Velocity Weapon

Un poco de space opera nunca viene mal o al menos eso me dice mi médico imaginario, que se ve que me conoce bien. Así que empecé a leer Velocity Weapon buscando un poco de escapismo y lo cierto es que lo encontré.

Quizá el aspecto que más me ha gustado es la fortaleza de la protagonista. Sandra es una oficial de artillería que de repente despierta lisiada en una nave enemiga y han pasado décadas desde que entró en hibernación. Aún así, no se rinde y empieza a investigar para hacerse ella misma una prótesis y conocer a fondo la nave donde se encuentra, estableciendo una curiosa relación con la IA de la propia nave.

También me han gustado las teorías conspiratorias que se desarrollan en los otros puntos de vista del libro, que añaden «salsa» a la narración, con una trama de espionaje algo ingenua pero entretenida. Además, O’Keefe juega muy bien sus cartas ocultándonos información imprescindible para el desarrollo de los acontecimientos, con algunos giros de guión inesperados y otros más previsibles que consiguen mantener la tensión en un libro no especialmente corto. El hecho de que una relación fraternal sea el principal motor de una misión de rescate o que los progenitores de Sandra sean dos padres no hace si no añadir detalles agradables al libro.

Por desgracia, hay otros aspectos de la novela que no son tan acertados. Se respira cierto aire de inocencia y credulidad en muchos de los personajes, que es lo que permite que muchos de ellos sigan vivos, pero también que los «malvados» no tengan apenas problemas para llevar a cabo sus planes.

Pero lo que más me ha molestado, es que en una novela no resuelva prácticamente nada. Vale que ya sabía que era la primera parte de una trilogía, pero al menos que tuviera una conclusión aunque sea un punto y aparte sería de agradecer.

A Memory Called Empire

Este era sin duda uno de los libros más esperados del año, no solo por una portada arrebatadora, si no por todos los rumores que había alrededor de la publicación de esta primera novela.

Y es que las referencias a autores consagradísimos en la space opera como mi admirado Iain M. Banks no hacían si no aumentar el hype, algo quizás contraproducente para la lectura.

Afortunadamente, A Memory Called Empire es un libro que se mantiene perfectamente por sí mismo, sin necesidad de tantas comparaciones.

El universo en que se sitúa la acción está dominado por un Imperio que ha conquistado un territorio tras otro y que mantiene una tensa paz con otras colonias mineras, en un equilibrio inestable con as colonias mineras que depende mucho de los intereses comerciales y de las ganas de conquista que tenga el emperador de turno. Y sin embargo, hay algo que planea en el horizonte que puede llegar a cambiar la difícil situación de status quo actual.

Esta idea, obviamente, no es original. Y sin embargo, el punto de vista con el que trabaja la autora, dándole voz a la embajadora de una de estas colonias mineras, da la posibilidad de ver el imperio desde la perversa admiración que puede provocar el depredador que te amenaza. Y es que la seguridad que provee el imperio a sus habitantes permite que florezcan las artes, mientras que en los otros territorios bastante tienen con luchar por la supervivencia. Esta fascinación por el lenguaje, por la prosa y los versos más elaborados, se hacen patentes en los aspectos de la vida cotidiana. Por ejemplo, me asombra que la clave de cifrado de los mensajes de gobierno sea el último poema de moda, a pesar de la fragilidad inherente de una cifra basada en la sustitución.

La novedad más importante que nos trae la autora son los imagos, algo semejante a los implantes de antepasados que ya utiliza Aliette de Bodard en su ciclo de Xuya, pero dando un paso más en la integración entre las memorias pasadas y las presentes. La persona a la que se le implanta un imago, se «transforma» en otra, en una mezcla homogénea entre el pasado y el presente que permite avanzar hacia el futuro sin perder el conocimiento ya acumulado. Es una idea fascinante, sobre la que gira toda la novela, desde el punto de vista ajeno a esta costumbre, incomprensible para muchos de los que la conocen por primera vez.

