The Words of Kings and Prophets

Es un placer volver al mundo que Shauna Lawless ha creado en su saga Gael Song y que comenzó con The Children of Gods and Fighting Men y que ahora continúa con las mismas protagonistas y con algo más de magia, que era algo que eché de menos en la primera entrega.

Es una historia muy enraizada en la mitología y la historia irlandesa, con un ritmo pausado que se centra mucho en las intrigas políticas de los vikingos y los irlandeses, lo cual nos puede recordar a la fantasía de corte más clásico. Pero es muy importante el cambio de perspectiva que nos ofrecen las dos protagonistas de la novela, que aunque siguen siendo ninguneadas por ser mujeres vemos cómo poco a poco se van empoderando y tomando decisiones que no son las que esperan sus familiares varones, aunque tengan que hacerlo de tapadillo.

La autora también concede gran importancia a la controversia del tráfico de esclavos, generalizada entre los vikingos y supuestamente prohibida entre los irlandeses, pero cuando se centra la visión en el motor económico de los reinos es cuando se resquebrajan las costuras de la falsedad en la que están instalados estos últimos. Lawless ha decidido dejar un poco de lado el conflicto entre paganos y cristianos en esta segunda entrega, sigue estando presente pero no juega un papel fundamental. Digamos que ahora todo gira alrededor de quién se podrá proclamar rey de reyes, con las nuevas generaciones pisando fuerte.

También ha sido todo un acierto por parte de la escritora los nuevos personajes que va añadiendo a la saga y sobre todo la madurez que van alcanzando las voces principales, se nota una evolución causada por los acontecimientos en los que se ven envueltos y por su propia personalidad, generando una auténtica saga en el sentido más estricto de la palabra.

El tratamiento de las relaciones interpersonales y del amor juega un papel importante en la saga, desde matrimonios de conveniencia a amor verdadero por el que se está dispuesto a sacrificar incluso la inmortalidad. No es una novela romántica, pero el amor también está dentro de la balanza en la que se mide la valía de cada historia. Recomiendo esta lectura para quien esté buscando una fantasía pausada y feminista, no se arrepentirá.

The Bezzle

En esta segunda entrega de la saga Martin Hench, Cory Doctorow se lanza totalmente al thriller financiero dejando de lado la escasa, casi inexistente ciencia ficción de la entrega anterior. Y creo que es algo que le sienta bien al libro, porque resulta todavía más aterrador el hecho de que los hechos ocurran en el pasado y que la pesadilla en la que se ven envueltos Martin y su amigo sea tan verosímil como aterradora.

La principal víctima del agudo bisturí de Doctorow en esta novela es el sistema penitenciario estadounidense, vendido al mejor postor para aliviar las arcas de los estados, cuando en realidad gracias a la ingeniería financiera y a una absoluta falta de escrúpulos, los presos sufren hasta desnutrición y los costes se disparan, convirtiendo su vida en un infierno en la tierra en el que les exprimen hasta el último centavo para poder ponerse en contacto con sus familias. Es un tema recurrente en la ciencia ficción especulativa de futuro cercano, como Past Crimes.

Lo que no me ha gustado tanto es la apología del uso recreativo de las drogas que también transpira todo el libro, con la cocaína gastándose más rápido que la leche de fórmula en una maternidad y el ácido como la única salida de escape para los presos.

Ahora bien, The Bezzle me parece una lectura IMPRESCINDIBLE para tener algo de cultura sobre los desvaríos financieros a los que nos vemos sometidos bien por las autoridades, bien por los poderes fácticos. Y resulta también aleccionador comprender que muchas de las víctimas de los timos internacionales incluso pueden saber que es un timo, pero se creen más inteligentes que el sistema y pretenden beneficiarse de él. Pero, como ya deberíamos saber, la banca siempre gana, sobre todo cuando las cartas están marcadas y las reglas pueden cambiar en cualquier momento.

