Circe

De nuevo tenemos el placer de tener a Pablo Bueno como reseñador en el blog, en esta ocasión con una novela de mucho éxito como Circe.

Llevaba con la lectura de Circe pendiente desde que vi por primera vez la portada, allá por 2018, cuando ganó el premio Best fantasy de Goodreads. Y, por banal que resulte, tengo que confesar fue fue un flechazo y solo por eso la apunté en pendientes. Ahora que tengo la edición en tapa dura de AdN en las manos tengo que decir que mis impresiones fueron acertadas. El libro resulta soberbio, con un mapa precioso en el interior. Pero lo más importante es que, como en toda esa buena ficción, (sea de ciencia, de épica o de cualquier otra etiqueta), esta novela nos habla, a través de lo que no existe, de cuestiones que sí encontramos en el mundo real y que nos afectan a todos.

Pero empecemos por el principio:


Circe, al menos para los que no tenemos una gran formación clásica, era sencillamente la bruja que convirtió en cerdos a los hombres de Ulises cuando llegaron a su isla. En realidad los escritos cuentan bastante más de ella, pero eso es, a grandes rasgos, lo que seguro que muchos teníamos en la cabeza al empezar el libro. El trabajo que Madeline Miller realiza a partir de esas fuentes consiste en remontarse hasta el nacimiento de la diosa, rellenar todos los huecos, reinterpretar los hechos conocidos y llevarnos de la mano por su vida creando en el camino un personaje completo, complejo, fascinante y que evoluciona de forma casi imperceptible según leemos, pero de forma mayúscula con el correr de las páginas. Por cierto que, con otro escenario distinto, y posiblemente con otro objetivo en mente, me recuerda con insistencia el Loki de Mike Vasich, traducido de forma magistral por Pedro Román.

Circe es hija de Helios, el titán, y la ninfa Perse, pero no se parece en nada a ellos, ni a los que habitan en la corte de su padre. Es diosa, sí, pero apenas tiene poderes y la mayoría de las cuestiones y el sentir de las otras divinidades le resultan ajenos. Posee una curiosidad y una empatía que son desconocidas para los seres ultraterrenos que nos muestra Miller. Es por eso por lo que pronto conoce a los mortales, se empieza a interesar por ellos y, finalmente, será desterrada a la isla de Eea por siempre. Dicho esto, que nadie lo tome como un spoiler de la trama, puesto que apenas acabamos de arañar la superficie de lo que esta novela tiene que ofrecer.


Pero sí que es aquí donde tenemos que empezar a hablar de la personalidad compleja y dual de nuestra protagonista, porque, por una parte, es una diosa, o bruja inmortal ya en esos momentos, pero, por otro, la vemos totalmente unida a las cuestiones de los mortales. Más aún: no solo sufre en propias carnes ese contacto con la humanidad. Es que, además, por su propia naturaleza, vive la mortalidad de forma mucho más intensa. Lo que para nosotros es cotidiano, resulta auténtico y fascinante para ella; donde sus conocidos terminan por morir, ella vive y pena por todas las muertes de esos seres cercanos que pierde.


Es a través de todos estos eventos, de todos los avatares y pequeñas victorias, como vamos viendo la transformación del personaje desde un inicio inocente, e incluso ignorante, hasta la configuración de una mujer madura, sabia y llena de orgullo. Y esto ocurre no al modo de las grandes gestas, ejem, épicas, sino de esa evolución elegante, lenta, profunda y sutil que obedece a la adquisición y el descubrimiento de la propia identidad, del carácter; a ese arte de maestra esgrimido por Miller que saca una figura del mármol usando pequeños toques de su cincel. Porque, ante todo, Circe se revela como una mujer valiente que no duda en afrontar las consecuencias de sus acciones y estas la golpean una y otra vez, modelando su propio ser. Es lo que sucede, por ejemplo, con la maternidad. El dolor, el miedo, las circunstancias adversas, la ampliación del propio ser a través de su vástago, resultan sobrecogedoras en esta diosa de sentimientos humanos.

Algo que me ha parecido sublime es esta reinvención de la figura clásica que realiza Miller, haciendo que Circe se pasee por muchos de los grandes hechos de la mitología clásica. Los que la incluyen expresamente, pero también por otros que, aunque en la tradición a menudo tenían por protagonistas a hombres, descubrimos que, de nuevo, su mano tuvo un papel trascendental o, al menos, un cierto porcentaje de responsabilidad entre bambalinas. Todos estos añadidos engranan perfectamente en la historia y son coherentes con el personaje.


Esta construcción se hace, además, desde una perspectiva realista e inmisericorde. Miller desnuda a la divinidad de toda virtud no merecida, al igual que a muchos humanos de nombre bien conocido. De este modo, nos muestra que, a menudo, no solo los héroes, sino incluso los dioses tienen más defectos que la humanidad y que son los mismos y más acentuados. Y, sí, Circe también es una novela eminentemente feminista. Una que toma las figuras preponderantes de los grandes dioses y héroes varones (y también algunas de las diosas con autoridad reconocida) y las confronta con la diosa a priori débil y menor y las
mujeres que fueron secundarias en estas historias. Pero es que, realmente, el relato va mucho más allá y trasciende el feminismo para ahondar en una esfera humanista; en el derecho de independencia del ser humano (y de la diosa, más humana que muchos de los hombres con los que se cruza); en la importancia de los principios que rigen la verdadera virtud.


Quiero terminar, por una parte, destacando también el trabajo de Cecilia Recarey Rendo y Jorge Cano Cuenca, que han realizado una traducción fabulosa. Por otra, recomendando este libro a cualquier tipo de lector no infantil. Para mí es una novela de 5 estrellas que se va directa a mi apartado de favoritos de Goodreads y a la estantería de honor de casa. Una verdadera delicia para amantes del género y para los que creen que no lo son.