Emberclaw

Aunque la primera parte de la duología Dragon Scales, titulada Dragonfall no fue una de las mejores lecturas del año, sí que me dejó con curiosidad por saber cómo acababa la historia. Emberclaw cierra el mundo y, aunque mejora respecto a la primera entrega, tampoco acaba de ser una obra redonda, así que tendrá que pasar algo de tiempo hasta que vuelva a intentarlo con L.R. Lam. También es posible que tenga algo de sobredosis de romantasy, la verdad sea dicha.

La historia continúa donde quedó al final de la primera entrega, con Arcady y Everen separados y sin sentir la unión que quedó a medias en su momento. Arcady busca la oportunidad de estudiar en la Academia, a pesar de sus problemas económicos y aparecerá una oportunidad dorada en forma de desafío mágico que tiene como premio una beca completa. Everen ha vuelto a su mundo draconil, que continúa en crisis.

Si bien es cierto que se nota que los personajes han madurado a lo largo de las páginas de la serie, sigo notando que la prosa de Lam no llega a la altura de lo que quiere narrar y se pierde mucho en circunloquios que no llevan a ninguna parte. El ritmo del libro, por lo tanto, se convierte en moroso y las amenazas que penden sobre ambos mundos se desarrollan a cámara lenta, de manera inexorable y también un poquito enervante.

El exceso de puntos de vista tampoco favorece ni al ritmo del libro ni a sus tramas. Algunas veces los capítulos narrados desde los personajes secundarios parecen de relleno y se nota que no están muy equilibrados, quizá por desinterés de la autora o por que no ha conseguido que los personajes conecten con el lector de la misma manera. Entiendo que es difícil buscar ese balance, pero he leído suficientes libros con distintas perspectivas como para saber que es posible conseguirlo.

Es cierto que la autora ha corregido varios de los errores del primer volumen, pero si lo ha hecho cayendo en otros distintos en Emberclaw, en realidad no podemos hablar de mucha evolución. Es por esto que no puedo recomendar la serie, aunque el punto de partida era muy llamativo.

The Last Dance

Este es el último libro de mi proyecto “veraniego” de recuperar lecturas que no son estrictamente novedad y que se me habían quedado en el tintero. Por supuesto, hay muchos libros más, pero de momento volveré a las novedades con alguna que otra incursión en este terreno.

The Last Dance es un libro de ciencia ficción con marcado tinte militarista, pero no en el sentido de batallas constantes, si no en el de la aceptación de la rígida jerarquía militar quizá necesaria para sobrevivir en el espacio. Lo primero que destaca en el libro de Martin L. Shoemaker es el respeto al conocimiento científico, es un libro que se puede considerar de ciencia ficción dura por las explicaciones sobre mecánica orbital con las que el autor justifica ciertos aspectos de la novela. En otros puntos es más especulativa, con la inclusión de nanobots para tratar las deficiencias de los humanos que viven mucho tiempo en el espacio, que aunque verosímiles no sé si están respaldados del todo por la ciencia actual. Lo cierto es que The Last Dance es un libro con cierto sabor a ciencia ficción clásica, pero no polvorienta.

La inspector general Park Yerim recibe una misión que es una auténtica patata caliente. Deberá juzgar si el capitán Nicolau Aames se amotinó al desobedecer las órdenes de sus superiores en la ruta Tierra Marte que cubre el crucero Aldrin, bajo su cargo. Su tripulación, que confía ciegamente en él, afirma que no, pero ella tendrá que descubrir la verdad.

La estructura que Shoemaker ha escogido para esta novela parece un fix-up, con diversos relatos de muchos personajes que van componiendo el collage de la compleja personalidad de Aames, perfeccionista y exigente hasta la médula, pero también merecedor del respeto de casi cualquier persona que ha pasado por su tripulación y ha superados sus durísimas pruebas. Es importante destacar que el autor ha conseguido que prácticamente todas las intervenciones sean igual de interesantes y personales, algo muy difícil en una novela con muchos puntos de vista.

He disfrutado mucho con la lectura, si bien es cierto que el reparto coral del audiolibro ha ayudado mucho a distinguir cada personaje con una voz propia, algo que quizá el propio texto no propiciaba tanto. The Last Dance es un libro de ciencia ficción clásica que entretiene al lector y al mismo tiempo, aplica con rigurosidad los principios científicos del vuelo espacial.

All That We See or Seem

Tenía las expectativas muy altas con la nueva novela de Ken Liu, inicio de una trilogía de ciencia ficción de futuro cercano tras la mastodóntica The Dandelion Dinasty. Y, si bien All That We See or Seem me parece un thriller muy emocionante, no es menos cierto que esperaba más del autor.