Otros detalles también son entrañables, como los nombres de los miembros del imperio, consistentes en un número y otro nombre común. El hecho de que aún con esta nomenclatura tan extraña haya hueco para el cariño con motes personalizados aumenta la empatía que el lector siente por unos personajes, que ya de por sí se hacen de querer.

Existe un esfuerzo considerable por parte de la autora para que el lector se acostumbre a la terminología del universo de una forma natural, administrando la información pausadamente y engarzando cada fragmento para dar lugar a un mosaico complejo y hermoso a la vez.

El ritmo de la novela está bastante bien llevado, menos algunos momentos que rebajan la tensión creciente y un final para mí algo precipitado. Pero A Memory Called Empire es una estupenda primera novela, con ideas conocidas pero con nuevas perspectivas y una atención al detalle muy agradable. De las mejores lecturas del año, sin duda. No me extrañaría nada ver el premio Locus a primera novela en las estanterías de Arkady.

Static Ruin

En esta última publicación de su Voidwitch Saga, Corey J. White aprovecha para atar los cabos sueltos que había ido dejando en las dos entregas anteriores, cerrando de manera bastante correcta una trilogía que estaba algo desequilibrada desde un principio por los increíbles poderes de la protagonista.

White escarba un poco en el pasado que todavía desconocíamos de Mars Xi, cuando va a buscar sus auténticos orígenes para lo que debe ponerse en contacto con su padre.

Static Ruin está menos centrada en la acción que las anteriores y tiene algunos pasajes reflexivos muy interesantes sobre la manipulación genética y los límites de la exploración científica, pero tampoco ahonda lo suficiente en este dilema moral como para distraernos de la principal función de esta publicación, que es cerrar la historia con un final aceptable, dejando abierta la posibilidad de una continuación.

El autor busca una carga emocional que en las entregas anteriores ya se vislumbraba pero que aquí alcanza su cénit. Me gustan algunas pequeñas pinceladas que añaden algo de humor a una historia que de por sí es terriblemente oscura y creo que Corey J. White es un autor interesante al que seguir. Como pronto volveremos a tener noticias suyas, es probable que vuelva a visitar el blog.

The Stars Now Unclaimed

Hay novelas que te atrapan con su ritmo y si eres capaz de dejarte llevar, las disfrutas como un paquete de palomitas en su punto de sal. The Stars Now Unclaimed es un buen ejemplo, un libro que quiere jugar a ser space opera y que tiene muchos toques de ciencia ficción militarista aderezado con misteriosos poderes que pueden cambiar el rumbo de la galaxia.

Con los mimbres mencionados anteriormente sería realmente difícil conseguir una novela original, pero Drew Williams tiene otra intención: busca la diversión pura para el lector. ¡Y vaya si la encuentra!

Lo más destacable del libro son las escenas de acción que se encadenan una tras otra. Somos testigos de batallas espaciales, asaltos armados con tecnología obsoleta que se va desmoronando en las manos, ataques a planetas enteros en los que entran en juego defensas orbitales y escaramuzas con pocos integrantes que tiene lugar en EVA. Y todo está narrado de forma divertida, siempre que apretemos el botón de suspensión de la incredulidad. Por que todo, absolutamente todo, lo hace la misma persona. Olvidaos de Lara Croft o Honor Harrington, porque Jane hace que sus hazañas parezcan méritos para conseguir medallas de boy scouts.

Las razas alienígenas que aparecen en el libro son excesivamente antropomórficas y la situación planetaria del último refugio es rocambolesca, pero como ya he mencionado con anterioridad, no tenemos que ponernos escrupulosos con la verosimilitud de la historia, si no simplemente dejarnos llevar y disfrutarla.

Me gustaría también mencionar el humor que destilan algunas de las escenas, simple pero efectivo. El libro tiene un marcado carácter cinematográfico y como tal hay que tomarlo. ¿Quieres algo que te recuerde a Star Wars con mucha acción? Este es tu libro.

