To Cage a God

Con las lecturas del año pasado me di cuenta de que una parte nada desdeñable de lo leído pertenece al género romantasy, algo que me sorprendió pero que luego, con más reposo, vi que tenía mucho sentido. En la fantasía actual hay mucha tendencia a incluir tramas amorosas, a usar el enemies to lovers y en general, a dar más importancia a las relaciones interpersonales. To Cage a God es un buen ejemplo de esto.

Elizabeth May le da un barniz imperial ruso a su fantasía asemejando su mundo a los últimos años de los zares de Rusia. Es por lo tanto algo previsible parte del desarrollo de la historia, aunque la parte mágica sí que es más original. El poder que ostentan las clases más altas deviene de su relación con los dioses que habitan sus cuerpos, encarcelados de forma hereditaria. Resulta también interesante el paralelismo con la hemofilia de las familias reales de la época, que se refleja también en este mundo fantástico. Somos testigos de la magia y de la crueldad de la emperatriz en el primer capítulo, cuando asistimos a la destrucción de un pueblo entero en un ataque de ira.

Por otra parte, los rebeldes también han llevado a cabo sus experimentos mágicos y han conseguido que dos personas tengan un dios en su interior y puedan ejercer la magia, sin haberlo heredado genéticamente. To Cage a God nos irá mostrando la lucha de poder entre ambos estamentos.

Lo que parece ser muy interesante al principio, pronto se desinfla. Los personajes aparecen muy acartonados, y las relaciones entre ellos son previsibles en exceso. La trama está muy centrada en el palacio y la infiltración que llevan a cabo los rebeldes es, cuando menos, peregrina. La lectora del audiolibro, Sofia Engstrand, hace lo que puede, pero es que el material de partida es bastante pobre. Me temo que hay una acumulación de clichés importante y aunque reconozco que pueden resultar de interés las tramas amorosas, a mí me han dejado bastante fría. Tampoco es que se pueda destacar mucho la prosa de la autora. Es un libro perfectamente prescindible.

The Black Crescent

Tengo un amigo que dice que está enamorado de Marruecos: su cultura, su gastronomía, sus paisajes… Pues no me cabe duda de que a Jane Johnson, la autora de The Black Crescent, le sucede lo mismo. Basta con leer algunas páginas de su libro para ver que está escrito desde la admiración y el amor.

Vaya por delante que a pesar de la mención de djinns en la contraportada del libro nos encontramos ante una novela de ficción histórica, maravillosa pero que solo estrechando mucho los límites del género podríamos definirla como fantástica.

El momento temporal en el que se desarrolla la novela es el protectorado francés de Marruecos tras la segunda guerra mundial, un momento de gran inestabilidad política pero que, al menos para mí, es muy desconocido. El personaje principal es Hamou Badi y quizá su principal característica es lo buena persona que es. Un suceso de su infancia en una aldea perdida le empujará a una carrera como policía en la Suretè francesa, y esa dualidad entre su origen y su trabajo, le sitúa en una posición muy incómoda cuando los movimientos nacionalistas van resurgiendo con mayor fuerza. No obstante, su bonhomía se verá recompensada con creces por casualidades de la vida o por la influencia de los djinns.

Jane Johnson tiene una capacidad asombrosa para hacernos empatizar con los personajes, pero, sobre todo, para imbuirnos en la ambientación de cada escena. La descripción de los platos que prepara la vecina de Hamou, por ejemplo, haría salivar al más desganado. De la misma forma es capaz de describir la depravación y maldad de algunos personajes para que los odies de forma visceral, pero sin tener que recurrir a la casquería. La crítica a la sociedad colonialista está muy presente en el libro, ya que la autora decide resaltar más los valores de la cultura autóctona, concediendo en ocasiones las ventajas que han aportado los franceses, pero poniendo en duda que compensen la explotación brutal de los recursos de país africano.

The Black Crescent es un libro de cuatrocientas páginas, pero os puedo asegurar que se lee en un suspiro y que reconforta el corazón. Lo recomiendo mucho.

Afterworld

Al escribir esta reseña me debato entre lo poco que me ha gustado el libro y las sensaciones de angustia y repulsión que ha conseguido provocarme, ya que entiendo que hay que reconocerle esa capacidad de generar desasosiego y aprensión.

Afterworld es una novela apocalíptica en la que para preservar la vida en la Tierra y acabar con el cambio climático una IA decide acabar con la causa del problema: los humanos. Su solución es liberar un virus que esteriliza a toda la población humana y dejar que siga su curso. Lo peor no es eso, lo peor es que aplicando una lógica retorcida y malsana decide ser testigo de la existencia de los últimos seres humanos para dejar constancia de su existencia en la realidad virtual a la que supuestamente volcará las consciencias humanas.

