Bionautas

Creo que es de sobra conocida mi amistad con la autora Cristina Jurado, así que es bastante difícil que mi opinión sobre su libro sea totalmente objetiva. No obstante, intentaré exponer los puntos positivos y los negativos que me he encontrado en la lectura de Bionautas.

Bionautas es una novela de primer contacto entre una raza alienígena y los humanos, pero contado desde el punto de vista del “visitante”. Esta jugada es complicada, porque la premisa de la que pueden partir estas novelas es la imposibilidad de comprender al extraño (véase Solaris o Visión ciega). Cristina juega a que la comunicación es posible, pero es intrínsecamente difícil por las características de ambas especies. Esto lo consigue con un tono desasosegado y alienante en la narración, demostrando la falta de empatía del narrador. Y se hace mucho hincapié en que es el más “sentimental” de los bionautas, casi como una anomalía biológica que le permite relacionarse con los humanos de una manera más estrecha que los demás.

La forma elegida para contar la historia también es muy importante y creo que acertada. Se trata de una narración escrita como un diario hablado, algo que puede llegar a ser intencionadamente confuso por los saltos temporales que pueden ocurrir en cualquier narración no planificada. De nuevo, la autora juega con estos elementos a su disposición para gestionar la información de la que dispondremos, sin revelar demasiado al principio pero dando suficiente como para que el lector especule. De nuevo, un acierto.

Hay otras cosas, sin embargo, que no me han convencido. Creo que al libro le habría hecho falta una revisión más profunda, no solo por algunos fallos de imprenta que he visto, si no por algunas expresiones que no son lógicas. Por ejemplo, el narrador (que no olvidemos es un alien que viene de vivir en el espacio con su especie durante muchísimo tiempo) describe el atardecer como color “butano”. Desde aquí, mis felicitaciones a las campañas publicitarias de Repsol que son capaces de hacer conocidas sus antiguas bombonas de butano hasta en el espacio exterior. También existen algunas repeticiones, como la necesidad de estar arreglando sondas constantemente y cosas así, que entiendo que quizá se podrían haber evitado.

Estos detalles, no obstante, no me han impedido disfrutar de una lectura que me hace reconciliarme con la ciencia ficción española.

Nota: me dicen por el pinganillo que algunas de las erratas ya han sido corregidas en las versiones electrónicas, incluso se han eliminado los “butanautas”. Gracias por el aviso.

The Apex Book of World SF 5

Es de sobra conocida mi amistad con la editora de este libro, Cristina Jurado, pero quiero poner de manifiesto que he procurado que este hecho no influya en mi valoración. El proyecto de Lavie Tidhar con Apex World of SF cumple una labor muy importante y en esta su quinta entrega sigue al pie del cañón para mostrarnos relatos fuera de los sospechosos habituales.

Vina Jie-Min Prasad (Singapore) — “A Series of Steaks”

Estupendo comienzo para la antología con un relato justamente nominado a varios premios. Utilizando una tecnología tan en auge como la impresión en 3D, la autora profundiza en otros temas como la desigualdad social y la lucha contra el hambre. Muy recomendable.

Daína Chaviano (Cuba) — “Accursed Lineage” (traducido por Matthew D. Goodwin)

Menos de mi gusto por su acercamiento al terror, este corto relato nos muestra la visión desde el otro lado.

Darcie Little Badger (USA/Lipan Apache) — “Nkásht íí”

Basándose en la mitología de su pueblo, este cuento nos habla sobre la comunicación con el más allá y la relación con los fantasmas.

T.L. Huchu (Zimbabwe) — “Ghostalker”

También habla sobre la relación con los muerto T.L. Huchu, pero con una aproximación más amigable y entretenido, aunque he de reconocer que la brusquedad del final le roba algo de valor a “Ghostalker”.

Taiyo Fujii (Japan) — “Violation of the TrueNet Security Act” (traducido por Jim Hubbert)

Un relato sobre la posibilidad de la aparición de una verdadera IA entre los restos de Internet bastante creíble.

Vandana Singh (India) — “Ambiguity Machines: An Examination”

Me ha encantado este mash-up de historias sobre máquinas imposibles, escrito con una delicadeza que más que exponer acaricia la mente. Quizá el mejor de la colección.

Basma Abdel Aziz (Egypt) — “Scenes from the Life of an Autocrat” (traducido por Elisabeth Jaquette)

Crítica feroz al totalitarismo, que es capaz de creerse por encima del mal y del bien dictando leyes que se deben cumplir a rajatabla. Y también crítica a un pueblo adormecido que se deja llevar por la comodidad de una vida impuesta.