Se trata de una lectura muy rápida, no llega a las 250 páginas, pero muy entretenida y sobre todo aleccionadora. Todos sabemos de qué pie cojea Cory Doctorow, pero eso no es óbice para que también sea un estupendo divulgador muy didáctico. Con cada libro suyo se acaban aprendiendo cosas.

Jumpnauts

No sabía muy bien qué me iba a encontrar al leer Jumpnauts, ya que Vagabonds me pareció interesante, pero no tengo mucho recuerdo de Folding Beijing. Aunque la traducción de Ken Liu es siempre un garante de calidad, he de decir que la novela no me ha convencido para nada.

El principal problema que le encuentro son los personajes, ya que el trío protagonista tiene un comportamiento infantilizado que le resta muchos kilates a la novela. Estoy dispuesta a aceptar el punto de partida que especula sobre las constantes visitas alienígenas a nuestro planeta coincidentes con espectaculares avances tecnológicos, aunque se me venía a la cabeza cada dos por tres el meme de: “no estoy diciendo que fueran los aliens, pero fueron los aliens”. Pero no paso por los diálogos y las actitudes chulescas de pavo real de los dos protagonistas masculinos enfrentados supuestamente por las atenciones de Yun Fan, a la que sinceramente veo más como un objetivo que alcanzar que como un ser humano real. El resto del elenco parecen de cartón piedra, colocados como parte del atrezzo preparado para dar la réplica necesaria para el lucimiento personal de trío protagonista.

En el aspecto especulativo, me gusta la exposición de varias tendencias de la filosofía oriental, excelentemente explicadas en las notas a pie de página del traductor, que guía al lector sin necesidad de inundarlo de información. Otra cosa muy curiosa es el despliegue tecnológico en la Tierra, con algunas escenas que parecen sacadas de una peli moderna de James Bond. Sin embargo, cuando comenzamos a conocer la tecnología alienígena, se basa más en las interrelaciones personales y el poder mental que en otra cosa, resultando un poco decepcionante.

El mensaje de la novela pretende ser inspirador, confiando en la capacidad del ser humano para superar las diferencias conociéndose mutuamente, incluso para formar alianzas con otras civilizaciones. Es solo que me parece apático e impuesto, algo que no me gusta encontrar en una novela especulativa.

The Black Crescent

Tengo un amigo que dice que está enamorado de Marruecos: su cultura, su gastronomía, sus paisajes… Pues no me cabe duda de que a Jane Johnson, la autora de The Black Crescent, le sucede lo mismo. Basta con leer algunas páginas de su libro para ver que está escrito desde la admiración y el amor.

Vaya por delante que a pesar de la mención de djinns en la contraportada del libro nos encontramos ante una novela de ficción histórica, maravillosa pero que solo estrechando mucho los límites del género podríamos definirla como fantástica.

El momento temporal en el que se desarrolla la novela es el protectorado francés de Marruecos tras la segunda guerra mundial, un momento de gran inestabilidad política pero que, al menos para mí, es muy desconocido. El personaje principal es Hamou Badi y quizá su principal característica es lo buena persona que es. Un suceso de su infancia en una aldea perdida le empujará a una carrera como policía en la Suretè francesa, y esa dualidad entre su origen y su trabajo, le sitúa en una posición muy incómoda cuando los movimientos nacionalistas van resurgiendo con mayor fuerza. No obstante, su bonhomía se verá recompensada con creces por casualidades de la vida o por la influencia de los djinns.

Jane Johnson tiene una capacidad asombrosa para hacernos empatizar con los personajes, pero, sobre todo, para imbuirnos en la ambientación de cada escena. La descripción de los platos que prepara la vecina de Hamou, por ejemplo, haría salivar al más desganado. De la misma forma es capaz de describir la depravación y maldad de algunos personajes para que los odies de forma visceral, pero sin tener que recurrir a la casquería. La crítica a la sociedad colonialista está muy presente en el libro, ya que la autora decide resaltar más los valores de la cultura autóctona, concediendo en ocasiones las ventajas que han aportado los franceses, pero poniendo en duda que compensen la explotación brutal de los recursos de país africano.