Y es que después de leer los relatos de Liu, cualquier cosa que no te explote la cabeza sabe a poco y la primera entrega de la saga de Julia Z parece un poco descafeinada. Principalmente porque refleja un futuro tan cercano y tan verosímil que se pierde un poco el sentido de la maravilla, cayendo en lo mundano. No es menos cierto que la peculiar estructura de la novela, que alcanza su clímax aproximadamente en el 70% de la lectura tampoco ayuda. Con esto no quiero decir que sea una mala novela, no creo que el autor afincado en Boston sea capaz de escribir cosas malas, si no que no alcanza su, por otra parte excelso, nivel habitual.

Julia, como personaje, me parece todo un acierto. Una joven prodigio, con un pasado que se irá desgranando a lo largo de la novela, pero que sabemos que la expuso desde muy joven a la presión de las redes sociales con toda su crudeza, dejándola con una desconfianza tal hacia su entorno que apenas tiene huella digital. La verdad es que Julia se ve envuelta un poco a su pesar en un supuesto secuestro y tendrá que hacer uso de todo su arsenal informático para hacer frente al problema.

El mundo que imagina Liu es plausible, de hecho es una especulación bastante cercana a la realidad actual, sobre todo con el auge de la IA. No creo que sea un mundo en el que nos gustar vivir, pero sí creo que puede tocarnos en suerte en los próximos años. Es todo tan convincente que resulta poco emocionante en ocasiones, aunque como todo buen thriller que se precie, tiene sus persecuciones y sus momentos de acción trepidante y estos también están muy bien narrados.

Sin ser una experta en ciberseguridad, pero con algo de barniz sobre el tema, todo lo que aparece en el libro de Liu tiene base tecnológica y científica, si bien extrapolado a unas capacidades de computación muy superiores a las actuales y con unos modelos tremendamente optimizados. No es menos cierto que algunas de las situaciones se resuelven más bien por pura chiripa que por las innegables cualidades de Julia, lo que hace que la suspensión de la incredulidad del lector se vea un poco tensionada.

Sigo interesada en todo lo que escribe Ken Liu y en la continuación de la serie, pero espero que el autor suba un poco el nivel especulativo de la saga, que al menos para mí queda un poco por debajo de lo que esperaba.

The Afterlife of Mal Caldera

No sé si es por el efecto de haber visto Ghost más veces de las que cualquier persona consideraría saludable, pero los libros de fantasmas que se quedan vagando por la Tierra porque les quedan cosas por hacer me entretienen, siempre que esas cosas por hacer no sean asesinatos o desmembramientos o menudencias así.

The Afterlife of Mal Caldera es uno de esos libros, jugando en la fina línea que divide lo irreverente de lo tierno, haciendo incursiones en ambos lados. El narrador de la historia es Mal, una “estrella” del rock con una compleja vida tras de sí y por lo que veremos en los primeros capítulos, con una compleja muerte por delante. En principio la propia Mal cree que se ha quedado atrás por explicarle a su hermana las circunstancias de su muerte, pero las razones son algo más complejas.

El elenco de personajes que acompañan a Mal en su aventura es muy variado y entrañable. Por supuesto que no puede falta el medium para poder poner en contacto con los vivos, pero en este caso Oda Mae Brown es un atractivo joven que cree tener problemas mentales por su capacidad para ver a los muertos. La relación entre ellos se va tornando más y más complicada conforme van conociéndose más a fondo, tanto que al final no queda muy claro quién ha ayudado más a quién. Esto es una tendencia en esta obra de Nadi Reed Pérez, que aunque tiene algunos momentos más tristes en general desprende buen rollo y buenas relaciones entre los personajes, el conflicto es más bien interno que externo.

También veremos como los fantasmas que permanecen en el mundo no necesariamente buscan transcender, aunque algunos acaben haciéndolo. Muchos de ellos deciden pasarlo bien lo que les quede de no vida, sin calentarse mucho la cabeza ni buscar explicaciones. Pero la autora va haciendo foco en algunos de ellos y lo cierto es que cuando consiguen cumplir sus anhelos es cuando más emociones provoca en el lector, en esos momentos sí que logra tocarte la fibra sensible. Por ejemplo, cuando el músico fallecido que dejó atrás la familia le toca una nana a su hija, pero hay más escenas de este estilo.

The Afterlife of Mal Caldera es una fantasía contemporánea que no revoluciona nada el género, pero que está escrita con oficio y cariño, consiguiendo que pasemos un buen rato leyéndolo. Y eso ya es más que suficiente.

