Rogue Protocol

Me temo que al personaje de Murderbot empiezan a vérsele las costuras o quizá el problema sea mío por haber leído esta tercera entrega demasiado pronto tras Artificial Condition.

Martha Wells sigue utilizando los mismos métodos para que avance la trama y para que conozcamos más al personaje. Si antes nos encontramos con un personaje como ART, en esta ocasión el robot con el que contrastamos es Miki, prácticamente un miembro de la familia de los trabajadores de la colonia a la que Murderbot va a continuar con su investigación.

El problema es que los recursos que en un principio podían parecer interesantes, cuando se repiten tanto acaban cansando. Se me han hecho insufribles los constantes paréntesis con los que se van apuntillando las frases de la protagonista, ya conocemos su tono irónico así que no creo que sea imprescindible seguir ahondando en la herida. Por otra parte, esta tercera entrega cae en un sentimentalismo demasiado evidente, forzando la mano del lector hasta casi provocar la reacción contraria a la buscada.

Como contrapunto, las escenas de combate están muy bien narradas, con un punto de tensión que favorece mucho la lectura, y con algunas intrigas que aunque no son muy complejas sí que le dan vidilla al libro.

No puedo decir que espere con ansia  la siguiente y última entrega de los diarios de Murderbot, porque necesito descansar de esta historia. Pero tampoco negaré que me gustaría ver a qué conclusión llega la autora con las pistas que ha ido sembrando entre todos los libros. Espero que el final de la serie vuelva a alcanzar un nivel aceptable para dejarme buen sabor de boca.

The Descent of Monsters

Hay ejemplos muy buenos del estilo epistolar, esas novelas escritas como páginas de diario o extractos de noticias y cartas. Sin tener que hacer mucha memoria, me acuerdo de El imperio de Yegorov, por ejemplo o de Snakewood aunque reconozco que este último no es tan bueno.

Pero no era lo que me esperaba de la nueva entrega del Tensorate de JY Yang y me costó entrar en el juego. No digo que no esté bien escrito, si no que mis expectativas eran otras. Afortunadamente el desarollo de la historia es lo suficientemente intrigante y atractivo como para que me pudiera sobreponer a esta pequeña e injusta decepción. Además, hay que reconocer la habilidad de el/la autor/a para manejar distintos registros según a quién esté dirigida la carta o el diario, desde la sumisión más abyecta al poder al caracter furioso del diario destinado a plasmar los hechos que ocurren.

The Descent of Monsters gira en torno a la investigación de un suceso luctuoso acaecido en una remota instalación de investigación. El gobierno intenta tapar tanto las muertes como el trabajo que se estaba llevando a cabo en la facilidad, así que el encargado de investigar se ve atado de pies y manos, con informes censurados, datos desaparecidos y en general, sin ninguna colaboración.

Me gusta la nueva dirección que toma JY Yang, ampliando nuestros conocimientos sobre el Tensorate y añadiendo algunos elementos más de la historia, pero sin llegar a avanzar realmente en el meollo de los dos primeros libros. Es como si se hubiera detenido para coger carrerilla para las siguientes entregas y mientras nos hubiera ofrecido un espectáculo colateral, en espera de la traca final.

El mundo mágico sigue sin estar perfectamente definido, con lo que rompe con el estilo actual de explicarlo todo con reglas (muy Sandersoniano). Aparecen los personajes que ya conocimos en The Red Threads of Fortune y The Black Tides of Heaven, pero no son los protagonistas. Una decisión a mi entender acertada, ya que hace que el lector no se encuentre perdido en la historia, pero tampoco dependa por completo de las lecturas anteriores para disfrutarla.

Estoy deseando saber con qué nos sorprenderá la próxima vez JY Yang.

The Soldier

Sentía curiosidad por leer más cosas del universo creado por Neal Asher, porque aunque al final flojeaba, la trilogía que comenzó con Dark Intelligence tenía muchas partes que apelaban a mi fanatismo por la space opera.

The Soldier da comienzo a una nueva trilogía donde entra en juego un factor desequilibrante. La tecnología Jain, de la que hemos oído hablar con anterioridad pero de cuyas acciones no habíamos sido testigos directos (al menos en los libros que yo conozco de Asher, que obviamente no son tantos). Y es que “algo” que ha dejado atrás una civilización muy avanzada para ir destruyendo las nuevas civilizaciones galácticas que vayan surgiendo es una amenaza muy a tener en cuenta.