En este libro no veremos héroes que se enfrenten contra su destino, si no que seremos testigos de suicidios en masa, hartazgo de vivir y desesperación por cada esquina. Le reconozco a Debbie Urbanski su capacidad para remover tus entrañas y hacértelo pasar mal.

No obstante, el resto del libro me parece un despropósito. Desde la elección del narrador, una IA encargada de novelar la vida de la última superviviente a la propia forma de contar la historia, con repeticiones y listas insoportables, con una especie de lógica fría que se aplica a cada párrafo pero que luego se rompe cuando quiere, con una obsesión enfermiza por el objeto de estudio… hasta el uso de recursos poco amigables como las definiciones de diccionarios, la reiteración insufrible de las descripciones de las acciones, la manipulación de la realidad, el abuso de los entornos de realidad virtual.

Y llegas al final del libro y te encuentras una relación “amorosa” enfermiza y tóxica que ya termina de rematar el mal cuerpo que te había dejado el libro.

Como detalle curioso, la autora menciona en los agradecimientos a Chat GPT.

Beautyland

A menudo me resulta más fácil darle una oportunidad a una obra de la que no tengo referencias si el formato en que lo leo es audiolibro, quizá porque lo puedo compatibilizar con otros temas de mi vida diaria o quizá porque la labor de los lectores profesionales es casi siempre bastante destacable. El caso es que he escuchado Beautyland sin demasiadas expectativas y aunque reconozco que es una novela bien escrita y entretenida, el barniz que tiene de ciencia ficción me parece una excusa para que Marie-Helene Bertino haga un repaso por los últimos cuarenta años de historia norteamericana y cómo los cambios van afectando a la vida de las personas, pero no esperéis encontrar especulación.

La premisa de la que parte es que, coincidiendo con el lanzamiento de la sonda Voyager 1, nace en Filadelfia una bebé que en realidad es un alien enviado para conocer la vida en la Tierra y comunicar sus investigaciones mediante faxes (sí, habéis leído bien, faxes) a sus superiores.

El libro sigue las aventuras y desventuras de Adina a una vida tan anodina como plausible, mientras intenta descifrar el sentido de la vida humana y cumplir su misión, aunque nadie le ha dado un manual de instrucciones sobre cómo hacerlo. Beautyland se transforma por tanto en una novela de rito de madurez, una exposición sobre lo bello y lo grotesco de la vida humana y sobre todo, una exquisita muestra de la alienación y de la otredad que siente un ser que se considera ajeno a todo esto.

La labor de la lectora Andi Arndt es muy buena, porque consigue imprimir al libro una pátina de frialdad, por definirlo de alguna manera, que se ajusta perfectamente a la forma de ser de la protagonista.

La novela tiene una estructura fragmentada, con idas y venidas temporales que nos permite ver el collage que forma la vida de Adina, pero también la de los compañeros de su viaje por el planeta Tierra. Los secundarios que la acompañan, desde su madre hasta Carl Sagan (por la obsesión de la protagonista con su figura no porque aparezca como personaje), están trazados de forma elocuente y resolutiva, para ayudarnos a situar en el espacio y el tiempo las aspiraciones de Adina.

Beautyland es un canto a la individualidad y al ser diferente.

The Black Coast

He disfrutado muchísimo con The Black Coast, una obra que a pesar de no ser una novedad muy reciente o precisamente por eso y por tener ya publicada toda la trilogía ha entrado en mi radar. Y me considero afortunada por ello, porque es una historia fantástica con perspectiva de género, con algo de magia y con un uso del idioma que parece chocante al principio pero que luego encaja perfectamente en el relato.

El libro comienza con lo que parece una escaramuza más de las muchas que sufren los poblados costeros de Narida, a manos de los temibles Irwenians. Esto nos puede recordar mucho a los ataque vikingos a las costas británicas y no iríamos muy desencaminados si no fuera porque Mike Brooks decide que los invasores en este caso vienen en son de paz, buscando asentamiento lejos de sus propias tierras, que penden amenazadas por un poder superior. Un poco como los movimientos de los pueblos germanos que se vieron empujados por los hunos a bajar por Europa.

Décadas de recelo y de mala sangre, así como el código de honor de los invadidos impedirían inmediatamente un entendimiento, pero el sentido común, quizá el menos común de los sentidos, prevalece y se llega a un acuerdo tenso e inestable para ambas sociedades. Pero que la sangre no llegara al río de primeras no significa que las diferencias culturales no dejen de provocar conflictos, para los que se necesitará mucha mano izquierda, sobre todo cuando se de a conocer el acuerdo al que se ha llegado entre los responsables de cada facción.