Beyond the Light Horizon

La trilogía Lightspeed llega a su fin con Beyond the Light Horizon en el que Ken MacLeod finaliza de una forma un tanto apresurada un historia de ciencia ficción que parecía prometer más de lo que acaba dando, quizá por la premura en el cierre pero creo que más bien por la cantidad de tropos que introduce en una trama que no da para tanto.

En las entregas anteriores (Beyond the Hallowed Sky y Beyond the Reach of Earth) el autor escocés ya había dejado clara la situación política tanto de la Tierra como de los otros planetas colonizados por los humanos, pero lo que parecía una historia de viajes en el tiempo y posibles paradojas temporales, ahora se complica aún más con una historia de primer contacto que se convierte en el tema central de la novela. No es que esté en contra de las tramas algo más complicadas, pero las tramas complicadas en los libros cortos hay que manejarlas con mucha precaución, ya que puedes quedarte corto de explicaciones, como creo que ha sucedido en este caso.

También me ha parecido una solución un poco ad hoc resolver las paradojas temporales con un ligero sentimiento de completitud que notan los humanos cuando resuelven uno de estos bucles temporales. Es un truco bastante manido, como si el lector no fuese capaz de darse cuenta que lo que ha pasado. La gran cantidad de puntos de vista en la novela se mantienen y eso creo también que juega en contra de la claridad expositiva de la obra en general, porque MacLeod tiene que hacer malabares con muchos personajes y muchas ideas en muy poco espacio e inevitablemente algunas bolas caen al suelo. Al menos son bolas y no antorchas ardientes, por lo que la novela sigue siendo consistente y disfrutable, aunque quizá no tanto como se esperaba en un principio.

Los temas que se tratan en la novela y en la serie por supuesto que serán del gusto de cualquier aficionado a la ciencia ficción, porque el autor sabe de qué pie cojeamos. El alegato contra el uso indiscriminado de los recursos que abocan a la crisis o la negativa del crecimiento constante como solución a todos los problemas (ahí llevas esa, capitalismo) también es una clara referencia a la ideología del autor.

Se agradece enormemente que los libros trajeran un resumen de lo acontecido en las entregas anteriores, un detalle que cada vez más autores tienen en cuenta. Tengo interés por lo próximo que nos ofrezca el autor, aunque esta trilogía no esté entre mis favoritas.

Kakistocracy

Continúan las aventuras de Conrad Brent en Nueva York, pura fantasía urbana escapista y divertida. En esta ocasión, Alex Shvartsman no tiene un solo tema central como en la primera entrega, si no que conjuga varias amenazas aparentemente de menor calado para dar lugar a una novela entretenida, si bien menos redonda que la anterior, bien sea por que el mundo que nos presente pierde algo de frescura, bien sea por algunas soluciones un poco ad hoc para los problemas a los que se enfrenta nuestro héroe, un poco Harry Dresden de Hacendado.

El autor de origen ruso no deja de lado la oportunidad de hacer crítica política, algo que ya deberíamos haber sospechado tan solo con ver el título de la novela. La caquistocracia es el gobierno de las personas más ineptas, incompetentes y cínicas, algo que parece estar a la orden del día. Las elecciones a alcalde de Nueva York tiene un resultado que, no por inesperado, influirá de manera catastrófica en el equilibrio del mundo mágico. Como historias adyacentes, una venganza feérica que pende sobre Conrad y un enfrentamiento entre los ángeles y los demonios por un alma que, la verdad, parece no valer tanto.

El ritmo de la novela es bastante rápido y sus 250 páginas pasan volando, con enfrentamientos mágicos, traiciones e intrigas que se ven venir quizá desde demasiado lejos, siendo este uno de los principales problemas de Kakistocracy, su previsibilidad. No hace falta ser un lector muy avispado para ver por dónde van a ir los tiros una vez que tenemos todas las tramas del libro ante nuestros ojos, algo que le resta el interés que la primera entrega sí que desbordaba.

Desconozco si el Conradverse tiene previstas más entregas, ya que me gustaría seguir visitando este mundo tan contemporáneo como mágico que Alex Shvartsman ha creado, si bien con algo más de misterio en la trama y desarrollo de los personajes, sobre todo el cambio moral de Moira, que la verdad, roba cada escena en la que aparece. Tal vez, en vez de seguir solo centrándose en Conrad, el autor podría abrir más el abanico para conocer a los otros personajes de la Guardia de Nueva York. Desde luego, material no le faltará para seguir escribiendo libros que te dejen con una sonrisa en los labios.

