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Sopa de Elegidos

Es muy difícil escribir textos humorísticos, sin caer en el chascarrillo fácil y manteniendo cierta coherencia pero Pablo García Meso lo consigue de cabo a rabo en esta Sopa de Elegidos.

Podría parecer que esta es una novela de fantasía épica al uso, con su viaje del héroe, sus elegidos, su misión para salvar el mundo… pero todos estos elementos tan habituales le sirven al autor para retorcer tanto cliché como puebla este género. Los héroes no son tales, los “alegres compañeros” que parten en su misión salvadora en realidad son personas normales y corrientes arrastradas por las circunstancias. El libro está plagado de críticas a las desigualdades sociales, al racismo o a la autocomplacencia de la clases nobles. Pero lo hace con gracia, de forma que sueltas carcajadas en los momentos más inverosímiles.

El mundo sobre el que se desarrolla la historia es rústico y tosco, pero no por la labor de construcción del autor, que me parece muy completa, si no porque el mundo ES así. Cada pueblo tiene sus peculiaridades y es totalmente verosímil la recepción que puedan tener unos extranjeros que solo parecen traer problemas.

El desarrollo es retorcido y enrevesado, quizá demasiado para una novela tan larga como es esta. Si no la lees muy seguida es posible que pierdas el hilo.

En ocasiones el humor resulta ser un tanto chabacano y escatológico, es increíble la cantidad de veces que la protagonista Fusa es capaz de vomitar a lo largo de la novela. Creo que Pablo ha cargado demasiado las tintas en la parte fisiológica del viaje, aunque supongo que será en contraste con el marcado tono espiritual que algunas obras tienden a mostrar. Recomiendo encarecidamente a Fusa una visita de urgencia a un gastroenterólogo.

Los personajes son muy creíbles precisamente por estar llenos de defectos. Y se crea una química muy buena entre la ya mencionada Fusa y su acompañante semiorco. El resto del elenco también cumple su papel perfectamente, aunque la presencia de Harpagón, un elfo que parece sufrir alguna enfermedad mental, llega a resultar cansina.

Es algo distinto y es español, ¿por qué no pruebas esta sopa fuera de carta que nos recomienda el metre?

Destellos de luna. Pioneros de la ciencia ficción japonesa.

Hay muchas cosas de la cultura japonesa que me fascinan, supongo que por la lejanía con nuestra propia idiosincrasia. No cabe duda sobre su influencia audiovisual sobre el mundo de la ciencia ficción, así que cuando mi buen amigo Miquel me dejó Destellos de luna. Pioneros de la ciencia ficción japonesa, comencé a leerlo con mucho interés.

Para empezar, la edición del libro es preciosa. Es un libro que entra por los ojos y que cuenta con mucho material gráfico para apoyar la exposición. A pesar de sus más de 400 páginas, se lee muy rápido.

El recorrido que realiza Daniel Aguilar enlaza el devenir de histórico del país nipón con las obras de género publicadas. Aunque me hubiera interesado más conocer la obra escrita de los autores mencionados, el libro deriva y mucho hacia el apartado audiovisual, quizá el punto fuerte del autor.

Es cierto que Destellos de luna. Pioneros de la ciencia ficción japonesa,recoge tres relatos de Jizzo Unno para que nos hagamos una idea de las obras de la época. El tono es marcadamente pulp, y hay que leerlo situando en contexto los cuentos, pero no dejan de resultar curiosos los paralelismos con otras historias anglosajonas de la época.

El militarismo galopante que caracterizaba al país del sol naciente se ve reflejado en la literatura, ya que desde el gobierno se fomentaba la idea de la superioridad tecnológica y armamentística del imperio. También se tomaba la ciencia ficción como un género menor pero que podría servir para inculcar el cariño por la ciencia en su público objetivo, fundamentalmente infantil.

Aunque su desvío hacia el terreno audiovisual ha resultado ser excesivo para mi gusto, no se puede negar el valor de un trabajo de estudio hecho desde el cariño y la admiración.