Sin entrar mucho más en el meollo de la novela, me gustaría hablar un poco más sobre cómo está escrita. Los dos pueblos que cruzan sus caminos hablan lenguas distintas y su concepción del mundo es tan distinta que a veces resulta casi imposible entenderse, por no poder expresar ideas que no tienen acogida en el idioma que se está aprendiendo. Por ejemplo, la cabecilla de “los invasores” empezará a llamarse a sí misma hombre porque en el idioma de Narida es imposible que una posición de poder la ocupe una figura femenina. Para esta situación quizá un tanto rocambolesca, el autor hace uso de un singular mayestático y varias perífrasis para reforzar el género percibido, que no tiene por qué ser el biológico. Como cuando se dice: “pues esta hermana tuya me dijo no sé qué ” en vez de decir “pues Lola me dijo no sé qué”. Como si hacer uso de los nombres propios no fuera suficientemente explícito en el lenguaje. Es una cosa muy curiosa y que a pesar de la extrañeza que cause en un principio, una vez se entra en el juego te permite entrever lo que piensan los personajes a través de los diálogos sin necesidad de monólogos interiores.

El clan invasor no conoce el papel y no tiene registros escritos, lo que sorprende sobremanera a los habitantes de Narida, ya que se preguntan entonces cómo saben qué pertenece a cada uno. Y la respuesta es lapidaria: si una persona no sabe si una gallina es suya o no, es que no le hacía mucha falta desde el principio.

Aunque hay poca magia a lo largo de la novela, hay dos puntos de vista un poco más marginales a lo largo del relato que yo creo que tomarán mayor relevancia en las siguientes entregas y van dejado el camino sembrado para lo que pretende recoger Brooks. Yo al menos no creo que pase mucho tiempo sin leer el siguiente.

The Sins of Kings

A veces es la cubierta de un libro lo que te impulsa a leerlo, aunque no conozcas el autor. Esa mano que mueve como un títere una corona fue lo que me llevó a The Sins of Kings, aunque luego me encontrara un libro escrito con oficio, pero poco original en sus pretensiones. Esto es algo que me sucede cada vez más con la fantasía, me acabo cansando del reino pseudomedieval envuelto en intrigas palaciegas y guerras por el control del terreno con el toque de magia que corresponda.

Una mano que maneja como una marioneta una corona de rey.

Daniel Thomas Valente tenía una idea muy ambiciosa en mente cuando comenzó a escribir esta novela y la serie a la que da comienzo y no negaré que sale bien parado en cuanto a la ejecución, pero de ideas me parece que iba un poco más cortito, porque tanto la dinastía que lleva siglos en el poder como la heredera que se camufla para parecer uno más entre el pueblo llano no son de lo más original que puedas leer en el género. Hay diversos puntos de vista y están bien equilibrados, es solo que me suena a historia ya conocida y repetida hasta la saciedad.

Es cierto que trata algunos temas de más profundo calado social que las batallitas entre ejércitos, como el racismo y la desigualdad social, pero creo que le hacen un flaco favor al compararlo con la obra de Abercrombie, que le da sopas con honda. El libro está bien escrito y se ve que el escenario está bastante trabajado y nos deparará alguna sorpresa en las posteriores entregas. Tiene un primero capítulo impactante, que luego se ve lastrado por una bajada en el ritmo de la aventura, debido principalmente a la presentación de los personajes, que son muchos, y a los cambios de punto de vista, que quizá necesitarían una revisión.

También suena bastante tópico la existencia de una “amenaza que vuelve desde el pasado” y en general, el tono de la magia a la que se hace referencia en el libro es muy del siglo pasado. No creo que sea imprescindible explicar cada regla de la magia y aplicarla como axiomas en el desarrollo de un libro, pero tampoco me gusta el “lo hizo un mago” de Lucy Lawless en los Simpsons, dicen que la virtud está en el equilibrio y aquí al menos no lo encontramos.

Para ser una primera novela me parece interesante y le veo potencial a la historia, acompañada por una prosa atractiva. Espero que se desarrolle el mundo de una forma más interesante y que el autor sea capaz de aportar alguna idea más novedosa en la siguientes entregas de la saga.

