La famosa escritora C.J. Cherry, autora de grandes obras de la ciencia ficción como Cyteen o Downbelow Station ha sido declarada ganadora el premio Robert A. Heinlein de este año. Recordemos que este premio está dedicado a trabajos excepcionales que promuevan la exploración espacial.
El premio se anunciará formalmente el 28 de mayo en la Balticon 55.
Hay libros de ciencia ficción que tienen cierto componente de romance y hay libros centrados en el romance que tienen cierto componente de ciencia ficción. Winter’s Orbit es uno de los de la segunda categoría, aprovechando un pequeño imperio con distintos planetas y la necesidad de diplomacia entre ellos para contarnos una historia de amor. La historia podría ser fácilmente transportable a otro entorno salvo ligeros detalles, pero no por ello perdería su fuerza.
Estando sobre aviso de esta característica, lo cierto es que Winter’s Orbit es un libro maravillosamente disfrutable, con unos personajes de esos que te dan ganas de achuchar. La muerte de Taan, marido de Jainan (representante diplomático de Thea), hace que su viudo tenga que casarse aprisa y corriendo con otro príncipe del imperio para mantener el tratado de paz. El elegido para esta tarea es Kiem, que no tiene lo que se puede decir un historial intachable. Sobre este matrimonio girará todo el libro, ya que los personajes estarán condenados a entenderse a pesar de los muchos impedimentos iniciales.
La relación entre ambos está tratada con gusto exquisito, desde los titubeantes comienzos hasta el desarrollo pleno, pasando por esos momentos tan de comedia romántica que dan ganas de coger a los protagonistas y obligarles a hablar a las claras para que al fin se digan la verdad. No podían faltar las confusiones, las malas interpretaciones y los arrepentimientos que constituyen la salsa de este tipo de historias.
Pero, a pesar de ser bastante típica, no deja de tener detalles interesantes. Me gusta mucho por ejemplo cómo para evitar errores existen distintos tipos de adornos que permiten definir el género de cada persona, sea masculino, femenino o no binario. El hecho de que la relación homosexual no de siquiera lugar a comentario también es importante en cuanto a la normalización de estos matrimonios. El papel de la mujer en el imperio es igual al del hombre, otro triunfo si me permitís que lo llame así.
Un tema muy pero que muy importante en el desarrollo de la historia y que quizá se debería advertir antes de leer el libro es la presencia de violencia y maltrato dentro de alguna de las relaciones mencionadas. Me parece que está tratado con gran sensibilidad, pero no por ello deja de hablarse sobre el estado mental de la víctima, que no cesa de justificar el maltrato por pensar que es culpa suya. Sin ser experta en el tema, creo que es una representación fidedigna del sentimiento que genera en algunas víctimas el maltrato de pareja.
Como digo, la parte de ciencia ficción es ambiental en su mayoría, aunque también aparece una sección en la que se utiliza una tecnología avanzada para acceder a las memorias de los implicados, pero nada más.
Un libro con el que he disfrutado y que me gustaría recomendar, sabiendo de qué se trata, claro.
Siempre es buena noticia cuando se anuncia una nueva publicación de Claire North, así que me alegra mucho traer la portada de la que será su nueva novela, Notes from the Burning Age, que Orbit publicará en julio de este año.
La portada es obra de Leo Nickolls con diseño de Siobhan Hooper:
Tengo una cita inexcusable con cada nuevo lanzamiento de Benjanun Sriduangkaew, sobre todo si está dentro del universo Machine Mandate. Si bien es cierto que esta entrega me ha parecido algo menos innovadora que las anteriores y la autora vuelve a incidir en sus temas recurrentes, no por ello deja de ser una lectura más que recomendable. Además, si a esto le añadimos que nuestro conocimiento sobre el universo va aumentado y que podemos ir encontrando referencias a los libros anteriores, como los haruspex o la esfera de Dyson Shenzhen, cada nueva historia añadida sirve para darle profundidad al universo así creado.