Terms of Service

La primera novela que leí de Ciel Pierlot, Bluebird, me dejó un buen sabor de boca así que no es de extrañar que tuviera cierto hype con la llegada de este Terms of Service. Y es una novela que me ha tenido entretenida un buen rato, que es más de lo que me ofrecen algunos libros con una campaña de marketing mucho mayor alrededor, aunque es difícil de reseñar sin caer en el terreno del spoiler.

La protagonista de la novela es Luzia, una especialista en recuperación frente a desastres que vive en el Bastión. El Bastión es una zona en constante peligro de venirse abajo, por lo que su labor es muy importante. Así que cuando secuestran a su primo, cree estar preparada para recuperarlo de la mano de los Astrosi, a pesar de que esta tribu es capaz de ejercer su magia sobre los elementos o al menos eso se ha dicho desde siempre en el Bastión.

Y aquí es donde Pierlot empieza a jugar un doble juego, con una aplicación sutil de la ley de Clarke asemejando a la magia una tecnología demasiado avanzada para el conocimiento de Luzia y su pueblo. Los paralelismos con las relaciones feéricas no quedarán ahí, porque también habrá acuerdos en los que se perderá bastante más de lo que se esperaba y no sabemos muy bien si compensa firmarlos. El libro tiene un cierto regusto a ciencia ficción clásica, recordando a grandes conocidos como “Anochecer”, de Isaac Asimov y a cierta novela de Heinlein. Pero claro, si vamos especificando a cuál de ellas me refiero se perderá el efecto que pretendía conseguir la autora.

En cuanto a la prosa, nos encontramos ante una novela efectiva, poco dada a florituras. Los diálogos, aunque son fluidos, no me han parecido especialmente memorables, quizá por los cambios en la personalidad de Luzia provocados por sus desafortunadas negociaciones quizá por propia elección de Pierlot. Especial atención a los juegos de palabras con los distintos componentes que forman el mundo en el que se desarrolla la novela, algunos más previsibles que otros pero todos atractivos.

Terms of Service es una mezcla entre fantasía y ciencia ficción, que pretende engatusar al lector y que puede resultar fascinante para alguien menos versado en los clásicos de la ciencia ficción, aunque a los que ya peinan canas o directamente no peinan nada no les resultará tan sorprendente. Aún así, merece la pena adentrarse en estas 400 páginas. No creo que os decepcione.

We Who Hunt Alexanders

Tuve la oportunidad y el honor de presentar a Jason Sanford y su Aves de la Peste en el festival Celsius y el autor fue tan amable de regalarme un ejemplar de su nuevo lanzamiento, la novela corta We Who Hunt Alexanders. Aunque por la cubierta parecía un poco (un poco bastante) fuera de mi zona de confort, no dejé pasar la oportunidad de leerlo en cuanto me fue posible.

El libro tiene cierto parecido con Aves de la Peste en cuanto a temas tratados, pero ni siquiera pertenece al mismo género, así que tenemos la oportunidad de conocer a Sanford en otra faceta distinta.

La historia la protagoniza Amelia, que es una ripper, un monstruo que se alimenta de los malvados a los que llaman Alexanders (algo que a lo largo del libro se explicará). Amelia es una ripper algo especial, por que tiene sentimientos, algo que ni su madre ni las demás monstruos de la historia ha tenido nunca. Aquí ya vemos un poco por dónde irán los tiros del relato, con la singularidad de Amelia enfrentándose tanto a la tradición como al mundo en el que se desarrolla.

Sanford no emplaza temporalmente su novela corta en un momento determinado del tiempo, podría ser más o menos contemporáneo, pero lo deja difuso a conciencia para incidir en la atemporalidad del mal, encarnado en este caso en los Alexanders pero extrapolable a la sociedad en general. También resulta muy interesante la presencia de humanos que echan leña al fuego y provocan la creación de otros Alexanders, pero mantienen su conciencia tranquila, como agitadores fanáticos que solo echan más combustible al fuego, culpables morales si no de facto. Es muy interesante la dualidad que presentan este tipo de personajes, a salvo de la venganza de los rippers pero tanto o más culpables que los perpretadores.

En cuanto al horror previsto al ver la cubierta, se centra más en el gore que en terror psicológico, por lo que al menos para mí es bastante soportable. Los puntos débiles del libro son otros, como que la escasa longitud no permite al autor profundizar mucho en la propia historia de la familia encontrada, quedándose demasiado en la superficie para mi gusto. Como historia de paso a la madurez, los personajes son adorables en sus interacciones, pero resulta un poco demasiado inocente para resultar creíble, los buenos son demasiado buenos y los malos son la quintaesencia del mal.