Lonely Castle in the Mirror

Hay veces que lees libros que vienen con una vitola de fama que te acaba pareciendo injustificada, y eso es lo que me ha pasado con Lonely Castle in the Mirror. No negaré que Mizuki Tsujimura trata un tema de gran relevancia en el mundo actual como es el bullying, con unas estadísticas aterradoras en Japón, pero la forma de hacer es un poco facilona, sobre todo por lo infladísimo de la primera parte del libro, que aunque remonta en la fase final no acaba de compensar el aburrimiento de los dos primeros tercios de la lectura.

El castillo al que hace referencia el título es una zona a la que acceden desde los espejos de sus cuartos siete estudiantes con problemas en el colegio, hasta tal punto que han decidido no ir a las clases. Allí les recibe la Reina Loba, que les explica cuál será su misión: buscar una llave escondida que concederá a quien lo consiga un deseo.

No es que empiece mal, podría considerarse una fábula con un pátina antigua, pero es que los estudiantes rápidamente se desentienden de la búsqueda y se dedican a jugar a videojuegos, cuando van al castillo que tampoco es todos los días. Y aunque la autora va dejando algunas pistas, este tramo es insufrible porque imaginaos lo apasionante que puede ser leer como alguien ve a otros jugar a una consola. Vamos, que parece más interesante ver crecer el moho y mucho más ágil.

Hacia el final del libro sí que empiezan a especular sobre qué les ha reunido allí y qué características comunes pueden tener, lo que lleva a la conclusión de la novela, que con las pistas que ha ido dejando la autora desde el principio de la novela pues no resulta para nada sorprendente si no más bien inevitable. Es cierto que es un libro que quizá no está destinado a un público adulto pero aún así le hace falta una buena poda al principio. Ya digo que los temas que trata, como la salud mental y la creación de redes de amistad y apoyo contra el bullying me parecen muy relevantes, pero el desarrollo es soporífero.

The City of Stardust

Me está costando encontrar últimamente novelas de fantasía que no tengan un fuerte componente romántico y aunque The City of Stardust lo tiene más atenuado que otras, también está presente.

La novela sigue los pasos de Violet, la última descendiente de la familia Everly, criada por sus tíos ya que su madre desapareció siendo ella niña para intentar romper la maldición que pesa sobre la familia, ya que un miembro de cada generación desaparece por razones que no quedan muy claras. Violet, criada entre misterios, se empeñará en descubrir dónde está su madre y también cuáles son las causas de su futura perdición.

Georgia Summers utiliza de una manera muy inteligente la figura maternal ausente como un constante acicate para la curiosidad e incluso el instinto de supervivencia de Violet, pero descubre bastante pronto cuál es el juego de Penélope, la causa de todas sus desdichas. Que su supuesta salvación dependa de una persona que prácticamente no aparece en todo el libro mientras que su “torturadora” sí que se mantiene cerca, es una dualidad muy interesante y bien estudiada. Los típicos plazos de un año y un día que solemos relacionar con los pactos feéricos también están presentes en el libro, junto con un grupo de estudiosos que solo ansían conseguir más poder y que tendrán un papel decisivo en el devenir de la novela.

La narradora del audiolibro es Kitty Parker y realiza una muy buena labor sobre todo en la creación de ambientes decadentes con sus tonos velados y sugerentes. Su labor se ha visto sin duda favorecida por el uso elegante de la prosa del que hace gala Georgia Summers, que para ofrecernos su primera novela parece más veterana en estas lides.

Ahora bien, existen otros problemas durante la lectura. El ritmo desfallece en variadas ocasiones y parece que se estiran algunos capítulos innecesariamente. La definición de los personajes tampoco es el punto fuerte de la novela, porque aparte de Violet y Penelope, los demás quedan bastante difusos, incluso el interés romántico del que hacía mención en el primer párrafo, que es que casi ni me acuerdo de cómo se llamaba (Aleksander, pero he hecho trampa y he ido a consultarlo).

The City of Stardust es un libro que puede recordar algo a una fantasía de hace unas décadas, pero con una pátina de modernidad que si bien no lo convierte en una lectura imprescindible, sí que lo hace entretenido.

Generation Ship

Desde luego, no creo que le den vayan a dar un premio al título más original a Michael Mammay por Generation Ship, pero obviando este detalle nos encontramos con una novela de ciencia ficción escrita con oficio, entretenida y que también trata algunos otros tropos del género que no voy a mencionar aquí por ser parte del final del libro y evitar los destripes.

Generation Ship es ante todo una novela muy humana, pues a pesar de estar situada a una distancia increíble de la Tierra y a pesar de que han pasado siglos desde que la nave comenzó su periplo, lo cierto es que las tensiones, las rivalidades, el compañerismo y en general, las relaciones entre las personas no han cambiado un ápice. A pesar de encontrarse en una espacio confinado y con una misión pionera en la historia, sigue habiendo peleas y juego sucio por conseguir el ascenso, amor paternofilial, revueltas y sacrificio, curiosidad intelectual… En este sentido es un libro que perfectamente plausible hoy en día (salvo por el pequeño detalle de la nave generacional, pero eso son minucias).

