The Great When

The Great When está publicado en español como El Gran Cuando con traducción de Juan Trejo.

No creo que haga falta ninguna carta de presentación para el brujo de Northampton, que si bien es más conocido como guionista de cómics también tiene una extensa lista de novelas en su carrera. Con The Great When da comienzo a una pentalogía situada en el Londres post Segunda Guerra Mundial, indagando en los cambios en la sociedad provocados por este conflicto global.

Lo primero que llama la atención de la novela es que Moore está más comedido de lo habitual en su prosa, lo cual no quiere decir para nada que estemos ante una lectura simple. Solo es más asequible que otras de sus obras más recientes. Pero ese conocimiento enciclopédico sobre la cultura popular y no tan popular sigue emanando en cada frase, comentario y párrafo. Moore es uno de esos autores capaces de tener mirando la Wikipedia y explorando todas las ramificaciones de lo que para él es un simple añadido, que quizá no llega ni a ser una nota a pie de página.

El protagonista de The Great When es Dennis Knuckleyard, ayudante de una librera de oscuro pasado. En el transcurso de una transacción banal por una serie de libros, Dennis acaba teniendo entre sus manos un libro que no existe y que, de hecho, no debería existir. Este hecho es el detonante de toda una aventura lisérgica en la que Dennis visitará un Londres alternativo tan peligroso como exuberante, plagado de representaciones y arquetipos de personajes de opereta y malvados de manual. El autor enlaza estos tránsitos con el viaje hacia la madurez de Knuckleyard, forzado por las circunstancias madurar más allá de su desarrollo físico.

Es una novela en la que hay humor, tragedia y violencia, comentarios sobre obras de arte y eruditas exposiciones sobre oscuros libros de principios del siglo pasado, formando una amalgama extrañamente atractiva. El componente fantástico está inextricablemente ligado a ese Londres alternativo, que en ocasiones permea nuestro mundo real, si es que nuestro mundo es el real, algo que queda en entredicho.

El libro nos ofrece también un tono dickensiano en la forma de presentar a los personajes obligados por las circunstancias a buscarse la vida de la forma más cruda, a solo una mala decisión de la indigencia. En este sentido, la historia de Grace es tan cruda como realista, erigiéndose a mi parecer en el personaje más interesante de la novela.

Estoy realmente intrigada por la siguiente entrega del quinteto, titulada I Heard a New World, de publicación prevista para mayo de este mismo año.

The Kingdoms

The Kingdoms es una novela que empieza bastante fuerte, con un escenario histórico alternativo donde Francia reina sobre las islas británicas con un foco de resistencia en Escocia. La esclavitud es el pan nuestro de cada día y la historia comienza con un personaje amnésico incapaz de recordar nada de su pasado desde el momento en que se baja del tren en la estación de Londres.

La amnesia me parece un recurso bastante tramposo cuando estoy leyendo una novela, quizá por que se usa en demasía o quizá porque le sirve al autor para hacer tabula rasa y empezar desde cero sin que cueste ningún esfuerzo. Sin embargo, el mundo alternativo que plantea Natasha Pulley sí que parecía interesante a priori. Un siglo XIX en el que Inglaterra es una colonia de Francia, donde la esclavitud no se ha abolido, que el inglés sea un idioma prohibido y perseguido… todo parecían premisas muy atractivas.

Por desgracia, lo que es un prometedor comienzo poco a poco se va difuminando. Las distintas líneas temporales que utiliza la autora para narrar los acontecimientos van perdiendo interés y el ambiente naval de la mayoría de las escenas tampoco está excesivamente conseguido. La rigidez de la disciplina marítima contrasta de forma poco favorecedora con la maleabilidad del flujo del tiempo que conforma la base de la novela. Los personajes se sienten acartonados, cortados todos por la misma tijera. El ritmo se vuelve pesado y las “revelaciones” no lo son tanto cuando te las esperas desde el minuto uno.

Algunos puntos a favor del libro podrían ser la astucia de los elementos de la inteligencia naval francesa para sonsacar datos a los prisioneros, ya que son capaces de obtener mucha información simplemente deduciendo y extrapolando a partir de los nombres de las estaciones de metro que obtienen bajo tortura (recordemos que la convención de Ginebra no estaba vigente en aquella época) o el uso de longevas tortugas para experimentar con el flujo temporal. Pero son elementos muy escasos para otorgar méritos a una novela que se vuelve plomiza.

The Kingdoms ha resultado ser una novela perfectamente prescindible.