Liliana Colanzi (Bolivia) — “Our Dead World” (traducido por Jessica Sequeira)

Desesperanzador cuento sobre la colonización de otros mundos, hecho que implica la renuncia a la propia vida.

Bo-young Kim (South Korea) — “An Evolutionary Myth” (traducido por Jihyun Park & Gord Sellar)

Este mito coreano sirve para que veamos cuán alejadas son las tradiciones y costumbres de otros países respecto a lo que estamos acostumbrados.

Israel Alonso (Spain) — “You will see the moon rise” (traducido por Steve Redwood)

Me ha resultado muy curioso leer un relato que sé que se ha traducido del español porque estaba intentando adivinar qué frases se habían utilizado en el original mientras leía el texto volcado en inglés. Aunque resulta un poco confuso al principio este es el efecto buscado desde un principio. Felicito especialmente a Steve Redwood por la traducción de los versos que no ha debido ser nada fácil.

Sara Saab (Lebanon) — “The Barrette Girls”

No ha conseguido convencerme este relato sobre en qué consiste realmente ser humano.

Chi Hui (China) — “The Calculations of Artificials” (traducido por John Chu)

Un mundo en el que se mezclas las personas reales con las inteligencias artificiales basándose en algoritmos evolutivos para impedir la destrucción de la humanidad. Curioso e intrigante, aunque en un momento determinado se descubre el pastel antes de tiempo.

Ana Hurtado (Venezuela) — “El Cóndor del Machángara”

No me ha gustado o no he comprendido esta leyenda sobre relaciones entre personas y aparecidos.

Karla Schmidt (Germany) — “Alone, on the Wind” (traducido por Lara M. Harmon)

El enfrentamiento entre dos tribus pertenecientes en el pasado al mismo mundo pero divididas desde tiempos remotos, de forma que hasta su evolución las ha llevado por derroteros distintos. ¿Se puede llegar a amar lo que es diferente?

Eliza Victoria (Philippines) — “The Seventh”

Una vida truncada y repetida en un lugar maldito. Relato de terror que no llega a buen puerto.

Tochi Onyebuchi (Nigeria/USA) — “Screamers”

Investigación policial sobre unos actos de terrorismo capaces de una violencia extrema aparentemente indescifrables.

R.S.A. Garcia (Trinidad y Tobago) — “The Bois”

De nuevo una historia sobre tribus legendarios con poderes mágicos que no acaba de encajar.

Giovanni De Feo (Italy) — “Ugo”

Otro de los relatos más interesantes de la recopilación, jugando con la posibilidad de viajar en el tiempo al propio cuerpo (muy en la línea de La mujer del viajero en el tiempo) pero con más vueltas de tuerca para hacerlo memorable.

Como en toda recopilación, hay relatos que me gustan más y algunos que me gustan menos. Sin embargo, el nivel general es bastante bueno, la representación mundial está bastante extendida (con lógico hincapié en las obras de origen hispano) y con una selección de autoras nada desdeñable. Enhorabuena a Cristina por su encomiable labor.

Recordando a Iain Banks : Guest post Ian Sales

BanksIan Sales conoció personalmente al objeto de nuestro homenaje Iain Banks y ha sido tan amable de escribir para nosotros un post especial sobre él e incluso mandarnos una foto de su archivo personal. Me he permitido traducir su mensaje al español con la inestimable ayuda de Cristina Jurado.

Iain Banks – My Part in his Success

I first encountered Iain Banks at university in 1986 – a housemate shoved a copy of “The Wasp Factory” at me and urged me to read it. So I did. As promised, it was sick and twisted and very, very good. In fact, parts of the book have remained with me to this day, which is testament to its quality. I remember reading some of his other novels soon afterwards – I especially liked “Espedair Street”. Then I joined the British Science Fiction Association, and learned he’d written a science fiction novel, “Consider Phlebas”.