Libro gratis : 1818, Origen

En este enlace se puede descargar de forma gratuita la antología 1818 : Origen, de ciencia ficción hispano-americana, con los siguientes autores:
Gabriel Trujillo Muñoz
Martha Elisa Camacho
Tony Jim
Lola Robles
María Concepción Regueiro
Iván Pujol
Mario Martínez Arrabal
Ricardo Guzmán Wolffer
Blanca Mart
Pedro Bayona
Marc Fabra Nadal
Noemí Atamoros
Elena Pujol
Aldo Alba

La Carrera

He disfrutado muchísimo con esta lectura y como pequeño homenaje he pensado cambiar la estructura habitual de mis reseñas para adaptarla a una auténtica carrera. Y encima he tenido el placer de compartir la lectura con Cristina Jurado, que aquí nos comenta sus experiencias.

Calentamiento y estiramientos

Nina Allan no se anda con rodeos en esta novela y nos suelta directamente en una zona de Inglaterra dañada por los problemas medioambientales del fracking. La curva de aprendizaje es sostenida, pero se sigue incrementando, añadiendo niveles de extrañeza en la lectura.

Salida

La primera instancia de la novela, de carácter claramente ciencia ficcional es una de mis favoritas, por la credibilidad de su futuro cercano. La prosa de la autora es tan hipnótica que consigue centrar nuestro interés incluso en la creación de unos guantes exclusivos, deteniéndose tanto en la elección de la tela como en la creación de patrones. Me gustaría pensar que esto es una analogía sobre cómo afronta su trabajo de escritura Allan, disponiendo cuidadosamente los mimbres con los que tejerá su novela, escogiendo la estructura y enhebrando cada hilo argumental como teselas de un bello mosaico.

Esfuerzo sostenido

No todo es fácil en la novela. La constante inclusión de detalles que entran en contradicción con los datos aportados con anterioridad, los personajes que no sabemos si son los mismos o no, los cambios de perspectiva… exigen un esfuerzo al lector que sin duda se ve recompensado.

Avituallamiento

Como en las carreras, no todo es seguir hacia adelante sin mirar atrás. Hace falta también proveer de alimento intelectual al ejercicio estilístico que la autora dispone ante nosotros. Frases tan profundas y cargadas de significado como “vertedero de inmigrantes ilegales” pueblan las páginas de La Carrera. El mensaje ecologista es patente, pero también aparecen otros temas como la futilidad de la guerra o las dificultades de las relaciones familiares, tanto en un escenario realista como en otros que no lo son tanto.

Sufrimiento

Hay una escena especialmente dura que me ha costado mucho trabajo leer. Creo que es importante para el desarrollo de los personajes de la novela y no sé si se podría haber eliminado de la narración, pero me ha provocado tal repulsa que tuve que dejar la lectura a un lado durante un tiempo, buscando una justificación o al menos intentando entenderla en el contexto.

Sprint final

El final de la novela es aún más espectacular cuando la autora ya no se constriñe a la realidad per se.

Recuperación y estiramientos

Por si fuera poco, los anexos al libro añaden más complejidad y misterios a lo narrado con anterioridad, utilizando estructuras menos habituales pero también manejadas con maestría, como notas periodísticas, comentarios a una exposición… Hubiera sido una hermosa adición al artículo sobre estructuras inusuales de hace unas semanas.

Como bonus especial, también voy a contestar a unas preguntas que me ha hecho Cristina Jurado sobre este libro en el que hemos compartido la lectura.

¿Qué te parece la estructura de La Carrera?

Simplemente me encanta. Creo que se adapta perfectamente a las distintas ideas que tenía Nina Allan en mente y le aporta un grado más de originalidad, por si le hiciera falta.

¿Consideras que se trata de una novela de ciencia ficción?

Para mí, sí. Cierto que tiene algunas partes que se pueden considerar realistas pero creo que tanto el principio como el final de la historias son la parte importante, las que se llevan la parte de león en cuanto a interés. Pero en esto no soy nada imparcial.

La Carrera ha sido traducida por Carmen Torres y Laura Naranjo.

¡Gracias a Ediciones Nevsky por el ejemplar! Y gracias a mi compañero Manuel Urquízar por hablarme sobre las fases de las carreras. Cualquier error, por supuesto, es mío.

