor que utiliza los viajes espaciales imagina una forma distinta de llevarlos a cabo cuando no quieren una aproximación estrictamente científica, siempre hablando de la oscuridad del espacio, como Tchaikovsky en su saga de los arquitectos u O’Keefe en The Two Lies of Faven Sythe, por poner unos ejemplos recientes. North propone una dualidad biológica-mecánica siempre destinada a fallar por la propia naturaleza del reto, que destroza a la parte biológica como quien quema cerillas para iluminar su camino en el eternamente oscuro piélago estelar.

Creo que hay muchísimas lecturas posibles en este libro, desde una recreación de hechos históricos de nuestro mundo, como esa paz tensa y obligada por la amenaza nuclear que en esta ocasión viene dada por unas naves estelares colocadas estratégicamente a lo largo de la galaxia para poder destruir todos los mundos habitados, a una simulación de los trastornos del espectro autista a través de las dificultades de relación del personaje protagonista con el resto de elenco del libro, por su propia naturaleza. La obra no está exenta de crítica hacia el sistema de gobierno actual, pero a veces está tan pasada de rosca que pasa de la ironía al sarcasmo y a la bufa.

He de reconocer que la amalgama de pronombres también ha ralentizado un poco la lectura, cuando ya me había aprendido los que usa Benjanun Sriduangkaew llega ahora Catherine Webb con otra retahíla bajo el brazo. No sé cómo lo llevarán los lectores nativos pero a mí me cuesta hacerme con ellos.

Slow Gods es una space opera no exenta de defectos, pero muy recomendable.

The Scholar and the Last Faerie Door

He leído varios libros de H.G. Parry y me parece que se está especializando en un especie de fantasía histórica feérica, si me permitís la invención de esta categoría. Ya desde The Unlikely Escape of Uriah Heep, pero especialmente con A Declaration of the Rights of Magicians y The Magician’s Daughter, la neozelandesa ha ido definiendo más y más su estilo. Y aunque The Scholar and the Last Faerie Door tiene su parte de dark academy, la veo mucho más encuadrada en la narración de las relaciones con las hadas y los extraños acuerdos a los que los magos británicos llegan con ellas.

El libro comienza entroncando la Gran Guerra con el cierre de las puertas que permitían la comunicación con el mundo de las hadas. Me gusta mucho cómo un hecho histórico como la batalla de Amiens, da lugar a toda una cascada de consecuencias en el mundo mágico. A Parry no se le caen los anillos hablando de las desigualdades sociales, sobre cómo las familias más poderosas son privilegiados con la magia mientras que los estamentos más bajos de la sociedad ignoran su propia existencia. El principio del libro seguimos los pasos de Clover, una joven que descubre el mundo de la magia cuando su hermano regresa maldito y maltrecho de esta batalla, uno de los pocos supervivientes a las maldiciones mágicas que allí se desencadenaron. Su misma existencia es una tortura, ya que en cada ocasión especial de celebración pagana su maldición se recrudece, haciendo que la familia tema por su vida. Clover, decidida a liberar a su hermano, hará lo imposible para estudiar en Camford, la universidad mágica del Reino Unido. Ya os podéis imaginar de dónde viene ese nombre y si no, os diré que la forma de acceder a la universidad es a través de Oxbridge, por si no quedaba claro. Ahí Parry tampoco es que se haya quebrado.

En la primera y segunda parte del libro Clover luchará contra los estigmas de la alta sociedad, su falta de recursos económicos y su género como impedimentos para estudiar magia. Afortunadamente, o no, encontrará refugio y compañía con otros tres estudiantes de Camford que la acogen en su grupo. Estos dos bloques se desarrollan de una manera muy convencional, incluso diría que algo sosa, aunque aderezado con algún momento de intriga y exploración del propio Camford. Creo que un poquito de poda no le hubiera venido mal a esta sección de la novela, aunque esté asentando las bases de lo que acontecerá a continuación.

Merecen mucho más la pena las otras dos partes del libro, algunos años después, donde Clover deberá hacer frente a las consecuencias de sus actos de juventud. Ya con 27 años y establecida como profesora en la propia Camford, las hadas intentan volver al mundo para recuperar lo que era suyo y ahí es dónde el libro gana muchos enteros. Tanto en la relación entre los personajes, con una muy buena representación del reencuentro de quienes formaron parte de tu adolescencia para luego alejarse por las circunstancias de la vida, como con el propio desarrollo de la amenaza feérica, sus consecuencias y, sobre todo, lo que se puede hacer para detenerlo, tras descubrir los secretos mejor guardados de la elitista sociedad mágica, construida sobre unos pilares de sangre y crueldad. Recuerda por momentos a Babel de R.F. Kuang, pero un poco rebajada de mensaje social.

No soy muy de poner frases en las reseñas, pero, ¿se os ocurre una mejor forma de enganchar a un lector que esta?

In the end, it was four words that changed the course of our lives and the history of the world. Perhaps it wasn’t really so surprising. They were, after all, the most important words in any language.
“What are you reading?”

The Scholar and the Last Faerie Door es un libro que no creo que veamos en español, pero sinceramente no será por que no merezca la pena.