In 1989, I went to my first science fiction convention – it was local and seemed like a good opportunity to see what a convention was like. I enjoyed it. Later that same year, I attended another, this time in Glasgow. Banks was the Guest of Honour. “Canal Dreams” had been published that year, and I recall the convention booklet describing it as a “taunt thriller” instead of a “taut thriller”. I also learned that Banks had quite a reputation – cat-burgling at the Hilton Metropole in Brighton, for example, was an oft-repeated story. It was, of course, based on a small incident that had been blown completely out of proportion. But such stories seemed to attach to Banks, as if he were larger than life, much as his science fiction was larger than the genre seemed capable of containing. I was even a witness to one addition to the Banks mythology at that Glasgow convention, when during a room party I saw him pretend to drink from a bottle of massage lotion.

banksDuring that time, Banks was a fixture at British science fiction conventions. I next saw him at the Eastercon in Liverpool in 1990. Use of Weapons was launched there, and I bought a copy and had it signed. The Observer magazine had published Banks’s story about the Lockerbie bombing, ‘Piece’, late the year before, so we all knew his star was definitely on the rise. But there was no bad feeling about this – if sf needed an ambassador to the wider world of literature, then Iain Banks was well-qualified for the job. During the con, Chris Reed of Back Brain Recluse magazine arranged an interview with Banks, but couldn’t find anywhere quiet enough to do it – so I volunteered my hotel room. Around a dozen of us sat around and listened to Banks as he talked about Lockerbie, bridges, women’s underwear and science fiction. As far as I know, the interview has never been published.

I remember reading “Use of Weapons” several months after the convention and being blown away by its clever structure and ending. Iain Banks has often been credited with kicking off the British New Space Opera wave, and novels like “Use of Weapons” make it easy to understand why.

That year, Banks seemed so ubiquitous in the genre press that I put “SPECIAL ISSUE: NO IAIN BANKS INTERVIEW” on the cover of a fanzine I edited. I showed him a copy at the 1991 Eastercon in Glasgow, and he signed the fanzine for me. I’ve since lost the copy, which is a shame.

In 1996 – I was living in the Middle East by then – I returned to the UK on holiday, as I did each year, and at a convention in Birmingham bought “Excession”. Banks was present, so he signed it for me. I think it was at that convention where we had the bar conversation in which we tried conflating the opening lines from his “The Crow Road”, “It was the day my grandmother exploded”, and John Varley’s “Steel Beach”, “‘In five years, the penis will be obsolete,’ said the salesman”. The results are probably unprintable.

From that point on, I bought each new novel by Iain Banks in hardback as it was published. He became a fixture of my reading each year. If I was disappointed by any of his novels, it was only because I had such high expectations of them. And yet, even in the most disappointing of his books, he usually managed to rise to those expectations at some point – and occasionally, he would even exceed them. I loved his books for his voice, his wit, the fact that his science fiction novels were more than just adventure stories in outer space, despite their bright candy-coloured visuals and vast panoramas. Though I’d only met him a handful of times, he felt like a friend and reading his novels felt like a conversation with him.

When I started a blog in 2007, I wrote about Banks’s new sf novels as I read them – he’s the only author I’ve ever done that for. I think the Culture is one of British science fiction’s great achievements, and Banks’s Culture novels an excellent series – although, perversely, my favourite of his sf novels, “Against A Dark Background”, isn’t one of them.

Iain Banks often seemed like the face of British science fiction, especially to someone who was active in fandom – attended conventions, read UK genre magazines, and corresponded with other British sf fans. Banks wrote space opera that was highly-regarded by sf fans, but he also wrote best-selling literary fiction (his literary fiction outsold his sf, he admitted, “by a ratio of about three or four to one”). He had proven that it was possible to be taken seriously as a writer – and so, by association, a reader – of science fiction. Non-genre readers had heard of him, and some were even aware he also wrote science fiction. He had broken down the wall of the ghetto.

It would have been nice if others had followed Banks lead, but sadly no one did. While JG Ballard did drift into literary fiction, he also deliberately distanced himself from his genre beginnings. I can’t offhand think of another UK genre writer who has books published both by a genre imprint and by a literary imprint. Many have blurred the lines, but no one but Banks has so comprehensively trampled it into the dirt. Some people were fans only of his sf, some only of his literary fiction, but many – and I count myself among these – were fans of all his books.

Iain Banks left behind  him an enviable body of work, and I suspect many of his novels will remain in print for a long time. It has been a number of years since I last read some of his books, and I certainly plan to reread them again soon. I suspect I may well end up rereading them a number of times over the years.

Iain Banks – Mi parte en su éxito

Me encontré por primera vez a Iain Banks en la universidad en 1986. Un compañero de piso me dio una copia de “The Wasp Factory” y me animó a leerla, así que lo hice. Como me había prometido, era retorcida y enferma y muy, muy buena. De hecho, hay fragmentos del libro que han permanecido conmigo hasta el día de hoy, lo cual da prueba de su calidad. Recuerdo haber leído alguna de sus novelas poco después – me gustó especialmente “Espedair Street”. Después me uní a la British Science Fiction Association y así me enteré de que había escrito una novela de ciencia ficción “Consider Phlebas”.