The Black Crescent es un libro de cuatrocientas páginas, pero os puedo asegurar que se lee en un suspiro y que reconforta el corazón. Lo recomiendo mucho.

My Brother’s Keeper

Le tenía algo perdida la pista a Tim Powers, pero cuando vi que en My Brother’s Keeper volvía a la “historia secreta”, un subgénero en el que creo que se encuadran sus mejores obras, no lo iba a dejar escapar.

Partiendo de la base de que no conozco la vida de las hermanas Brontë, pero sí algo de su obra, pensé que el punto de partida era muy bueno al iniciar la lectura. Y no se puede negar que el autor de Buffalo ha llevado a cabo una exhaustiva labor de investigación para aprovechar los sucesos que se conocen de la familia y explicarlos con un toque sobrenatural, pero quizá el propio desarrollo de su vida, prácticamente recluidas en su casa, hace que los escenarios y algunas de las situaciones se tornen repetitivas.

También resulta un cambio interesante que el enemigo al que se enfrentan en esta ocasión los protagonistas de la historia no sean lamias o vampiros, como en muchas otras obras del autor ( Hide Me Among the Graves sin tener que remontarnos mucho) si no hombres lobo. Aunque al final no tiene tanta importancia el oponente, más bien nos atrae la forma de enfrentarse a él y los sacrificios que habrán de llevar a cabo para librar a la tierra de su yugo.

El personaje de Branwell, el hermano menos conocido de las Brontë, resulta insoportable. Es cargante, obsesionado consigo mismo, egoísta y toda otra serie de epítetos, el causante de gran parte de los males que asolarán a su familia. No obstante, Powers refleja muy bien lo que es el amor fraternal mostrando los extremos a los que es capaz de llegar Emily para salvar su alma, ya que su cuerpo poca salvación tenía ya.

La coherencia y la lógica interna del libro requiere de la complicidad del lector, ya que el escritor estadounidense aúna tradiciones paganas con ritos cristianos y protestantes, sobre todo haciendo uso de esa sabiduría popular que protege del mal de ojo y de los espíritus fantasmales, deviniendo en una serie de rituales cotidianos de los que no se habla, pero que nadie se salta.

En general, My Brother’s Keeper no alcanza el nivel de las mejores obras de Powers, siendo menos ambiciosa y redonda, pero no deja de ser una novela escrito con oficio y entretenida.

The Lost Cause

Creo que este libro se ha hecho más conocido por la campaña de mecenazgo que Cory Doctorow ha llevado a cabo para costear la producción del audiolibro, esquivando el monopolio de Audible. Tras leer The Lost Cause, he de admitir que siento cierta fatiga del buenrollismo del autor, que ojalá tuviera razón en sus extrapolaciones optimistas del futuro.

The Lost Cause está situado treinta años en el futuro, en la ciudad de Burbank, como ejemplo de lugar donde se ha llegado a un acuerdo sobre la lucha contra el cambio climático y otros temas de calado social, pero donde un recalcitrante sector de la población continúa con sus ideas reaccionarias. Lo más terrible de la extrapolación que nos ofrece el autor es que ese sector que reclama su modo de vida actual seremos nosotros en un futuro (salvando las distancias en cuanto a posesión de armas y proyectos terroristas). Se dice que conforme se va acomodando la población tiende a tener una visión más conservadora y Doctorow nos muestra este conflicto intergeneracional en toda su crudeza.

La lucha contra el cambio climático provoca oleadas de refugiados que huyen de zonas catastróficas bien por los incendios, las inundaciones o un conjunto de variados factores. Mientras que los más jóvenes de las ciudades que aún pueden recibir población se organizan para estas acciones humanitarias, la vieja guardia ve peligrar su modo de vida y está dispuesta a todo con tal de seguir embarcados en su bote salvavidas mientras los demás perecen ahogados.