Tomando como excusa este grave peligro, Asher sigue ahondando en algunas de sus obsesiones. El desfile de personajes parece un muestrario de diferentes formas de locura y traumas, provocados principalmente por la hibridación de especies. Vemos como algunos de ellos son mezcla entre IA, humanos, prador, son víctimas de virus que les mutan… Casi casi un desfile de atrocidades.

También somos testigos del abismo insoslayable que diferencia a los humanos de las inteligencias artificiales, aún con aumentos neuronales no consiguen seguir el juego de estas mentes superiores, capaces de planificar con décadas de previsión y de cuantificar el valor de cada posible resultado de sus acciones.

Destacaría especialmente las explicaciones biológicas de algunas de las nuevas especies que aparecen a lo largo del libro. Concretamente la morfología de la autollamada “Especie” me resulta fascinante, seres físicamente encadenados a sus vástagos que conforman una sola unidad y que son capaces de mutarse a sí mismos para cumplir nuevas funciones.

También merecen la pena las descripciones de los enfrentamientos armados, con una tecnología tan avanzada que a veces resulta difícil de seguir. Sin embargo, le falta ese personaje central sobre el que gira toda la historia, ese Penny Royal que atrae y repele a todos los actores de la escena. Se trata de una obra más coral donde varios personajes representan su papel.

Se nota que es la primera entrega de una trilogía porque Asher despliega muchos hilos, personajes y escenas que quedan en vilo a la espera de la continuación. No se puede entender The Soldier como una obra completa ya que no tiene un final satisfactorio, pero sí como el comienzo de una llamativa historia que tengo intención de seguir leyendo.

Candy

Lavie Tidhar fue tan amable como para hacerme llegar un copia electrónica de Candy, su nueva novela para un público infantil. Candy es una nueva muestra de la versatilidad del autor, capaz de escribir libros muy duros como The Violent Century, fix-ups maravillosos como Central Station o esta pequeña joyita.

Candy es una novela de detectives, una de las obsesiones del autor. El comienzo no puede ser más típico y tópico de estas historias, donde el investigador recibe la visita en su despacho de un miembro poco recomendable de la sociedad que solicita su ayuda para un caso. Pero Tidhar cambia los papeles y el escenario, utilizando una protagonista femenina de unos doce años y una búsqueda de un objeto muy preciado, un osito de peluche. Que el despacho sea el cuarto de aperos del jardín de la madre de Candy es otro detalle más dentro de una larga cadena que nos va a mantener entretenidos durante un rato.

Del mismo modo que las novelas noir situadas durante la ley seca muestran que la ilegalización provoca mayor interés por lo prohibido, en la ciudad de Candy no se pueden tomar dulces por orden del alcalde, así que todos los niños andan como locos por conseguirlos. Se han creado auténticas mafias infantiles para el tráfico de estas sustancias adictivas. ¿Quizá el osito de peluche ha sido víctima de un secuestro organizado por estos hampones en potencia?

El libro no es complejo ni lo pretende, pero es divertido y en algunos momentos aleccionador. Sus personajes son totalmente creíbles, esas mentes infantiles que se están preparando para dar el salto a la adolescencia, que comienzan a ver cómo funciona el mundo a su alrededor y no les gusta lo que ven. Pero aún les queda inocencia para reirse en el momento inoportuno y para confiar ciegamente en otras personas.

En el libro también aparecen policías corruptos, políticos con agendas ocultas y tramas urbanísticas. Es sorprendentemente actual a pesar de que la base de partida pueda parecer estrambótica.

Quiero hacer también mención de las ilustraciones que acompañan el texto, obra de Mark Beech, que me encantan. Me recuerdan a las del Pequeño Nicolás en las ediciones que leí hace mucho tiempo, un poco socarronas pero muy agradables a la vista. Parecen esquemáticas pero no lo son ni mucho menos. Acompañan la lectura muy bien, añadiendo un entretenimiento visual. Entiendo que su principal objetivo son los niños y pienso que les van a gustar.

Creo sinceramente que Candy es un libro que merece la pena leer y no me parecería descabellado apostar por su publicación en español.