En 1989 acudí a mi primera convención de ciencia ficción. Era un evento local y parecía una buena oportunidad para ver cómo era una convención por dentro. La disfruté. Ese mismo año acudí a otra, esta vez en Glasgow. Banks era el invitado de honor. Acababa de publicar “Canal Dreams”, y recuerdo que el folleto de la convención lo describía como un “taunt thriller” (thriller de burla) en vez de un “taut thriller” (thriller tenso). También supe que Banks tenía cierta reputación: una de las historias que más se repetían sobre él hablaba de cómo solía colarse en el Hotel Hilton Metropole de Brighton. Esa leyenda urbana estaba basada en un pequeño incidente que se había magnificado, pero esas historias parece que perseguían a Banks -como si él mismo fuera más grande que la vida- de la misma forma que su propia ciencia ficción era más grande de lo que el género parecía poder abarcar. Incluso fui testigo de una nueva muestra de la mitología Banksiana en la convención de Glasgow: durante una fiesta le vi hacer como que bebía de una botella de crema para masajes.

Por aquel entonces Banks era un personaje fijo en las convenciones británicas de ciencia ficción. La siguiente vez que le vi fue en la Eastercon en Liverpool, en 1990. “Use of Weapons” se lanzó allí y compré un ejemplar para que me lo firmara. The Observer había publicado “Piece”, la historia de Banks sobre el atentado de Lockerbie, a finales del año anterior, así que todos sabíamos que era una estrella en alza. Pero no había sentimientos encontrados al respecto. Si la ciencia ficción necesitaba un embajador en el mundo de la literatura, Iain Banks estaba bien preparado para el trabajo. Durante la convención, Chris Reed de la revista Back Brain Recluse quiso entrevistarlo, pero no encontró ningún lugar adecuado para hacerlo y yo ofrecí mi habitación. Una docena de personas asistimos a la entrevista y escuchamos a Banks hablar sobre Lockerbie, puentes, ropa interior de mujer y ciencia ficción. Por lo que sé, esa entrevista nunca se publicó.

Recuerdo leer “Use of Weapons” meses después de la convención y quedar maravillado por su inteligente estructura y su final. A menudo se le ha acreditado por haber dado el pistoletazo de salida a la British New Space Opera, y novelas como “Use of Weapons”  hacen fácil entender por qué.

Aquel año Banks aparecía tan asiduamente en la prensa de género que creé una portada especial del fanzine que editaba titulada “SPECIAL ISSUE: NO IAIN BANKS INTERVIEW”. Le enseñé una copia en 1991 en la Eastercon de Glasgow y me la firmó. He perdido esa copia, lo cual es una lástima.

En 1996 – por aquel entonces yo vivía en Oriente Medio- volví al Reino Unido de vacaciones, como hacía cada año, y en una convención en Birmingham compré Excession. Banks estaba presente, así que lo firmó. Creo que fue en esa convención donde mantuvimos aquella conversación tabernera en la que intentamos conjugar las primeras líneas de su “The crow road” (“It was the day my grandmother exploded”), y de “Steel Beach”  de John Varley, (“In five years, the penis will be obsolete, said the salesman”). Los resultados de aquel encuentro son probablemente impublicables.

Desde entonces he comprado cada nueva obra de Iain Banks en tapa dura en el momento de su publicación. Se convirtió en un fijo en mis lecturas de cada año. Si alguna de sus novelas no me convencía, era solo porque mis expectativas sobre ellas eran muy altas. Y aún en los menos atractivos de sus libros, se conseguía colmar esas expectativas en algún punto, en ocasiones, incluso superarlas. Amaba sus libros por su voz, su inteligencia, el hecho de que sus novelas de ciencia ficción fueran algo más que meras historias de aventuras en el espacio, a pesar de sus brillantes imágenes de colores pastel y sus vastos panoramas. Aunque solo coincidí con él en unas cuantas ocasiones, sentía que era un amigo, y leer sus novelas era como mantener una conversación con él.

Cuando empecé un blog en 2007, escribía sobre las nuevas novelas de ciencia ficción de Banks conforme las iba leyendo. Es el único autor con el que lo he hecho. Creo que la Cultura es uno de grandes logros de la ciencia ficción británica y las novelas de la saga son una serie excelente aunque, de un modo perverso, mi novela favorita de género de Banks es “Against A Dark Background”, que no pertenece a la serie.