We Who Hunt Alexanders es una historia que merece una oportunidad.

The Middling Affliction

The Middling Affliction de Alex Shvartsman es el comienzo perfecto para una serie de fantasía urbana. Tiene personajes carismáticos, humor, magia y una construcción de mundo lo suficientemente cercana como para que no haya que explicar muchas cosas pero lo suficientemente imaginativa como para que te apetezca zambullirte en ella.

El protagonista es Conrad Brent y, no nos vamos a engañar, es Harry Dresden pero sin magia. De hecho, el principal problema de Conrad es que reconoce la magia en los demás pero no la puede practicar si no es con los diversos artefactos con los que se ha ido haciendo a lo largo de los años. Y desde siempre ha mantenido una fachada de poderoso mago, ya que los seres como él, llamados middlings, son perseguidos por diversas razones.

Conrad es parte de La Guardia, una organización que se dedica a proteger a los mundanos de los seres mágicos. Él trabaja en Nueva York, que es donde se desarrolla la novela. Sin entrar mucho más en la trama, que tiene los giros esperados y algunos que no lo son tanto, el autor de origen ruso entretiene, critica y te hace reír con una obra que muestra tanto las excelencias de la fantasía urbana como sus defectos.

En esta primera entrega de la saga, que de momento tiene publicadas dos novelas, Shvartsman sienta las bases de un universo que parece un patio de recreo para él, ya que ha parecido divertirse como un niño chico mientras escribía el libro. ¿Te gustan los vampiros? Pues los pongo. ¿Semidioses? Los tengo de oferta. ¿Figuras míticas del folklore? Mira lo que me acabo de encontrar. Creo que se nota tanto cuánto ha disfrutado escribiéndolo que transmite su alegría al lector.

Me gusta especialmente que utilice la “dolencia” de Conrad como hilo conductor de toda la novela, le más empaque que mostrar una simple enumeración de rencillas y peleas. Y deja el terreno abonado para las continuaciones. Os recomiendo este libro encarecidamente, os lo hará pasar muy bien.

Loka

Aunque Meru me pareció un libro tanto con luces como con sombras, no por ello dejé de tener interés en la obra de S.B. Divya. La segunda entrega de la saga The Alloy Era sigue explorando el transhumanismo y lo que significa ser humano, esta vez a través de la aventura de Akshaya, la hija híbrida de los protagonistas de la primera entrega de la saga.

Loka tiene un cierto toque juvenil, de novela de rito de paso. Entiendo lo que la autora ha querido hacer con la protagonista, mostrándonos las dudas inherentes a cualquier persona que está empezando a tomar decisiones transcendentales en su vida, teniendo que hacer malabarismos entre las expectativas de los demás y las propias. Sin embargo, creo que en esta ocasión Divya vuelve a ofrecer una construcción de mundo espectacular unida a una trama bastante endeble. El mundo transhumanista de Loka es fascinante, pero el reto que sume Akshaya es un camino de Santiago con esteroides. Este desequilibrio es lo que hace que Loka no sea una obra redonda, pero tiene aspectos bastante interesantes que creo que hacen que merezca la pena la lectura.

El hecho de lo que los Alloys (transhumanos) sean la especie dominante en el sistema solar relega a los humanos a un papel de figurante, muchas veces “pastoreados” por los Alloys para que sus vidas sean lo más cómodas posibles. Pero esta época postescasez, que recuerda bastante a la Cultura de Banks, también genera seres humanos inconformistas con el status quo. Si en las novelas del autor escocés estos se apuntaban a Circunstancias Especiales, en el mundo de la autora india buscan otros retos y otros lugares en los que desarrollar sus inquietudes. Me gusta mucho este abanico de posibilidades que ofrece, para poder tener donde elegir.

De nuevo tendrá un lugar preminente la anemia falciforme que hace que Akshaya esté mucho mejor preparada para vivir en Meru que en la Tierra y que supone un desafío constante para su bienestar en el reto que afrontar. No obstante, lo que podría suponer un obstáculo insoslayable para otro personaje, se convierte en un acicate para que Akshaya siga avanzando. En este sentido, es admirable cómo se refleja el instinto de superación de la juventud.

Sin embargo, los capítulos dedicados al viaje en sí, no dejan de ser una concatenación de problemas y sus soluciones, con un uso excesivo del deus ex machina que no me convence. Este es el principal problema del libro, por lo que no se puede considerar una obra redonda. No obstante, aunque no sé si habrá más entregas de la serie, desde luego que estaré interesada en ellas, sobre todo por el mundo tan interesante que nos ha presentado la autora.