Embers of War

A veces me da la impresión de que leo mucha más fantasía que ciencia ficción, aunque normalmente se trata de ciclos que se suceden el uno al otro. En esta ocasión ha sucedido lo contrario, he leído varios libros de ciencia ficción seguidos y los he disfrutado tanto que es bastante probable que siga con la tendencia.

Gareth L. Powell nos presenta en esta obra una aventura espacial con varios puntos de vista bastante bien engarzados. Parece innegable la influencia de otros autores de space opera del Reino Unido y otros países, pero una vez aceptada esta impronta se puede disfrutar perfectamente de una lectura ligera y agradable.

Me gustaría destacar la presencia predominante de las mujeres entre los miembros de esta novela coral. Además, ocupando puestos de importancia en el escalafón militar o en las organizaciones paramilitares. Un detalle que me llama la atención especialmente es que las inteligencias artificiales que controlan las naves se definan como femeninas, debido a las células humanas que se utilizaron en su creación. En este sentido he de decir que estas Mentes me recuerdan más las de Aliette de Bodard que a las de Iain M. Bank. Tienen un lado humano que puede dar mucho juego, ya que son capaces de sentir remordimiento, por ejemplo, a pesar de actuar cumpliendo órdenes.

Otro tema que se trata en la novela es la exoarqueología, aunque solo sea de pasada. Aquí se nota también la influencia de Jack McDevitt o de Diamond Dogs de Reynolds. El legado de civilizaciones desaparecidas puede ser causa de conflicto en la actualidad, siempre que se busque el beneficio personal por encima del comunitario.

Tenemos también presencia de alienígenas, pero el rol que desempeñan es bastante secundario. Estamos ante una historia humana con algunos elementos extraterrestres, pero no demasiados.

De nuevo, nos encontramos ante un libro de tono marcadamente optimista. Aunque comienza con una acción militar devastadora, hay un camino de redención para los implicados en esta cruenta batalla que sirve como punto de inflexión en la vida de muchos de los implicados. Me encanta que exista una flota privada sin ánimo de lucro destinada a rescates inverosímiles y que acaba siendo el destino final de muchas almas descarriadas.

A pesar de estos elementos positivos, Embers of War carece de originalidad en sus planteamientos, suena a historia ya conocida. Como entretenimiento veraniego tiene su valor, pero no esperes encontrar maravillas de creación de mundos o ideas rompedoras, porque no es el sitio.

Embers of War es una space opera con elementos clásicos resuelta con oficio y elegancia y que deja preparado el terreno para unas continuaciones que se antojan bastante interesantes.

The evolutionary void

Evolutionary-Void-HeaderCon esta última entrega finaliza la Trilogía del Vacío del Peter F. Hamilton, aunque el autor volverá a este escenario en The abyss beyond dreams.

Las dos entregas anteriores, aunque me gustaron, no me llegaron a entusiasmar. Afortunadamente puedo decir que con The evolutionary void, Hamilton consigue colmar mis expectativas.

En primer lugar el autor despacha relativamente rápido la trama de Edeard exponiendo solo algunos sueños (no sin aprovechar para mostrarnos la corrupción del poder absoluto). Así se dedica a lo que mejor sabe hacer : escribir space opera épica de la buena. ¿Razas alienígenas? ¡Las tenemos! ¿Amenazas galácticas? ¡Presentes! ¿Tecnologías gargantuescas? ¡Póngame una docena! Cuando lo que está en juego es la existencia de la GALAXIA toda implicación es poca.

La escala de las acciones que se nos muestran a lo largo de la lectura son tan enormes que nos vemos abrumados. Y la planificación que se ha requerido con anterioridad para que se desemboque en las escenas finales dice mucho de la capacidad de preparación de Hamilton. Personajes y acciones de las primeras entregas de la saga de la Commonwealth ahora cumplen su papel, secundario o no.