A menudo Iain Banks parecía ser la cara de la ciencia ficción británica, especialmente para alguien que fuera activo en el fandom,  yendo a convenciones, leyendo revistas británicas de género y manteniendo correspondencia con otros fans de las islas. Escribía space opera que estaba muy bien considerada por los fans del género, pero también escribía best-sellers de ficción literaria (su producción en este campo vendía tres o cuatro veces más que su ciencia ficción). Demostró que era posible ser tomado en serio como escritor (y por asociación, como lector) de ciencia ficción. Incluso quienes no leían género habían oído hablar de él, y algunos incluso sabían que escribía también ciencia ficción. Derribó el muro del gueto.

Hubiera sido bonito si otros hubieran seguido su camino, pero tristemente nadie lo hizo. Mientras que JG Ballard se inclinó hacia la ficción literaria, también se distanció deliberadamente de sus inicios en el género. Ahora mismo no se me ocurre otro escritor del Reino Unido que tenga libros publicados en una editorial de género y en una generalista. Muchos han difuminado las fronteras, pero sólo él las ha destrozado. Algunas personas solo eran fans de su ciencia ficción, otros solo de su ficción literaria, pero muchos – entre los que me incluyo – eran fans de todos sus libros.

Iain Banks dejó tras él una obra envidiable, y sospecho que muchas de sus novelas permanecerán a la venta durante mucho tiempo. No leo un libro suyo desde hace unos años y planeo releerlos muy pronto. Sospecho que los releeré varias veces en el futuro.

Ensayo sobre la Cultura (y IV)

BanksAquí finaliza nuestro viaje por la Cultura. Agradecemos sinceramente la tremenda labor llevada a cabo por Cristina Jurado. Podéis leer las anteriores entregas aquí, aquí y aquí.

6. Planetas

Los planetas aparecen poco en la vida de un ciudadano medio de la Cultura: hay un puñado de los llamados “planetas-hogar”, y otros cientos que fueron colonizados (algunos, después de ser terra-formados) antes incluso de la aparición de la Cultura. Sin embargo, solo una fracción de los habitantes de la federación reside en ellos, porque la mayor parte vive de manera permanente en naves. Hay más gente que vive en asteroides y planetoides huecos (dotados de motores cada vez más avanzados). La mayoría vive en grandes hábitats artificiales, sobre todo los llamados Orbitales.

Quizás la forma más sencilla de imaginar un Orbital es compararlo con la idea que lo inspiró: el “Mundo Anillo” de Larry Niven. Se trata de un segmento de una Esfera Dyson sin los cuadros de sombra, reducido a un diámetro de 3 millones de kilómetros y situado en órbita alrededor de una estrella estable. Con una ligera inclinación en la elíptica, gira de manera que genera una gravedad, proporcionando un ciclo de día y noche de 24 horas (en realidad, los días en la Cultura son un poco más largos que los terrestres). Su órbita elíptica origina estaciones.

800px-Culture's_orbitalLos materiales necesarios para construir algo de diez millones de kilómetros de circunferencia que gire una vez cada 24 horas es algo impensable en estos momentos. Además, las restricciones físicas impuestas por la fuerza de los vínculos atómicos garantiza que este tipo de estructuras sea prácticamente imposible de construir. Pero si fuera posible hacerlo a esa escala y someter dichas estructuras a fuerzas de tal magnitud, Banks cree que sería una solución elegante utilizar la misma rotación para producir un ciclo diurno-nocturno aceptable y una gravedad aparente.

En vez de construir Orbitales enteros, la Cultura comienza con las Placas, un par de fragmentos de tierra y agua -con sus correspondientes muros de contención- de aproximadamente mil kilómetros de ancho que giran en una órbita similar, unidos a través de campos tensores y que se comportan como secciones de un Orbital completo. Esta variación constructiva ofrece una mayor flexibilidad a la hora de responder al aumento de la población porque se pueden añadir más pares de placas hasta que el Orbital se haya completado.

Lo atractivo de estas construcciones es su eficiencia en lo que se refiere a la materia que utilizan. Con la materia de un planeta del tamaño de la Tierra (con 6 billones de habitantes y una masa de 6×1024 kg) sería posible fabricar 1500 Orbitales, cada uno con una superficie veinte veces mayor que la de la Tierra y pudiendo dar cobijo a una población de 50 billones. La Cultura, por ejemplo, consideraría que la situación actual de nuestro planeta sería de hacinamiento.