Cory Doctorow no es nada sutil en su planteamiento, incluso se podría decir que está adoctrinando a la audiencia. Creo que se encuentra en las antípodas del pensamiento de Neal Stephenson, por ejemplo, enfrentando el individualismo exacerbado de los protagonistas del creador de Snowcrash con el cooperativismo del canadiense. Y a veces este optimismo tan exagerado cambia, porque es muy difícil admitir que se pueda conseguir el cambio y la revolución de un sistema solo a base de desobediencia civil.

El libro, por otro lado, tiene cierto toque juvenil que no me convence del todo tampoco. El protagonista es un joven de 19 años que recibe en herencia la casa de su abuelo que le crió pero con el que tuvo sus más y sus menos precisamente por estas ideas políticas enfrentadas. Teniendo todo a favor para mantener una actitud inmovilista, se decanta por el activismo para ayudar a los demás. Ojalá todos fuéramos así, pero es difícil de creer, la verdad.

Creo que The Lost Cause es un ejercicio bienintencionado de proyección futura, pero también creo que se queda bastante corto y resulta poco realista.

House of Open Wounds

Aunque la primera entrega de esta saga de Adrian Tchaikovsky me gustó, también le vi algún que otro fallo, que el autor corrige sobradamente en House of Open Wounds, una magnífica novela que se puede leer de forma independiente.

El escenario de House of Open Wounds es un hospital de campaña y para que no nos confundamos el primer capítulo se recrea en el sufrimiento humano y la carnicería que provoca una guerra. Además, sirve como carta de presentación al elenco de personajes que desarrollarán la novela, un variopinto conjunto de “sanitarios” que, unidos por el instinto de supervivencia, dedican sus habilidades especiales a intentar salvar a los heridos en la batalla.

El escenario es muy cruel y esto se refleja en las personalidades y las acciones de los miembros del hospital. Y quiero destacar muy especialmente la caracterización de estos, con un pasado que influye en el futuro y con unas características comunes que nunca hubiéramos imaginado. La novela funciona como un mecanismo de relojería, con revelaciones que influyen en los siguientes capítulos y con una intriga que se mantiene durante toda su longitud, algo que es muy meritorio. Todo esto sin dejar de lado la crítica social de la que el autor ha hecho gala sobre todo en sus obras de ciencia ficción pero también en la fantasía y que es una de sus características definitorias.

Tchaikovsky se marca con esta novela un alegato pacifista parecido al que intentaba llevar a cabo K.J. Parker con Saevus Corax Deals with the Dead, pero de una forma mucho más exitosa y legible. Pero también resultan muy interesantes sus reflexiones sobre la religión y sobre todo sobre el coste material e inmaterial de la guerra. Resulta especialmente aleccionador ser testigos de cómo cualquier avance mágico o científico, por más benigno que pueda parecer, se puede retorcer y tergiversar para transformarlo en un arma mortífera. La reflexión sobre la doble moral necesaria para seguir adelante con tu vida mientras perteneces al ejército me parece especialmente acertada, aunque a veces el escritor carga demasiado las tintas en la maldad de los altos mandos, es una cosa tan exagerada que puede llegar a parecer excesiva.

Recomiendo encarecidamente la lectura de House of Open Wounds tanto si eres seguidor habitual de Adrian o simplemente quieres disfrutar de una buena lectura. Te aseguro que no te arrepentirás.

Sons of Darkness

Hace ya un tiempo que decidí abrir un poco más mis lecturas a autores no consolidados y aunque a veces me llevo chascos, también he de reconocer que en otras ocasiones la apuesta sale muy bien. Eso ha ocurrido por ejemplo con Sons of Darkness que me echaba un poco para atrás por su extensión, 800 páginas del ala, pero que se lee rapidísimamente y te tiene entretenida durante todos los capítulos.

