2150 A.D.

Leer 2150 A.D. era una apuesta que podía salir muy mal o muy bien, no creo que hubiera posibilidad de un término medio con una obra publicada originalmente en los setenta rescatada por sus «semejanzas» con la situación actual. Puedo entender el éxito de Thea Alexander en su momento, pero ahora mismo creo que se trata de una obra fuera de su tiempo.

Para empezar, resulta complicado adscribirla a la ciencia ficción cuando el medio utilizado para llegar al futuro y vivirlo es la proyección astral durante los sueños. Me ha recordado, para mal, a L. Ron Hubbard. Salvando este escollo, que ya digo que para mí es bastante complicado, nos encontramos con una especulación más bien filosófica que una extrapolación científica de un posible futuro. Y aquí es donde el entramado lógico del libro hace aguas. En la sociedad utópica del 2150, hay un grupo de privilegiados que viven en el «macromundo» donde no hay escasez, no hay miedo, solo estabilidad y comprensión. Un destino al que todos podríamos aspirar, pero que no es para nada creíble y que no explica el proceso que se sigue para alcanzar esta nirvana espiritual de una manera verosímil. Además, en el mismo tiempo, conviven con otra sociedad parecida a la actual pero retorcida y enquistada, que pretende servir como contraste con la utopía alcanzada, pero que como comparación es demasiado basta y poco refinada, como intentar llevar a cabo una incisión quirúrgica con una espada flamígera oxidada.

El protagonista es un veterano del Vietnam que perdió una pierna en el conflicto, pero que cuando llega al 2150 se encarna en un cuerpo perfecto. Quizá esperaba algo de crítica antibélica, pero el libro no va por esos derroteros, o más bien va por la crítica al individualismo y la violencia en general, no centrada en ningún enfrentamiento específico.

La labor de Vas Eli como narrador del audiolibro me ha parecido correcta, pero es que el texto de partida no acompaña para una interpretación más inspirada. Mucho diálogo y mucha disquisición filosófica, pero poco interés ha despertado en mí esta obra.