El jugador impasible

Las nuevas publicaciones de Víctor Guisado son una cita ineludible en mi calendario, así que cuando salió a la venta este libro sabía que pronto iba a leerlo.

El jugador impasible y otros gritos camuflados de relato contiene cinco historias de diferente longitud. Uno de ellos fue mi puerta de entrada al autor y ya lo comenté en su momento, así que me  lancé a por los otros cuatro.

El tono de los relatos es distinto a lo que ya conocía de Víctor. A diferencia de la historia de Me tragó el igualma, estos gritos camuflados de relato son menos intimistas y quizá más reinvindicativos. El primero es extremadamente corto y puede servir de introducción para los demás, que no poseen un hilo conductor común, a no ser que sea el espíritu de superación humano.

La prosa de Víctor continúa enamorándome. A pesar de la aparición de algunos párrafos realmente largos, el uso magistral de las comas nos permite continuar con la lectura que podría volverse farragosa en otro caso.

Su forma de escribir tiene una musicalidad quizá más propia de la poesía, algo que consigue con palabras comunes y otras que no lo son tanto, pero sobre todo con una descripciones que sin llegar a ser exhaustivas si forman imágenes claras, quizá por las comparaciones originales y arriesgadas que hace.

No estoy segura de haber entendido en su totalidad el mensaje de los relatos, especialmente “El supermercado errante”. Me parece un alegato contra la pérdida de tiempo, pero entra un poco en conflicto con el mensaje de apreciar la belleza que se alega en “Los sueños de Alena” (que he de reconocer me ha recordado mucho en su parte final a un relato de Domingo Santos premiado con el Ignotus).

Quizá el relato que más impresión me ha causado ha sido el último, por tratar temas que me interesan mucho como la realidad virtual, por el uso de un narrador no confiable (que le viene a la historia como anillo al dedo) y por el mensaje que manda. En una aproximación distinta a la de Santiago García Albás y con una estructura de matrioshka, el autor nos relata una historia compleja con varios niveles de lectura, desde la visión postapocalíptica a la relación romántica con piezas que se engarzan en un collage que solo al final se desvela por completo. Complejo y absorbente solo por este cuento ya merecería la pena el libro, pero es que los demás también son interesantes.

Recomiendo este libro y en general, la obra de Víctor Guisado. ¿Para cuándo la siguiente publicación?

Infinity 8 : Amor y cadáveres

Infinity 8 es un proyecto que a priori me resultaba interesante. Dirigido por Lewis Trondheim, la idea es publicar 8 álbumes con equipos artísticos distintos pero con una base común, el viaje de una nave espacial con capacidad (limitada) de ver los futuros posibles y actuar en consecuencia para mejorar las perspectivas de supervivencia de los viajeros.

Al ser parte de un proyecto que se va a extender durante años, es importante que la primera entrega sea capaz de atraer nuestra atención y perdurar en la memoria hasta que esté disponible el siguiente capítulo.

La narración es un homenaje a las historias pulp de mediados del siglo pasado, cuando el rigor científico se dejaba a un lado para ofrecer más aventuras espaciales y diversión sin complicaciones. En este caso, ese marcado tono aventurero nos puede parecer un poco desfasado. La ciencia ficción ha avanzado mucho y quizá volver la vista atrás tanto quizá sea un punto en su contra, al menos para mí. Aunque la protagonista es una mujer, las constantes referencias sexistas a su físico, que resulta atractivo para cualquier macho alienígena que le cruce tampoco ayuda mucho. Me gustaría pensar que se enfoca este tratamiento como ironía, pero no soy capaz de verle la gracia.

La imaginación de los autores es innegable. Tomando como referencia ineludible a Valerian, desfilan antes nosotros todo tipo de extraterrestres, que en un arranque de optimismo son capaces de compartir el viaje sin apenas conflictos. Pero llega un momento de crisis en el que afloran los instintos más bajos y la tripulación ha de hacer frente a los problemas con soluciones cuando menos “imaginativas”.

En el aspecto gráfico, tanto el dibujo como el color acompañan perfectamente a la historia. Los estudios de personajes exploran nuevas anatomías alienígenas ajenas al típico BEM o al más típico todavía alien antropomórfo. La arquitectura de la nave está poco definida, ya que los amplísimos espacios interiores invitan  a pensar más en un hábitat planetario que una nave de transporte, pero cuando se sale al exterior se compensan estos defectos con un despliegue pirotécnico de recursos visuales bastante impactantes.