La mirada extraña

miradaLa última lectura que logré colar en octubre fue La mirada extraña de Felicidad Martínez. Venía acompañada de buenas recomendaciones, pero por alguna razón no encontraba el momento para leerlo. Craso error.

El libro se compone de cuatro novelas cortas escritas desde el punto de vista de diversas sociedades alienígenas. El despliegue de ideas del que hace gala Felicidad, a pesar de la presencia de referentes bastante claros, es envidiable.

Aquí no tenemos que sufrir la miopía antropomorfizante de un observador humano, lo cual no deja de ser positivo. Pero eso sí, requiere un esfuerzo por parte del lector, ya que no hay ningún tipo de ayuda para situarnos en el escenario en que transcurren los hechos. Por supuesto, también el manejo del lenguaje influye en esta “dificultad” a la hora de entrar en la obra. Pero es una labor que merece la pena.

Hablando del lenguaje, hay un ejemplo que me gustaría destacar, aunque sea solo uno entre muchos. Las especies extraterrestres no hacen uso de herramientas y eso hace que dialoguen de una manera particular. Por ejemplo, cuando requieren información de otro miembro de su especie, utilizan el verbo “desembucha” íntimamente asociado con la digestión, que es la necesidad principal de la mayoría de los seres vivos y por tanto influye en su forma de expresarse. De hecho, el número de palabras asociados con la ingesta de alimentos y su posterior tratamiento es a veces abrumadora.

Un problema que veo en la lectura de La mirada extraña es el orden de lectura. Entiendo que habrá sido una decisión pensada, pero no puede dejar de extrañarme que algunos de los hechos que nos relata Felicidad al final del libro estén situado cronológicamente antes que los demás. Puede que sea un efecto buscado, pero no deja de crear un poco de confusión.

Recomiendo encarecidamente su lectura.

Viaje a Arcturus

arcturusEs difícil datar los orígenes de la ciencia ficción. Muchos hablan de Mary Shelley, de Julio Verne y H.G. Wells pero puede que haya otros trabajos que también hubieran podido pertenecer a estos comienzos del género.

Viaje a Arcturus se define como protociencia ficción. Y es cierto que a lo largo de sus páginas vemos ideas que se utilizarán después en otras obras. Por ejemplo, la invención de nuevos colores que recuerda inevitablemente al octarino del malogrado Terry Pratchett. La forma de viajar con la que comienza el libro me ha trasladado a hace años cuando leí La Serpiente Uroboros de E.R. Eddison, contemporáneo de David Lindsay. La forma de describir a las escasas especies animales y vegetales que pueblan Arcturus me trajo inmediatamente a la memoria a Stanley G. Weinbaum, un autor relativamente poco conocido pero que merecería más atención por nuestra parte, con obras como Una odisea marciana. También está muy presente el tema del mesianismo, algo no exclusivo de la ciencia ficción pero que sin duda se ha tratado hasta la saciedad en el género, desde Forastero en tierra extraña al Juego de Ender.

Y sin embargo, la lectura de Viaje a Arcturus no me ha resultado satisfactoria. Aún haciendo el esfuerzo de situarme temporalmente en el punto de vista de un escritor de hace cien años, el viaje al que somete a sus personajes me ha parecido en ocasiones vacío. Las múltiples transformaciones físicas a las que los someten tienen implicaciones más allá de lo que yo pueda comprender, pero acaban resultando previsibles. El relato se sustenta sobre todo en diálogos, pero en ocasiones estas charlas parecen solo la forma de reflejar lo que piensa el autor y no los personajes.

La filosofía y el tono onírico que impregnan cada una de las páginas de esta obra puede resultar un reto interesante para otro lector distinto a mí. Para él, sin duda la edición de Defausta Editorial será adecuada. Con una ingente cantidad de material extra (ilustraciones interiores, prólogo de Alan Moore, glosario de términos…) que puede hacer más fácil la comprensión de la obra, nos encontramos ante un libro bello por sí mismo.