El reparto, como no podría ser de otra manera, es coral. Asistiremos al desarrollo de los acontecimientos desde el punto de vista tanto de los altos mandos de la nave como de los técnicos que la mantienen funcionando, sin dejar de lado los granjeros que consiguen llevar el sustento a cada plato. Una visión muy completa, si bien algo idealizada, porque la base del conflicto en ningún momento es la tecnología y resulta difícil creer que nada falla en un viaje de siglos. ¡Eso sí que son ingenieros!

Mammay le da un tono más político a su relato que otros libros del mismo subgénero que se han publicado hace relativamente poco como Braking Day, cercano a la obra de Kim Stanley Robinson, Aurora.

Es cierto que es una obra que se puede hacer un poquito larga, pero creo que merece la pena sobre todo por la descripción que hace de lo que podría ser el día a día en una nave generacional y por la presentación y resolución de conflictos en ella. Además, en el último tercio del libro aparecen esos otros temas que mencionaba al principio de la reseña que le añaden algo más de picante al libro. Recomendable.

Talonsister

¡Qué bien me lo ha pasado leyendo Talonsister! Y mira que al principio me descorazoné un poco al ver que el audiolibro duraba 21 horas, pero la increíble valía del narrador Jot Davies unida un viaje bastante largo ha hecho que me lo haya ventilado en apenas 4 días.

Ya conocía la obra de Jenn Williams con The Ninth Rain, pero la dejé un poco de lado. Y lo mismo tengo que volver a ponerme con ella porque Talonsister es una obra muy redonda, aunque algo lenta en arrancar.

Lo primero que llama la atención de esta novela son los variados puntos de vista que la componen, que parecen no estar destinados a encontrarse nunca pero que nos permiten ir conociendo cómo es el mundo en el que se desarrolla la novela así como sus personajes. Y son unos personajes muy bien construidos, con los que es fácil identificarse y empatizar, a pesar de no ser pilares de la bondad y la virtud, pero es que nadie lo somos.

El mundo está claramente inspirado por el Reino Unido, solo con ver los topónimos que utiliza la autora este hecho es evidente (por lo visto, también tiene un mapa pero como yo lo que he leído es la versión audiolibro, este hecho se me ha escapado).

Quiero poner en relieve la extraordinaria labor de Jot Davies, que no solo insufla de vida los cuatro puntos de vista de la obra, es que a cada personaje, independientemente de su relevancia, le da una voz particular. Y, como he mencionado anteriormente, son 21 horas de audiolibro así que estamos ante una labor titánica (guiño, guiño, codazo, codazo, continuad leyendo para entender la broma). Si sois capaces de escuchar y entender un audiolibro en inglés, os recomiendo encarecidamente esta versión, parece que estás en un teatro.

El mundo que conoceremos en la lectura de Talonsister está habitado por humanos, pero aún queda una sola raza de los titanes que antaño poblaron todas las tierras, y esta raza son los grifos (la cubierta del libro también da un pista sobre esto). Aunque la mayoría del libro se desarrolla en territorio humano y las intrigas políticas y tejemanejes principales son entre humanos, los grifos están presentes y juegan un papel relevante.

Los cuatro personajes de los que hace uso Jen Williams para narrar su historia tienen el protagonismo repartido de forma muy equitativa y aunque puede que haya favoritismos por parte del lector, en ningún momento hay un cambio de personaje que resienta la narración. Ynis es una huérfana humana criada por grifos y nos dará un estupendo ejemplo de sororidad interracial y rito de madurez. Leven es una poderosa heraldo (superguerreros con poderes) que no recuerda su pasado y que no sabe lo que le deparará el futuro una vez relegada del servicio militar. Cillian es una especie de druida que tendrá que abandonar su amado bosque para acompañar a Leven y Kaeto es un espía especial del imperio humano al que asigna una misión especial de oscuro objetivo.

No me gustaría expandirme mucho más en el argumento porque, como digo, las maquinaciones y revelaciones del libro, sobre todo en su parte final, son de comerse las uñas hasta la altura del codo. Baste decir que una vez pasado el tercio inicial de la novela, que puede ser un poquito lento y pausado, todo se desliza por una pendiente de emociones digna del mayor parque de atracciones del mundo. Vamos, que estáis tardando en leerlo.