Entiendo que el guión flojea en varios aspectos y me gustaría pensar que en las siguientes entregas se va a corregir el rumbo, ya que mi curiosidad todavía persiste.

Redemption’s Blade

Hoy vamos a hablar de un libro que ha creado mucha expectación y para comentarlo hemos decidido utilizar un formato novedoso en el blog. Como hemos podido disfrutar de la lectura de Redemption’s Blade tanto Antonio Díaz como yo, hemos pensado transcribir esta conversación que hemos tenido respecto al libro. Espero que os guste.

Antonio: ¿No te parece inusual comenzar un libro por el final? En Redemption’s Blade, Tchaikovsky empieza la historia cuando el “malo final” (Kinslayer) ha sido derrotado.

Leticia: Aunque es original en cierto punto, el comienzo de El Imperio Final de Brandon Sanderson parte exactamente en el mismo punto. Luego el desarrollo no sigue los mismos derroteros, afortunadamente. Yo lo que más destacaría del libro es el worldbuilding, ¿no crees?

A: Estoy de acuerdo. No sólo el worldbuilding es interesante y se aleja del canon tolkeniano (nada de elfos ni enanos, aunque hay una especie de orcos) si no que introduce muchas culturas, leyendas, fragmentos de mitología a los que da consecuencias o aplicaciones prácticas en la novela.

L: Creo que es un trabajo muy admirable, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un universo compartido. La siguiente entrega de la saga After the War correrá a cargo de otra autora, en este caso Justina Robson. El hecho de que Tchaikovsky cree un mundo tan rico y que no sea solo para su provecho nos da una idea de su generosidad. Que sepamos, no existía una guía sobre la que trabajar, si no que ha dado rienda suelta a su imaginación.

A: Creo que la mejor prueba de que la editorial le ha dejado mucha rienda suelta a podemos ver en los Kelicerati, esa mente colmena de arañas que el Kinslayer deja sueltas por el mundo. Son consideradas enemigos por todos los bandos pero no son malvadas en realidad. Es una muestra de los grises de la novela.

L: Lo cierto es que en la novelas de fantasía más actuales estos grados de bondad y maldad, esos grises a los que te refieres son una parte fundamental. No es que sea especialmente sorprendente que el autor pervierta los estereotipos habituales de héroes y villanos, pero lo hace de una forma muy acertada y consecuente. El origen del viaje de la heroína está parcialmente fundamentado en su búsqueda de relevancia tras la guerra, aunque intente autojustificarse con otras razones.

A: Y esa es Celestaine, la protagonista, y la que se supone heroína que derrotó al Kinslayer y la que todo el mundo toma como referencia. En Redemption’s Blade, Tchaikovsky introduce muchos personajes supuestamente heroicos que no lo son realmente. Gran parte del libro se invierte en estudiar esas figuras… y digamos que no sale ninguno bien parado. La guerra contra el Kinslayer sacude los cimientos del mundo y saca lo mejor y lo peor de cada uno.

L: Hablando de los personajes, hay dos secundarios que me encantan. Se trata de Catt y Fisher, dos ancianos coleccionistas de objetos mágicos. Aparte de su conocimiento enciclopédico sobre cualquier antigualla o adminículo con poder mágico, me resulta muy interesante también su rebuscado uso del idioma, que da lugar a situaciones cómicas muy divertidas. A veces parece que necesitan traducción simultánea para hacerse entender. El humor es algo que Tchaikovsky utiliza en muchas de sus obras, y aunque en este caso no era fácil hacerle hueco lo logra. Parece que ha utilizado el generador de misiones aleatorias del Skyrim para crear los nombres de los cacharros mágicos. ¿Te hicieron reir a ti?

A: Catty y Fishy, como se llaman el uno al otro, son desternillantes. Sí que me arrancaron alguna risa. No es un libro que permita mucho humor, porque el mundo está demasiado ocupado lidiando con las consecuencias del final de la guerra, con enemigos que se volvieron aliados contra el mal común y que ahora vuelven a mirarse con desconfianza y sociedades que se han virado hacia el fascismo. Y aún así, te ríes. También juega muy bien con los giros argumentales y las sorpresas.