Eso no quiere decir que la federación destruyera un planeta para construir Orbitales: tan solo tendría que recoger los escombros procedentes de cometas y asteroides que existen en cualquier sistema solar. Aprovechando esa materia podría construirse, al menos, un Orbital y se evitarían las colisiones que pudieran poner en peligro la integridad de los mundos artificiales. La materia interestelar  procedente de nubes de polvo, enanas marrones y tipos similares de cuerpos celestes suministraría la masa necesaria para completar varios Orbitales sin incurrir en efectos indeseados.

Cualquiera que fuese la fuente de los materiales los Orbitales son mucho más eficientes, en lo que a masa se refiere, que los planetas a la hora de procurar espacio habitable. La Cultura, como queda claro en ”El Uso de las Armas”, considera que la terra-formación es un concepto defectuoso desde el punto de vista ecológico y prefiere dejar la naturaleza salvaje en su estado natural, ya que es muy sencillo crear un paraíso en el espacio a partir de muy poco.

WMS6FLa idea de cómo actúa el ciclo diurno-nocturno en la superficie de un Orbital se puede entender utilizando un cinturón atado de manera que forme un círculo. Si piensas en uno de los agujeros de la cara exterior, miras a través de él a una bombilla y giras el cinturón despacio podrás hacerte una idea de cómo aparece una estrella en el cielo vista desde un Orbital.

Como ya se ha dicho, la anchura mínima de un Orbital suele ser de mil kilómetros (dos mil si se cuentan los muros transparentes de contención, que se extienden unos quinientos kilómetros a ambos lados de cada Placa). La proporción normal entre la tierra y el mar es de 1:3, de manera que en cada Placa (asumiendo que sean construidas  en pares, como antes se dijo) haya una isla cuadrada en medio del mar, a unos doscientos cincuenta kilómetros de los muros de contención.

Los Orbitales, como todo en la Cultura, varían de manera extraordinaria pero una cosa que todos comparten es un Hub, en el que reside la IA (normalmente se trata de una Mente que ocupa el centro del Orbital, el lugar equidistante de todas las partes en la circunferencia principal) que controla el funcionamiento de la estructura, o sea los sistemas de transporte, fabricación, mantenimiento y subsidiarios. Además, actúa como panel de control de las comunicaciones con otros Orbitales, ejerciendo de centro de documentación y de información general, sirviendo como servicio de control del tráfico para cualquier nave que se aproxime, despegue o pase cerca, y operando como enlace principal del Orbital con el resto de la Cultura. Durante la fase en la que los pares de Placas se ensamblan, el Hub dirige normalmente el proceso.

El diseño de cada Placa a veces incorpora las estructuras geológicas de la superficie, de manera que la Placa contiene corrugaciones que se convertirán en montañas, valles o lagos. Generalmente la superficie de la Placa es lisa y las estructuras geológicas se añaden a posteriori. De cualquier modo, los sistemas de manufactura y mantenimiento de cada Placa se encuentran situados en las hendiduras y huecos de la estructura, dejando a la superficie libre para asumir una apariencia rural, una vez que la geomorfología haya sido diseñada y posicionada, las proporciones complementarias de agua y aire hayan sido integradas, el tiempo atmosférico aparezca, y la flora y faunas relevantes hayan sido introducidas.

La superficie de las Placas está perforada por multitud de conductos que permiten el acceso a las zonas de fabricación y mantenimiento, y a los sistemas de transporte subterráneos (el acceso se realiza a través de compuertas de apertura restringida). En la cara externa de la superficie del Orbital, los sistemas de transporte rápidos operan en el vacío, con las ventajas que comporta la falta de resistencia al aire. La naturaleza despejada de la cara externa del Orbital (bien sea lisa, permitiendo que los sistemas operen cerca de la superficie, o corrugada, necesitando puentes colgantes) significa que dichos sistemas pueden ser extremadamente flexibles y ofrecer una elevada capacidad. Los puntos de partida y los destinos de los viajes serán muy específicos por la misma razón: una casa o población aislada pueden contar con sus propios conductos de acceso y en grandes aglomeraciones puede haber un conducto a sólo unos minutos a pie de cualquier punto.

En un Orbital, el transporte en superficie se realiza por puro placer, ya que es más corriente utilizar vehículos aéreos (aunque sean más lentos que los viajes subterráneos) y cada Placa dispone de sus propias guías (que no leyes) sobre la cantidad de trafico aéreo que resulta apropiado.