En algunas ocasiones parece que el propio autor no se toma muy en serio o busca oportunidades para escribir de una manera diferente, como cuando imita la forma de expresarse de un robot en «modo supervivencia» o cuando aparece un personaje por todos conocidos por su peculiar forma de entender el mundo (y expresarse al respecto). Esta «broma» aparece en el momento adecuado para seguir llevando al lector a través de los capítulos sin que en ningún momento decaiga el interés. Incluso uno de los capítulos está escrito de una forma que podríamos definir casi como poética. Es espectacular la cantidad de matices que el autor puede incluir en su prosa.

Quizá lo que más me ha calado tras finalizar el libro han sido sus implicaciones filosóficas. Lo que significa realmente ser humano, la evolución a la que nos veremos abocados tarde o temprano, el cumplimiento de los objetivos como especie… son temas muy profundos que Hamilton consigue exponer sin imponer (al menos no demasiado) sus convicciones.

Si lees estos libros, no te arrepentirás para nada del tiempo invertido. Lo único malo será el vacío que quedará en tu interior.

The dreaming void

200px-DreamingvoidComo ya me leí The abyss beyond dreams y quisiera hacer lo propio con The Night Without Stars, me hice el firme propósito de leer en algún momento la trilogía del vacío, Este empeño no es banal, se trata de tres libros de considerable volumen que requieren bastante tiempo, pero con la prosa ágil de Hamilton se hacen llevaderos.

La narración esta dividida en dos partes. Por un lado, vemos cómo se ha desarrollado el universo de la Commonwealth después de la Starflyer War. Por otro lado, asistimos a la narración de los sueños de Íñigo, que tiene una extraña relación telepática con Edeard, habitante de Querencia, un mundo dentro del Vacío con un sociedad feudal.

El principal problema de The dreaming void es que el interés de la narración de ambas partes está claramente desequilibrado. Mientras que en el mundo de la Commonwealth asistimos a luchas intestinas entre diversas facciones todopoderosas en Querencia vemos una historia muchísimo más típica de lucha por la supervivencia en un entorno casi medieval.

Tampoco ayuda al equilibrio de la historia que en una parte volvamos a encontrarnos con viejos conocidos como Paula Myo o Gore Burnelli, mientras que la historia de Edeard todos los personajes son nuevos y no te da tiempo a tomarles el mismo cariño.

No quiero en ningún momento decir que el libro es malo o aburrido. Muy al contrario, Hamilton vuelve a deleitarnos con aquello que se le da bien: alienigenas asombrosos, eventos de escala galáctica, intrigas, sexo… no falta nada lo que pueda constituir una gran space opera. La lectura es divertida y el ritmo trepidante, y sus muchas páginas pasan volando. Es solo que creo que podría haber sido mejor. Ya os contaré qué tal me va con el siguiente.

Nueva space opera Ninefox gambit

Ya tenemos por aquí la portada y la sinopsis de la primera novela de Yoon Ha Lee, titulada Ninefox gambit. Tengo muchísimo interés por leerla.

To win an impossible war Captain Kel Cheris must awaken an ancient weapon and a despised traitor general.

Captain Kel Cheris of the hexarchate is disgraced for using unconventional methods in a battle against heretics. Kel Command gives her the opportunity to redeem herself by retaking the Fortress of Scattered Needles, a star fortress that has recently been captured by heretics. Cheris’s career isn’t the only thing at stake. If the fortress falls, the hexarchate itself might be next.

Cheris’s best hope is to ally with the undead tactician Shuos Jedao. The good news is that Jedao has never lost a battle, and he may be the only one who can figure out how to successfully besiege the fortress.

The bad news is that Jedao went mad in his first life and massacred two armies, one of them his own. As the siege wears on, Cheris must decide how far she can trust Jedao–because she might be his next victim.

ninefox

A prospect of war

prospectTodo lo que he leído de Ian Sales hasta ahora me había gustado (Apollo Quartet, Wunderwaffe). Cuando oí hablar de su nuevo proyecto, una space opera, primero me extrañó, porque se alejaba de aquello a lo que nos había acostumbrado pero luego me interesó, ya que es uno de mis subgéneros favoritos.