L: Si, los giros argumentales están bien, pero el hilo conductor de la historia es prácticamente inexistente.  La razón de la “aventura” parece mucho menos apremiante que otros problema acuciantes que hay en el mundo y la sucesión de lugares por las que discurre su viajes son cuando menos aleatorios y sin mucho sentido. Quizá buscaba mostrarnos una variedad de localizaciones, para dar más lucimiento al mundo creado, pero al final el nexo de unión entre los capítulos es prácticamente inexistente.

A: Al igual que pasa con Spiderlight, Redemption’s Blade parece más una campaña de juego de rol de papel y lápiz transformada en novela que otra cosa. Sin duda es una excusa para poder mostrar el mundo a los lectores. Y hablando de Spiderlight, yo diría que ambas novelas tienen mucho en común (además de las arañas). Un grupo de héroes no tan puros, un enemigo imbatible (el Dark Lord en Spiderlight y el Kinslayer en Redemption’s Blade), multitud de localizaciones, un humor muy fino y un worldbuilding muy trabajado con un sistema mágico un tanto difuso.

L: Sí que parecen cortadas por el mismo patrón, aunque sería injusto decir que todas las novelas del autor son iguales (mira Children of Time sin ir más lejos o Guns of the Dawn). Además, si un modelo funciona, ¿por qué no volver a usarlo? No me parece un autor encasillado si no un escritor con un marchamo propio reconocible por el lector. ¿Esto es una señal de calidad en tu opinión?

A: De calidad y de una gran producción. Tchaikovsky se estrenó en el mercado con su decalogía de Shadows of the Apt, pero ya había escrito varias novelas que nunca se vendieron. No tiene que haber muchos escritores a tiempo completo que puedan mantener una versatilidad de géneros, temas y formatos tan amplia (quitando Sanderson, siempre quitando Sanderson). ¿Te leerás la continuación con Justina Robson, Salvation’s Fire?

L: He de reconocer que me llevé un chasco cuando supe que no lo seguía el mismo autor porque me estoy volviendo muy fan de Tchaikovsky. No conozco la obra de Robson, aunque Aliette de Bodard la recomienda mucho. Creo que sí la leeré porque el mundo es muy interesante, pero tengo algo de reserva sobre su contenido. ¿Y tú?

A:  También ha sido una sorpresa para mí, desde el principio tenía la idea de que Tchaikovsky continuaría esta serie, pero admito que como hace muchos años que no he leído una serie de múltiples autores la curiosidad me puede. (Si te estás preguntando a que serie me refiero… tengo un pasado oscuro con la Dragonlance).  La excusa perfecta para conocer a Robson.

¿Os ha gustado el formato? Espero vuestros comentarios y como para mí ha sido un placer compartir la lectura con un entendido como Antonio, no descarto volver a esta idea en un futuro.

Artificial Condition

Continúan las aventuras de Murderbot, que han tenido muy buena acogida entre el público y que tiene prevista hasta cuatro entregas de las que os hemos ido informando puntualmente.

En esta ocasión, la protagonista necesita hacer auto-stop para llegar a una estación determinada para proseguir con sus investigaciones sobre su pasado. La forma de conseguir que la lleven es muy 3.0, ya que compra su pasaje dejando acceso a sus recursos audiovisulaes a la inteligencia que pilota la nave. Vamos, como si te dejo mi clave del Netflix mientras compartimos viaje. Pero lo que en un principio puede parecer una simple transacción comercial deviene en una relación más profunda, con un invitado que en muchas ocasiones roba el protagonismo a la propia Murderbot. Y es que ART, este nueva inteligencia artificial que conocemos, es muy distinta. Para empezar es mucho más inteligente, pero es menos “humana” en el sentido de que no posee la capacidad de empatizar, o al menos no la ha desarrollado. Necesita estudiar las reacciones de Murderbot para entender el entretenimiento multimedia que ha conseguido. Este aprendizaje se convierte en un tema recurrente en el libro. Pero sus otras capacidades compensan de sobra estas carencias. Hay veces que es capaz de robar los planos más importantes que deberían haber sido terreno de Murderbot, así de potente es el personaje.