Partiendo de la base de que la mitología en la que está inspirada me es ajena, no puedo juzgar si es fiel o no a la historia ya conocida. Y me da igual, porque he descubierto un libro entretenidísimo con intrigas políticas, batallas y duelos, sexo, amor y desamor e incluso reivindicaciones de igualdad en una sociedad extremadamente estratificada. Todo muy bien llevado, especialmente para ser una primera novela, ya que apenas se notan bajones en el ritmo de la historia y los personajes están perfectamente definidos, tanto que, a pesar de mis problemas con sus nombres, no tenía que esforzarme por seguir las andanzas de cada uno. Sin duda, hay muchos personajes, cada uno con su personalidad y trayectoria, condenados a encontrarse una y otra vez. Y eso que es solo la primera entrega de la saga, con lo que podríamos pensar que nos encontramos ante un volumen “introductorio”. Pero no es así para nada, en este tomo ya hay bastante tela que cortar.

La gran cantidad de puntos de vista en los que se vertebra la novela puede echar un poco para atrás, pero me atrevería a decir que Gourav Mohanty consigue que esta gran cantidad de información no resulte en ningún momento intimidante para el lector. Tiene una dramatis personae incluida en el texto así como un mapa bastante básico que nos servirá para situarnos en la acción. No obstante, aunque este tipo de ayudas siempre son bienvenidas, es la forma en la que el autor ha sido capaz de entrelazar las vicisitudes de todos los personajes lo que hace que la lectura sea tan agradable. Y el libro tiene muchos detalles que te ayudan a situarte rápidamente en caso de que te hayas despistado.

Sons of Darkness es el comienzo de una saga de fantasía épica muy recomendable, con un trasfondo muy rico del que queda mucho por explorar y con personajes entrañables. Todo un acierto.

Red Team Blues

La última novela de Cory Doctorow es una historia fácil y algo ingenua que nos da un pequeño barniz sobre temas de seguridad informática y la constante lucha entre el equipo que defiende sus redes e información (el azul) y el que las ataca para conseguir algún beneficio (el rojo).

Me gusta destacar el hecho de que el protagonista sea una persona de 67 años que aunque ya está pensando en el retiro en realidad se da cuenta de que con toda la experiencia que tiene acumulada en su campo les da sopas con hondas a muchísimos jóvenes tiburones. Como último favor a un amigo multimillonario deberá investigar el robo de una claves sobre las que se sustenta una nueva criptomoneda, pero jamás imaginaría todo lo que vendrá detrás.

Como ya he dicho, la mayoría de los personajes que aparecen en el libro ya han superado los 60 años, pero tienen mucho que ofrecer en sus respectivos campos. Diría que el principio tiene un cierto toque “Stephensiano” si me permitís la comparación, debido al carácter de lobo solitario de los personajes, pero es solo una fachada, porque Doctorow no deja pasar la oportunidad de criticar el sistema capitalista que favorece el blanqueo de dinero de las grandes fortunas que fíjate tú por dónde les salen las declaraciones de la renta a devolver.

Doctorow explica muy poco sobre la infraestructura que da soporte a las criptomonedas y menos todavía sobre toda la ingeniería fiscal necesaria para mover el dinero entre sociedades off-shore y paraísos fiscales, pero deja claro que esta es una práctica tan habitual como dañina para la sociedad. Aprovecha la necesidad de ocultarse del resto del mundo del protagonista en un determinado momento de la trama para dar voz a los miles de personas sin hogar que pueblan las ciudades, que no saben ni cuándo conseguirán su próxima comida. Este contraste tan exagerado con el selecto grupo que disponen de su jet personal para los desplazamientos más nimios, que tienen tanto dinero que ni en cien vidas se lo podrían gastar, es quizá el mensaje de mayor calado de la obra.

Red Team Blues es de lectura rapidísima, algo más de 200 páginas que quizá dejen algo fríos a sus seguidores más habituados a especulaciones de mayor envergadura como Walkaway o Radicalized.