A prospect of war no es una space opera al uso. Aunque hay naves espaciales capaces de saltar entre planetas, el Imperio Galáctico dominante funciona anclado en el feudalismo. Se da por tanto una extraña mezcla muy curiosa entre alta tecnología y enfrentamientos a espada, entre viajes espaciales y mensajeros que llevan despachos dentro de las propias naves.

Ormuz es un joven plebeyo de provincias que inesperadamente se convierte en el objeto de deseo de muchas facciones en sus luchas por el poder. Resulta fascinante la crítica nada velada que el autor hace a la infinidad de agencias, departamentos y cuerpos que es capaz de tener un gobierno, todas velando por sus propios intereses y entrando en conflicto con las demás. La trama de espionaje que se desarrolla a lo largo de esta primera entrega de Age of Discord, es compleja, y aunque al principio cuesta un poco entrar en ella, conforme avanzas en la lectura vas comprendiendo más cosas.

Los personajes secundarios también están bien perfilados, siendo especialmente destacable la igualdad de género. No debería ser noticia pero lo es, aquí hay tanto mujeres como hombres que ocupan posiciones de responsabilidad. Sales es un reconocido defensor de la ciencia ficción escrita y protagonizada por mujeres y predica con el ejemplo.

Un pequeño problema con el que me encontré fueron los nombres de los personajes. A semejanza con los nombres romanos, en A prospect of war se puede llamar a cada persona de una forma distinta según la clase social a la que pertenezca o la relación que se mantenga con ella. Me costó hacerme con los diminutivos y apodos, no hubiera estado de más un pequeño glosario.

Este libro también es un ejemplo de bildungsroman ya que asistimos al paso a la madurez de Ormuz, que de trabajar en una nave espacial pasa a ser mucho más. En algunas ocasiones este cambio parece un poco forzado, resulta difícil aceptar que todas las voluntades se dobleguen a su paso, pero es posible que esto tenga una explicación más certera en las siguentes entregas.

También tienen su lugar en esta novela temas más controvertidos como la ética de la clonación o la eterna pregunta de si el fin justifica los medios, aunque me parece que el asunto fundamental es la obsoleta estructura social. Me gustaría que el autor profundizara más en estos aspectos y espero que lo haga en A conflict of orders.

Space Opera

spaceoperaLa space opera fue un género denostado que hace algunos años, gracias al impulso de figuras como Iain M. Banks, ha tomado nuevos bríos. La interesante, aunque muy breve introducción que hace Rich Horton a este volumen me ha abierto los ojos a obras que yo no consideraba pertenecientes al subgénero o que directamente no conocía (aumentado mi ya de por sí exuberante pila de libros que quisiera leer).

Sin embargo, el relato corto pone unas restricciones en el tratamiento de la space opera que hacen que a priori sea más difícil prodigarse en esa longitud. Las aventuras espaciales parecen demandar páginas y páginas de descripciones de razas alienígenas y viajes incesantes. Con esta duda (¿se adaptará bien la space opera al formato corto?), comencé la lectura de la antología.

“The knight of chains, the deuce of stars” de Yoon Ha Lee

Existe un lugar en el que se almacenan todos los juegos que alguna vez han existido, desde los más simples hasta los de complejidad planetaria. El lugar está protegido por un guardián con un arma que nunca falla, así los peregrinos llegan pero no obtienen lo que buscan. Hasta que llega una muy especial.

No sé si la historia está planteada como un homenaje a Iain M.Banks y su Player of Games, aunque podría serlo perfectamente. Me gusta mucho cómo escribe esta autora y esa mezcla de sus temas fetiche (música, matemáticas, lenguaje y guerra) también está presente en este relato, que constituye una buena forma de empezar la antología.

“The wreck of the godspeed” de James Patrick Kelly

Una historia que quiere ser trascendente pero que se mezcla con impulsos juveniles y algunas gracietas insulsas quedándose a medio camino de todo. La colonización de nuevos mundos mediante naves exploradoras que van a un tercio de la velocidad de la luz pero a las que se pueden teletransportar humanos en cualquier momento no es una buena base para un relato, ya que no tiene mucho sentido.

