En Chile vive, trabaja y escribe un tipo llamado Jorge Baradit. En 2005 la casualidad hizo que su primera obra Ygdrasil llegara a las manos de Ediciones B Chile. Al año siguiente la precuela de aquella historia, titulada Trinidad, ganó el primer premio UPC a la mejor novela corta de ciencia ficción y pasó a ser editada en España en 2007. De esta forma germinó la trayectoria literaria del chileno que, desde entonces, ha publicado Synco (2008), la obra juvenil Kalfukura (2009), CHIL3: Relación del Reyno (2010), la novela gráfica La policía del Karma (2011), y Lluscuma (2012).

El escritor chileno Jorge Baradit
Este diseñador gráfico vinculado al mundo de la publicidad y la comunicación, antiguo integrante de una banda de punk rock, Baradit entiende el lenguaje como una enfermedad de transmisión oral que lo posee y lo convierte en una energía creativa en estado puro. De este modo erige mundos alternativos, como un arquitecto cosmopolita programado por una tradición oral antigua, incrustada en la médula del continente que lo vio nacer, y regurgitado al calor de los tiempos modernos, contradictorios y mareantes. Profundamente comprometido con la realidad social del país que lo parió, Baradit es un ser hiperactivo, una anomalía ocurrente, un demiurgo freelancer, un espíritu terabyte, un jongleur de la vida que nunca cesa de concebir y contar lo concebido, porque no hay nada más sublime que crear algo de la nada. Después de todo, y como dijo el argentino Isidoro Blastein, “A lo mejor escribir no sea más que una de las formas de organizar la locura”.
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Pero el autor es el británico Reggie Oliver. Eso lo explica todo. Conocí a Oliver a través de la antología de cuentos weird Sui Generis de la editorial Fata Libelli. Aquel título incluía la maravillosa “Ynys-y-Plag” de Quentin S. Crisp, una historia tan turbadora que aún me hace revolverme en la silla cada vez que pienso en ella. En aquel momento se me hizo imposible reseñar con justicia los tres cuentos incluidos –“THYXXOLQU” de Mark Samuels era el tercero-, de los cuales el primero era “Señora Medianoche” de Oliver. Debo reconocer que no llegó a conmoverme demasiado aquel relato, aunque es cierto que admiré la prosa del británico, elegante y precisa.
La hibridación de géneros es algo que aplaudo y que me encanta leer. Creo que salir de la zona de confort tanto para lectores como para escritores es gratificante y siempre un soplo de aire fresco. Últimamente estoy teniendo la suerte de leer numerosas obras que trascienden el género, o que aportan detalles de otros géneros para sumarlos y hacer un producto diferente y original.
Dejadme que os diga que Santiago García Albás ha sido todo un descubrimiento.
The Best, de Tina Turner (