Chaos Vector

Aunque la primera entrega de esta saga me había parecido entretenida, es cierto que algunos detalles no habían terminado de convencerme. Parece como si Megan O’Keefe hubiera leído la reseña y hubiera tomado nota cuidadosamente, pues esos puntos de inocencia y credulidad desaparecen en unos personajes mucho más curtidos y desarrollados, pero sin que desaparezcan las revelaciones y las conspiraciones que formaban el entramado de Velocity Weapon.

La novela continúa la historia que se había desarrollado en la primera entrega de la serie, pero con una apuesta bastante arriesgada ya que desaparece de escena uno de los dos personajes principales que con su presencia sustentaba gran parte de la historia. No conforme con esto, se introducen algunos personajes nuevos que tienen que entrar en la dinámica de forma muy acelerada para cumplir su papel, quizá no fundamental pero sí relevante. O’Keefe sale airosa de ambos retos, en parte debido a la atractiva personalidad de Sandra, con quien ya habíamos empatizado por su minusvalía que realmente no es impedimento en ningún momento y también por el valor que despliega la panoplia de secundarios con los que interactúa.

Me ha gustado especialmente la forma en que se van descubriendo los planes del «archienemigo» y su justificación moral. Quizá en algunos momentos el libro se convierta en una especie de correveidile con los constantes desplazamientos entre localizaciones convenientemente situadas que quizá no sean necesarias (o sí) para que avance la historia. También el personaje de Biram se va desdibujando un poco, borrado de la novela por la arrolladora personalidad de su hermana y con una subtrama amorosa que parece un poco forzada.

Aunque por supuesto la historia continuará en el siguiente libro, esta vez la autora ha conseguido darle un cierto cierre a este capítulo de la saga, aún con muchos hilos pendientes de resolución. Así, parece un libro completo y no solo el prólogo de los siguientes.

Velocity Weapon

Un poco de space opera nunca viene mal o al menos eso me dice mi médico imaginario, que se ve que me conoce bien. Así que empecé a leer Velocity Weapon buscando un poco de escapismo y lo cierto es que lo encontré.

Quizá el aspecto que más me ha gustado es la fortaleza de la protagonista. Sandra es una oficial de artillería que de repente despierta lisiada en una nave enemiga y han pasado décadas desde que entró en hibernación. Aún así, no se rinde y empieza a investigar para hacerse ella misma una prótesis y conocer a fondo la nave donde se encuentra, estableciendo una curiosa relación con la IA de la propia nave.

También me han gustado las teorías conspiratorias que se desarrollan en los otros puntos de vista del libro, que añaden «salsa» a la narración, con una trama de espionaje algo ingenua pero entretenida. Además, O’Keefe juega muy bien sus cartas ocultándonos información imprescindible para el desarrollo de los acontecimientos, con algunos giros de guión inesperados y otros más previsibles que consiguen mantener la tensión en un libro no especialmente corto. El hecho de que una relación fraternal sea el principal motor de una misión de rescate o que los progenitores de Sandra sean dos padres no hace si no añadir detalles agradables al libro.

Por desgracia, hay otros aspectos de la novela que no son tan acertados. Se respira cierto aire de inocencia y credulidad en muchos de los personajes, que es lo que permite que muchos de ellos sigan vivos, pero también que los «malvados» no tengan apenas problemas para llevar a cabo sus planes.

Pero lo que más me ha molestado, es que en una novela no resuelva prácticamente nada. Vale que ya sabía que era la primera parte de una trilogía, pero al menos que tuviera una conclusión aunque sea un punto y aparte sería de agradecer.

Portada de Velocity Weapon

La space opera es una de mis debilidades y con esta portada no os puede extrañar que le haya echado el ojo a Velocity Weapon, la nueva obra de Megan E. O’Keefe. Se publicará de la mano de Orbit en junio de este año.

La sinopsis:

The last thing Sanda remembers is her gunship breaking up around her as her preserving pod expanded, sealing herself away for salvage-medics to pick up. She expected to awaken in friendly hands, patched up and patched back into a new gunship. Instead, she awakens 230 years later upon an empty enemy smartship, The Light of Berossus or, as he prefers to be called, “Bero”. The war is lost. The star system is dead.

However, Bero may not exactly be telling the whole truth.

Mi traducción:

La última cosa que recuerda Sanda es su nave resquebrajándose a su alrededor mientras que la cápsula de supervivencia le protegía a la espera de rescate. Esperaba despertar en manos amigas, curada y de camino a una nueva nave. En cambio, se despierta 230 años después en un navío inteligente enemigo, The Light of Berossus, o como él prefiere que le llamen «Bero». La guerra se ha perdido. El sistema solar ha muerto.

Pero es posible que Bero no le esté contando toda la verdad.