“Saving Tiamaat” de Gwyneth Jones

Confusa historia repleta de pseudónimos en la que Gwyneth Jones nos presenta a unos mediadores en conflictos de razas pseudohumanas con capacidades casi sobrenaturales.

Resulta muy difícil seguir el hilo de la historia y la moraleja final es previsible. No me ha convencido.

“Six lights off green scar” de Gareth L. Powell

Una pequeña historia de redención tras un acto de cobardía. El relato es muy apresurado y no deja poso.

“Glory” de Greg Egan

Las bases que utiliza Greg Egan para un relato darían para muchos libros, de eso estoy segura. En “Glory”, solo el primer capítulo está dedicado a explicar un viaje casi a la velocidad de la luz para que dos exploradoras puedan investigar los resultados matemáticos de una raza extinta. Y hay ocho capítulos, así que imaginad lo que se nos viene encima.

A pesar de no ser de sus mejores cuentos (no resiste la comparación con muchos de los incluídos en Axiomático) no deja de ser interesante. Ahora bien, no me entra en la cabeza que a esto se lo considere space opera. Me temo que Rich Horton y yo tenemos una definición muy distinta para el término.

“The mote dancer and the firelife” de Chris Willrich

Mezclar el dolor por la pérdida de un ser querido con una historia de fantasmas parece bastante adecuado, pero hacerlo con un más allá alienígena es un poco extremo. La idea de los equipos guerreros formados por Don Quijotes (línea de ataque) y Sancho (escudero) es buena, aunque está desaprovechada en este relato. Y podría seguir con los fallos y aciertos de Willrich pero en definitiva, mezclando algunas cosas buenas con otras no tanto lo que obtenemos es un resultado irregular.

“On rickety thistlewaite” de Michael F. Flynn

Con unos pequeños toques galácticos para hacerlo ciencia ficción, pero realmente ésta es una historia de fantasía sobre la pesada responsabilidad del gobierno y cómo no todo el mundo está preparado para ello. Algunas frases son realmente jocosas, pero por lo demás, es un relato del montón.

“War without end” de Una McCormack

Una historia sobre el revisionismo histórico y si merece la pena remover viejas heridas con el fin de que la verdad vea la luz. McCormack deja a nuestro juicio la decisión.

“Finisterra” de David Moles

Aunque la historia no está relacionada, no he podido evitar acordarme de The algebraist y sus habitantes de los gigantes gaseosos cuando estaba con “Finisterra”. Nos encontramos con una novela de aventuras con algo de ingeniería y diversas religiones, una mezcla que no acaba de resultar buena.

“Seven years from home” de Naomi Novik

Me ha gustado bastante esta historia de una guerra en el mismo planeta. El punto de vista es el de un agente imperial enviado por una fuerza extraplanetaria para intentar prolongar el enfrentamiento y conseguir que los adversarios se anexionen al imperio por puro agotamiento. Lo más llamativo es la forma de desarrollar la guerra por parte de uno de los bandos, basada en la evolución de la propia biosfera, pero el mensaje de fondo que yo veo es la asimilación de la cultura por parte del agente a fuerza de convivir con los habitantes del planeta.

Pretender cambiar al otro puede llevarte a tu propio cambio.

“Plotters and shooters” de Kage Baker

Imagina la típica historia de instituto americano con los atletas y los empollones enfrentados.

Sitúala en una plataforma de seguimiento y eliminación de meteoritos. Introduce un elementosorpresa y tendrás esta historia de Kage Baker. No pasa de un simple entretenimiento.

“The muse of empires lost” de Paul Berger

Dotar de personalidad y vida a los orbitales y naves espaciales creadas por el hombre como si fueran criaturas sentientes es lo mejor de esta historia, que lamentablemente se queda corta después, cuando finaliza de forma precipitada. Aun así, merece la pena leerlo.