La acción gira entorno a un torneo cuyo ganador podrá obtener aquello que más desee, prácticamente sin limitaciones. Pero los perdedores pueden no solo morir, si no ser destinados a futuros mucho peores que simplemente desaparecer. Las condiciones del torneo no están claras, siendo esta misma indefinición uno de los principales atractivos del combate. Sabemos que los duelistas deberán emparejarse con una inteligencia artificial para participar en la contienda, pero el resto de condiciones se podrán ir desvelando sobre la marcha. Quizá está ambigüedad juegue un poco en contra de la obra, porque da tanto margen de actuación a la autora que en realidad cualquier cosa puede acontecer.
La protagonista de la historia es una detective de un planeta bajo asedio, que perdió al amor de su vida y que parece que se encamina al torneo para recuperarlo, aunque esto tampoco está claro. El concepto de unión con la IA para la participación es en esta caso mucho más profundo y, cómo se irá revelando, nada casual. No estaríamos hablando de Sriduangkaew si no hubiera escenas de sexo, dominación e incluso sadomasoquismo, pero me parece que aquí se ha contenido algo más (o que ya me he acostumbrado a su obra).
El principal interés de la lectura, por lo tanto, es ver la labor de investigación que lleva a cabo la detective respecto al torneo y sus posibilidades de victoria. Las escenas de combate están trufadas de violencia pero narradas de una forma maravillosamente cinética, realmente parece que estamos presenciando el enfrentamiento. Algo especialmente difícil de conseguir manteniendo la bellísima prosa que es sello de identidad de la autora, algo que consigue sin fallo.
El final está a la altura de la trama, aunque quizá se vea venir un poco una vez que todas las cartas están sobre la mesa. La saga Machine Mandate es un valor seguro en la space opera y esperamos que siga así durante mucho tiempo.
No tenía pensado leer este Purgatory Mount tan pronto, pero si Alexander Paez te recomienda algo, es mejor que te pongas rápido con ese libro.
Las obras que he leídohasta ahora de Adam Roberts han sido bastante satisfactorias y esta no es una excepción. Es cierto que tiene una estructura un tanto extraña porque las dos tramas que la forman se conectan de una forma muy laxa. La primera y la última parte, que son cortas en comparación con la parte central, tienen un alto componente especulativo, con la exploración de un artefacto en un planeta lejano por parte de unos “humanos” tan evolucionados que son capaces de controlar el tiempo. Mientras tanto, la parte del león en cuanto a longitud de la novela se la lleva la parte central, con una relato de futuro muy cercano terriblemente verosímil.
Si hay algo que destaca en la obra de Adam Roberts es la cantidad de ideas que lanza al lector, a veces con una retranca inglesa que hay que aceptar y disfrutar. En este libro, por ejemplo, es capaz de hablar de Alzheimer usado como arma de destrucción masiva y a la vez del tratamiento de la enfermedad con un simple teléfono móvil. Roberts es capaz de estar narrando los estallidos de bombas tremendamente destructivas mientras parafrasea hits musicales de los últimos años. Su extenso conocimiento de la cultura clásica le permite hacer similitudes entre los personajes y los mitos griegos, pero en las últimas páginas de la obra nos hace ver que hubiera preferido con mucho utilizar los nombres de los magos del Señor de los Anillos, si no fuera por unos problemillas de copyright.
Aunque me han gustado las dos partes de la novela, personalmente hubiera preferido que se hubiera dedicado más a la parte más futurista de la novela, que me llamaba mucho más la atención que el grueso de libro. No obstante, he de reconocer que a pesar del desequilibro entre ambas tramas la lectura es más que interesante, y que yo hubiera preferido más hincapié en la otra parte es solo una preferencia personal. Resulta aterrador por lo verosímil cómo Adam Roberts narra la desintegración de los Estados Unidos, en una narración que podríamos describir como “Doctorowzada”, si me permitís la expresión, basándose en los medios de control de masas y con protagonistas jóvenes atrapados por el sistema, como en Little Brother , Homeland y otras obras de Cory Doctorow.