La historia en sí es más normal. Con el humor irónico del que hace gala Wells en la saga, Murderbot es capaz de hacernos reír sin pretenderlo, con sus interpretaciones un tanto peregrinas del pensamiento humano. Ayuda a un grupo de trabajadores a intentar recuperar parte de su trabajo aunque sabe que se encaminan a una trampa, pero la casi simbiosis que consigue con ART hace el libro muy entretenido de leer.

No pasará mucho tiempo antes de que lea el siguiente, Rogue Protocol.

A Gathering of Shadows

Hace unos días me acordé del leitmotiv de uno de los personajes de A Darker Shade of Magic : “Nunca se tienen demasiados cuchillos” y como me apetecía leer algo de fantasía para desconectar del mundo, empecé a leer A Gathering of Shadows.

A Gathering of Shadows adolece del síndrome de segundo libro claramente, aunque la autora es lo suficientemente hábil como para volver a presentarnos el mundo sin necesidad de repetir machaconamente los preceptos de la magia como sí hizo en la primera entrega. También utiliza algunos tropos de fantasía más que conocidos (¿torneo de magos?, ¿de qué me sonara eso?) y el final del libro es un cliff-hanging de juzgado de guardia.

El torneo sobre el que bascula la historia es una excusa muy habitual para unir a distintos miembros de reinos que aunque no sean enemigos tampoco tienen que tener unas relaciones demasiado cordiales. Parece un poco extraño que se comience con treinta y seis contendientes que se enfrentan en duelo para luego cambiar a peleas de tres en tres, mezclando un sistema round-robin con eliminación por puntos, pero está claro que a la autora le interesaba en un primer lugar enfrentar a dos oponentes y luego a tres. El torneo es mío y lo monto como quiero.

Pero todos estos puntos negativos dan igual cuando las páginas del libro pasan volando. La acción está bien dosificada, los diálogos son interesantes y se nota oficio, mucho oficio como escritora.

Otro punto fuerte es la presentación de personajes bisexuales que se tratan con total normalidad, no es nada que se deba ocultar del mundo. La relación amor-odio fraternal también está muy bien reflejada, tanto más cuando el nexo de unión entre Kell y su hermano es uno de los pilares del libro. Y es maravilloso encontrarse con un personaje femenino muy potente que hace de contrapunto frente al resto de caracteres.

A Gathering of Shadows es una fantasía más adulta y gris que This Savage Song, por ejemplo, lo cual nos permite disfrutar de un entretenimiento divertido y ameno.

Yo, Robot de Raúl Cuadrado

El otro día me trajeron el tebeo Yo, Robot a casa como un pequeño regalo sabiendo que Asimov fue mi puerta de entrada a la ciencia ficción. Me es muy difícil valorarlo como obra individual porque realmente su lectura para mí ha significado un ejercicio de nostalgia, despertando recuerdos de una época cada vez más lejana.

Yo, Robot adapta al cómic tres relatos de la serie de historias de robots de Isaac Asimov, tomando como hilo conductor una supuesta entrevista a Susan Calvin. Pero esta entrevista en realidad es una excusa, una introducción que solo da pie a los relatos en sí, sin que se aporte prácticamente nada nuevo a la historia.

Los relatos escogidos son de los más característicos de la obra del buen doctor y algo dirá a su favor el hecho de que solo con leer los títulos ya sabía qué iba a pasar, a pesar del mucho tiempo transcurrido desde su lectura. Los guiones son correctos, resumidas pero sin quitarles apenas detalles.

En el aspecto gráfico, la paleta limitada de colores escogida así como el formato apaisado, es un homenaje a la nostalgia, a esas tiras cómicas que se publicaban en los periódicos y que tantas buenas obras nos han servido. Se adapta como anillo al dedo a unos relatos que también son de los años 40, si la memoria no me falla. Se puede notar la influencia de Ives Chalande y de Mique Beltrán en la definición de los personajes y el nivel de atención en el detalle tecnológico consigue captar la atención.

No sé si la obra tendrá interés para un lector que se mueva fuera de estos parámetros nostálgicos con los que estoy midiendo la obra, no sé si será atractiva para las nuevas generaciones precisamente por esa estética aparentemente desfasada. Lo que sí sé es que para mi ha supuesto una lectura emotiva y amena.