“Boojum” de Elizabeth Bear & Sarah Monette

Cuando las naves espaciales son seres vivos con sus propias necesidades, utilizarlas para una vida de piratería espacial no parece lo más adecuado, pero este es el principal uso que tienen las naves Boojum de Bear y Monette. No está mal como historia pero no es memorable.

“Lehr, Rex” de Jay Lake

En este complejo juego de trampas mentales y subterfugios es el lector el principal implicado ya que cada uno dará una interpretación distinta a lo que ha leído. Me gustaría conocer la vuestra, porque yo no lo tengo claro.

“Cracklegrackle” de Justina Robson

Muchas ideas muy bien llevadas a cabo para narrar una historia dura sobre la pérdida y cómo afrontar el dolor y también sobre el racismo. Me parece especialmente interesante la existencia de una criatura capaz de verlo todo provista de la circuitería mental necesaria para interpretarlo, aunque esto sea una tecnología tan avanzada que sea casi indistinguible de la magia.

“Hideaway” de Alastair Reynolds

Una historia por la que merece la pena la antología. Esto sí es space opera con mayúsculas.

Una raza perseguida a través de años luz, tecnologías alienígenas que se han de estudiar para seguir adelante, conocimientos del pasado que se pueden utilizar en el futuro, un toque hard que se agradece mucho. Alastair en su máxima expresión. Imprescindible.

“Isabel of the fall” de Ian R. MacLeod

En esta fábula aparecen elementos de alta tecnología que han caído en la incomprensión pero que se siguen usando como artefactos religiosos que permiten seguir con el funcionamiento de la vida. A modo de hagiografía, conocemos las distintas versiones sobre Isabel, que no tenía nada de especial pero que cambió el mundo. Me ha gustado sobre todo la forma de tratar el sentimiento religioso y los enfrentamientos entre las distintas iglesias. Los castigos que sufren aquellos que van en contra de lo dictado superan la crueldad del más encallecido torturador.

“Precious mental” de Robert Reed

Compleja y absorbente historia. Las décadas pasan como suspiros cuando se dispone de la inmortalidad, pero las cuestiones metafísicas siguen acechando a cualquier ser de la galaxia.

“Two sisters in exile” de Aliette de Bodard

En este corto relato tenemos un atisbo del universo de Xuya creado por la autora francovienamita. Aunque no es tan excelente como los que escribe habitualmente, ver cómo afrontan la pérdida dos civilizaciones siempre resulta interesante.

“Lode stars” de Lavie Tidhar

Cada vez que leo algo de Lavie Tidhar me quedo con una sensacion agridulce. Me parece que escribe con una prosa muy llamativa pero me resulta muy confuso. Con esta historia de posibles viajes a través de horizontes de sucesos me sucede exactamente lo mismo.

“Silent bridge, pale cascade” de Benjanun Sriduangkaew

Creo que ésta fue una de las primeras historias que leí de Benjanun (la primera fue Courtship in the country of the machine-gods) y me fascina el tratamiento que hace esta autora con la ciencia ficción. La idea de una hegemonía capaz de reescribir las memorias de cada persona resulta inquietante contrastando con el desarrollo subyacente de la historia, tan delicado. Imprescindible.

“The tear” de Ian McDonald

En este relato se combinan ideas tan interesantes como las personalidades múltiples y las persecuciones a través de milenios luz para llevar a cabo una venganza. La propia grandiosidad del escenario creado y la increíble longitud temporal de la historia juegan en su contra. La trama interactúa directamente con nuestro sentido de la maravilla exigiendo al lector una concentración tan alta que en ocasiones llega a divagar.

En resumen, el tomo recopilatorio Space Opera contiene algunos relatos muy buenos, que sin embargo no entran dentro de la definición más conocida del término. También ha dado cabida a relatos que no tienen la calidad necesaria. El tamaño de la antología hace recomendable su lectura en pequeñas dosis para no empachar, pero no es un libro que de fácil lectura y no lo recomendaría a todo el mundo.