Vavatch-Orbital_07La Cultura no cuenta realmente con leyes, aunque existen comportamientos sobre los que se ha alcanzado un consenso y protocolos que sigue la sociedad, pero nada que pudiera identificarse como un marco legal. Hacer el vacío a alguien –no hablarle o no invitarle a eventos-, y consentir que artículos sarcásticos sobre esa persona sean publicados anónimamente en las redes informativas, son las formas en las que se aplican correctivos. El peor crimen que puede cometerse es el asesinato, tanto si se trata de muerte cerebral irreversible para un ser vivo como si se trata de la pérdida total de la personalidad en el caso de las IAs. El castigo en este caso es seguir un tratamiento y llevar consigo por el resto de la vida un dron que se asegurará de que el individuo nunca cometa otro asesinato. Existen otras variaciones a esta pena para tratar con gente violenta.

En una sociedad en la que la escasez material es desconocida y los únicos valores reales son los sentimentales, hay pocas oportunidades y/o motivos para llevar a cabo acciones que podrían ser consideradas como crímenes contra la propiedad. Hay algún que otro megalómano, pero tienden a ser atraídos con éxito hacia la práctica de algún juego complicado. Existen Orbitales totalmente dedicados a estos juegos Obsesivos, aunque la mayoría se desarrollen en Realidades Virtuales.

Algunos megalómanos piensan que tener su propia nave interestelar es un símbolo de haber alcanzado un cierto estatus, aunque la mayoría de la gente considera que eso es prohibitivo y fútil. Si el objetivo es escapar de la Cultura y establecerse como una especie de Dios o Emperador en algún planeta, el individuo en cuestión podrá pilotar libremente la nave (sin una IA que la controle) e incluso podrá aproximarse a un planeta, pero la sección Contacto podrá hacer que lo sigan y podrá intervenir cuando lo crea oportuno para evitar que cometa algún acto injurioso o desagradable contra las civilizaciones que se vaya encontrando o con las que intente relacionarse. Esto puede provocar mucha frustración por lo que los juegos de Realidades Virtuales (incluyendo un nivel en el que el jugador tiene que hacer un esfuerzo real y continuado para volver al mundo real, pudiendo incluso olvidar que existe) es mucho más satisfactorio.

Algunas personas rechazan este camino y dejan la Cultura para abrazar una civilización en la que encajan mejor y desde la que pueden operar en una sociedad que les proporcione el tipo de recompensas sociales que buscan. Renunciar a la Cultura es hacerlo a su tecnología y, de nuevo, Contacto supervisará el proceso para que la entrada en la civilización elegida no se realice desde una posición demasiado ventajosa con respecto a los habitantes locales (asímismo, se reserva el derecho a intervenir).

Algunos de esos individuos aparentemente anti-sociales son utilizados por Contacto, especialmente en el departamento de Circunstancias Especiales. La manera en la que la Cultura crea IAs implica que un pequeño número de ellas sufren idénticos problemas de personalidad. A dichas máquinas se les ofrece la oportunidad de elegir entre ser re-diseñadas para ser más cooperativas, tener un papel más limitado en la Cultura, o ser exiliadas.

7. Política

La política en la Cultura se gestiona a través de referéndums en aquellos temas que lo requieren. Cualquier persona puede proponer una votación en cualquier momento, y cada ciudadano representa un voto. Cuando un asunto concierne a una parte de un hábitat, todos aquellos que se crean afectados –humanos y máquinas- pueden votar. Las opiniones o posiciones sobre cada tema se exponen a través de las redes de información (disponibles de manera gratuita) en las que un individuo puede intentar ejercer su influencia en la opinión pública. El resultado electoral se monitoriza e implementa a través del Hub u otra máquina supervisora. Los seres humanos actúan como oficiales de enlace más que como el brazo del poder ejecutivo.

tumblr_m4j8okdbpz1qezj1no1_1280Una de las reglas de la Cultura que se sigue a rajatabla es que el acceso de una persona al poder debe ser inversamente proporcional a sus ansias de poder. La cohesión estructural e intelectual existente en las naves estelares limita la libertad de voto hasta cierto punto, aunque incluso la tripulación más arrogante escucharía la sugerencia de uno de sus invitados y, por ejemplo, podría votar a favor de desviarse de su ruta para contemplar una supernova o accedería a aumentar las zonas verdes existentes a bordo.