El mensaje de redención y expiación de los pecados que lanza Roberts es también digno de estudio. El hecho de que el cielo y el infierno sean atemporales mientras que el purgatorio requiera por definición el paso del tiempo da lugar a una especulación filosófica bastante interesante. Como has podido ver, hay muchas razones por las que recomendar Purgatory Mount, espero que alguna de ellas te haya convencido.
El 12 de octubre Tor.com publicará Along the Saltwise Sea, la esperada continuación de Over the Woodward Wall, ese juego metaliterario en el que nos ha embarcado Seanan McGuire bajo el pseudónimo A. Deborah Baker.
Mordew era un libro que me intrigaba desde que tuve conocimiento de su existencia. Ese aire a fantasía clásica, acompañado de cierto espíritu macabro y retorcido se sale de lo que suelo leer habitualmente, así que cuando tuve la oportunidad escucharlo en audiolibro no la dejé pasar.
Lo primero que me gustaría destacar es la espectacular labor del narrador. Increíble la gama de voces que es capaz de desplegar Kobna Holdbrook-Smith, una para cada actor perfectamente distinguible y asociada a la personalidad definida por el escritor. Es capaz de utilizar hasta las pausas para respirar y la propia respiración para definir cada párrafo. Me he quedado maravillada por su labor y esta valoración de la obra está muy influida por ella.
Mordew comienza de una forma muy dickensiana, con la vida diaria en los suburbios de la propia Mordew. Nos centraremos en el protagonista, Nathan Treeves, que a duras penas logra sobrevivir entre la miseria de los arrabales con un padre enfermo y una madre resignada a vender su cuerpo para mantener a la familia. Las estampas de hambre y desesperación son el impactante comienzo de la novela, pero pronto se empezarán a desvelar detalles sobre el trasfondo mágico de la novela. El barro que cubre el barrio está insuflado de vida y es capaz de crear criaturas mágicas de corta existencia. Además Nathan es capaz de utilizar magia y esta es una de las características por la que su vida se ve entrelazada con la del señor de la ciudad.
El libro está plagado de detalles muy curiosos, como las historias de origen de algunos de los compañeros de la banda a la que acabará uniéndose Nathan en busca de fondos para conseguir la medicina que podría curar a su padre. También es cierto que el tono macabro no dejará en ningún momento la narración, así como cierta crueldad respecto a los estratos más bajos de la sociedad. Hay magia de sangre, sacrificios, y una atmósfera en general lúgubre y desalentadora. La novela se puede considerar como el rito de madurez del propio Nathan, que vemos evolucionar conforme van pasando los capítulos, pero con muchas historias secundarias que dan más empaque a la propia novela.
El ritmo en ocasiones es bastante parsimonioso, parece un efecto buscado por el autor, por ejemplo en alguna de las peroratas que suelta Anaximandres (un personaje de lo más peculiar que no describiré en detalle pero que es uno de los mayores aciertos del libro) se puede ver como Alex Pheby se recrea en el uso del lenguaje para ralentizar la acción.
En algunas de las reseñas que he leído sobre el libro se hace hincapié en la especial importancia del glosario que acompaña el libro, pero en la versión que yo he escuchado esta parte no está incluida, por lo que no puedo juzgar si realmente complementaría de forma adecuada la lectura. El audiolibro se sostiene por sí mismo aunque me queda la curiosidad sobre qué nueva información podría aportar esta inclusión.
Al tratarse de la primera entrega de una trilogía resulta muy difícil evitar la sobreexposición al mundo que el escritor ha construido y parece que Pheby no intenta mitigar los efectos de este infodumping. Espero que en las continuaciones, con un mundo y unas reglas ya establecidas, el autor pueda centrarse más en la historia en sí y menos en el escenario.
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