Vigilance

Esta lectura es tan corta e intensa como un puñetazo sin avisar en el estómago. Es claramente deudora de The Running Man, aunque le da otra vuelta de tuerca a la historia.

Robert Jackson Bennett nos sitúa en unos Estados Unidos deshumanizados, que han quedado atrás en la supremacía global, claramente adelantados por los chinos. Y esto no ha hecho si no agudizar los problemas de una sociedad obsesionada con las armas como “protección” contra los ataques del “enemigo”, un ente que no está muy definido pero que amenaza cada uno de sus pasos. En medio de este clima de paranoia, un show televisivo ofrece la carnaza que les reafirma en sus opiniones. Vigilance es un tiroteo sobre inocentes que no se sabe cuándo tendrá lugar, pero para el que hay que estar preparado. Los índices de audiencia son sencillamente brutales, pero aún así el marketing quiere más… y dispone de herramientas para ello.

El autor utiliza de manera muy acertada el ritmo de la historia y la violencia inherente a este tipo de relato. El clima de miedo que ahoga a la sociedad estadounidense en el año 2030 es terreno próspero para la venta de armas masiva, en una extrapolación no sé si demasiado exagerada de lo que ocurre en la actualidad. Y sin embargo, lo más preocupante no es esto. Es la verosimilitud de las reflexiones que en algunos momentos aparecen, como la insensibilidad que acaba resultando de la exposición continua a la violencia. En particular hay un pasaje sobre la muerte de niños que resulta especialmente sobrecogedor, en una suerte de círculo vicioso que hace que los espectadores no sean capaces de apartar los ojos de la televisión.

El hecho de que se utilicen dos puntos de vista para enfrentar distintas opiniones me parece bastante acertado, aunque la mayor carga de la narración la lleve el alto ejecutivo de marketing responsable del programa televisivo.

Recomiendo Vigilance a quien desee leer un mensaje político muy fuerte en contra de la proliferación masiva de las armas, con algunos toques futuristas pero sobrecogedor por lo verosímil que llega a resultar.

Anunciada Vigilance, de Robert Jackson Bennett

Hace muy poco que he empezado a leer a Robert Jackson Bennett, pero no por ello deja de interesarme la noticia de la publicación de una nueva novella suya, titulada Vigilance. La describen como una parábola de ciencia ficción oscura sobre unos Estados Unidos que se han rendido a la paranoia, la desconfianza y las armas.

La sinopsis:

The United States. 2030. John McDean executive produces “Vigilance,” a reality game show designed to make sure American citizens stay alert to foreign and domestic threats. Shooters are introduced into a “game environment,” and the survivors get a cash prize.

The TV audience is not the only one that’s watching though, and McDean soon finds out what it’s like to be on the other side of the camera.

Y mi traducción:

Estados Unidos. 2030. John McDean es el productor ejecutivo de Vigilance, un reality game show diseñado para asegurar que los ciudadanos se mantengan alerta frente a las amenazas locales y foráneas. Francotiradores situados dentro del entorno de juego cumplen su función y los supervivientes consiguen dinero.

Sin embargo, hay más gente mirando aparte de la audiencia televisiva y McDean pronto sabrá lo que es estar al otro lado de la cámara.

Desde luego, el resumen no puede ser más inquietante y la portada está acorde al mensaje.

 

Foundryside

Una de las cosas que más me gusta de la fantasía es descubrir sistemas de magia. Si son atractivos y siguen reglas coherentes me encanta ver cómo el autor va buscando triquiñuelas para forzar las situaciones. El maestro absoluto de este arte es Brandon Sanderson con su famoso cuaderno, pero desde luego Robert Jackson Bennett no le ha ido a la zaga en Foundryside.

La acción tiene lugar en una ciudad dividida entre las zonas acordonadas de las poderosas familias de mercaderes y los barrios bajos que malviven entre los intersticios de los privilegiados, en una suerte de trasunto de las ciudades mercaderes italianas de la Edad Media pero con diferencias fundamentales. La principal, la tecnología basada en ese sistema mágico al que me refería anteriormente, que ha permitido una cuasi revolución industrial. Un poco a lo Las mentiras de Locke Lamora salvando las distancias.

El sistema se basa en unas instrucciones que se graban en los objetos, “convenciéndoles” de funcionar de una manera distinta a la habitual. Por ejemplo, si las ruedas de los carros creen que van cuesta abajo, no será necesaria tracción animal ya que se moverán solas. Esta flexibilidad se ve coartada por otras normas, como que cuanto más extraño sea lo que se le pide a las runas mayor dificultad habrá para crearlas y que el espacio físico para escribir es limitado. El escritor explora algunos atajos que se han ido creando, pero como el conocimiento que dio lugar a esta tecnología ya era fragmentado en un principio, las posibilidades que se esperan de la magia son mucho mayores de lo que se ha conseguido en la realidad.

Lo que más me gusta del libro es este sistema mágico, pero la narración también merece la pena. Aunque los personajes son bastante estereotipados, acabas cogiéndoles cariño porque son muy humanos. En este aspecto, no consigue alejarse de la fantasía urbana más típica, con sus pícaros y sus guardias enfrentados, en una partida de Policías y Ladrones a escala real.

No me gustaría dejar de señalar la labor reivindicativa con la que Robert Jackson Bennet ha creado el libro. Desde la lucha de clases, alegatos contra el esclavismo y la reivindicación de la igualdad de la mujer, todo tiene cabida en Foundryside, aunque no sea su principal objetivo.

La prosa del autor es muy accesible y explica con claridad tanto la magia como la situación social. Me gusta especialmente cómo entrelaza el mundo mágico con el mundo real sobre todo en las escenas de acción, que las hay y son espectaculares (imaginaos una espada que cree que pesa mucho más que su masa real y el daño que podría hacer bien manejada, por ejemplo). En ocasiones las conversaciones que tienen lugar mediante el pensamiento pueden acabar resultando confusas, pero creo que es más por un tema de maquetación que por la labor del propio escritor.

Aunque forma parte de una serie cierra bastante bien las tramas, por lo que no parece que sea imprescindible continuar con las siguientes entregas de la saga Founders. No obstante, me ha despertado la curiosidad y no me importaría seguir leyendo más cosas sobre este universo.

En esta ocasión, he tenido el honor de formar parte de una iniciativa coordinada para la publicación de Foundryside. Aquí tenéis los otros blogs que participan.