Libro gratis : La patera cósmica

De las muchas sorpresas que me reservaba la Eurocon en Barcelona, una de las más agradables ha sido conocer en persona a Víctor Guisado, el autor de ¿Dónde están las naves espaciales?

Para que disfrutéis de algo de su obra, aunque esto son ensayos, está disponible en amazon en descarga gratuita La patera cósmica. Os pongo la sinopsis:

La expedición que emprendió Shackleton a la Antártida en 1914 quedó atrapada en el hielo y todos los hombres que la componían tuvieron que luchar incansablemente para sobrevivir. ¿Consiguieron regresar a sus hogares? ¿Lograron superar todos los peligros que les acechaban? Los retos a los que tuvieron que enfrentarse aquellos náufragos son parecidos a los que tenemos que enfrentarnos hoy en día todos, la Humanidad entera. ¿Conseguiremos superarlos? ¿Conseguirá sobrevivir la Humanidad? La expedición de Shackleton no pudo permitirse el lujo de que ninguno de sus miembros holgazaneara, se rindiera, no contribuyera a la lucha por la supervivencia. ¿Puede permitirse la Humanidad la pérdida de la fuerza de trabajo y de la creatividad de miles de personas que intentan llegar cada año a la tierra prometida y mueren ahogados, o de hambre o desaparecen, o llegan a sus destinos y no encuentran acomodo y son rechazados y retornan hundidos?

Una versión reducida de esta obra se publicó en 2012 en la web Naukas.com. La que se presenta aquí ahora es una versión ampliada y revisada. Se añade, además, un texto inédito del mismo autor titulado “Bienvenido al optimismo”, sobre los ciclos biogeoquímicos, que comienza con las siguientes palabras: “La mayoría de personas creen que su cuerpo acaba donde acaba su piel. Qué equivocadas están. Deberían conocer el ciclo del nitrógeno, el del fósforo o el del agua, por poner sólo tres ejemplos. Quizá entonces comprenderían que su cuerpo es el planeta entero y que su supervivencia depende tanto de la salud de su hígado como de la salud de otros seres vivos.”

Un futuro sin nubes

futurosinnubesMi amigo Elías me ha recordado que en los últimos tengo muy olvidados los cómics y sus reseñas, algo evidentemente cierto, pero que no sé si podré arreglar porque no estoy leyendo mucho. No obstante, ha caído en mis manos Un futuro sin nubes y aunque solo sea por un día, vuelven las reseñas de tebeos a Fantástica Ficción.

La obra de los dibujantes Ralph Meyer y Bruzo Gazzoti con guión de Fabien Vehlmann es un buen ejemplo de que el tebeo es un medio perfecto para la ciencia ficción, tanto por su componente visual como por su concreción. En sus páginas conoceremos a Nolan Ska, un ingeniero de un futuro controlado por una sola multinacional, propiedad de F.G. Wilson. Ska decide viajar al pasado para impedir que Wilson se haga con el control mundial ayudando al futuro millonario a cumplir su verdadera vocación : ser escritor de ciencia ficción.

Partiendo de esta base os podéis imaginar al menos parte de las características de la obra. Muchos, muchísimos de los tropos habituales de la ciencia ficción, tanto en la historia “real” como en los guiones que Ska crea para Wilson. Y también cierta dosis de ironía, humor y por qué no decirlo, mala baba.

La lectura avanza paralelamente entre estos relatos imaginados y la relación entre ambos personajes, con un ritmo que no decae en ningún momento y que nos tiene entretenidos hasta el final. Uno de los problemas de Un futuro sin nubes precisamente es que los homenajes a otras obras son continuos y se echa en falta algo de originalidad en las historias, ya que todas son reminiscentes de otras que conocemos.

En el aspecto gráfico, el trabajo entre ambos autores está dividido hoja a hoja pero consiguiendo una mimetización de estilos que hace que no sea fácil discernir las diferencias. Herederos del Spirit del maestro Eisner, el dibujo se adapta perfectamente al relato y sin excesivas florituras pero con un oficio innegable consigue un resultado final muy agradable.

Una historia que no es excesivamente original pero que cumple perfectamente su función.