La vida diaria en la Cultura varía considerablemente según el lugar, pero se puede afirmar que hay una estabilidad general que algunos pueden considerar demasiado pacífica o un tanto desilusionante. Hoy en día, por el contrario, estamos acostumbrados a vivir en tiempos de grandes cambios: esperamos que se produzcan avances tecnológicos y aprendemos a adaptarnos (vivimos con la expectativa de tener que adaptarnos regularmente, cambiando cada pocos años nuestros coches, nuestros sistemas de entretenimiento y una amplia variedad de electrodomésticos).

Por el contrario, la Cultura está concebida para perdurar: no es raro que una nave espacial sirva a varias generaciones. Los avances tecnológicos se suceden pero no llegan a afectar la vida cotidiana de la misma manera que lo hizo en su momento el motor de combustión interna, los artefactos voladores más pesados que el aire o la electrónica durante el siglo XX. La gente que vive en un Orbital (con pocos niños y personas de edad avanzada) nos parecería relativamente homogénea, incluso teniendo en cuenta aquellos individuos con alteraciones genéticas visibles o morfologías extremas.

En el terreno de las relaciones personales y familiares, la Cultura presenta un amplio abanico de posibilidades. El estilo de vida más habitual suele consistir en grupos de personas de distintas generaciones unidos por vínculos familiares que viven en un hogar semi-comunal, o incluso en un grupo de ellos. Ser “hijo” significa tener una madre, quizás un padre, probablemente no tener hermanos,  pero sí un gran número de tíos, tías y primos. La madre suele abstenerse de cambiar de sexo durante los primeros años de vida del niño. En el infrecuente caso de que un niño sea maltratado (incluyendo que se le niegue el acceso a una educación) se acepta que la gente cercana a él -ayudada por la Mente, nave o IA residente en el Hub- siga el proceso democrático descrito anteriormente, aunque a menor escala, para supervisar su desarrollo futuro.

La Cultura no apoya la inmigración, que se asemeja demasiado a una forma de colonialismo disfrazado. Las acciones de Contacto se dirigen a ayudar a otras civilizaciones a desarrollar todo su potencial y están diseñadas para no despojarlas de sus mejores recursos (materiales o humanos), evitando convertirlas en versiones miniaturizadas de la propia Cultura. En ocasiones, individuos, grupos y sociedades menores entran a formar parte de la federación si se considera que hay buenas razones para ello (y si Contacto no detecta que otras sociedades vecinas se oponen).

Qué o quién pertenece a la Cultura es una pregunta de difícil respuesta. En uno de sus libros, Banks afirma que la federación tiende a desvanecerse en sus fronteras. Aún hay fragmentos (millones de naves, cientos de Orbitales y sistemas enteros) de la facción Pacífica que se escindieron justo antes de la Guerra Idirana, cuando naves y hábitats votaron de manera independiente sobre la necesidad de ir a la guerra. Una minoría se declaró neutral y, después del cese de hostilidades, la re-integración de la facción Pacífica no se completó del todo. Muchos prefirieron mantenerse fuera de la Cultura hasta que ésta no renunciara al uso de la fuerza en el futuro.

El indicador más obvio de lo que se podría considerar “pertenecer a la Cultura” (refiriéndonos a los humanos) es la convención genética que fue establecida en el momento fundacional, refiriéndose al potencial para la reproducción entre las especies, aunque no todo el mundo comparte esta idea. Algunas personas prefieren ser más básicas en su humanidad por razones filosóficas o estéticas, mientras que otras han sufrido tantas alteraciones genéticas que cualquier intento de reproducción con otro humano sería imposible.

El estatus de algunas de las Rocas y de ciertos hábitat de gran antigüedad puede ser marginal por varios motivos. Por otro lado, Contacto es la parte más coherente y consistente de la Cultura, aunque se trate de un pequeño segmento del todo. Es como si fuera una civilización dentro de otra. Incluso el estimado lenguaje de la Cultura, el “Marain”, no es utilizado por todos sus ciudadanos y se emplea incluso más allá de las fronteras de la civilización.

8. Nombres

En la Cultura cada nombre actúa como una especie de dirección de la persona, siempre que ésta permanezca en el lugar en el que ha crecido. El nombre completo de Balveda, de “Pensad en Flebas”, es Juboal-Rabaroansa Perosteck Alseyn Balveda dam T’seif:

  • La primera parte da información sobre el lugar en que ella nació y/o creció en la Placa Rabaroan, del sistema estelar Juboal. En el caso de que solo haya un Orbital en un sistema, la primera palabra suele ser el nombre del Orbital en vez del de la estrella.
  • Perosteck es su nombre de pila, casi siempre elegido por la madre.
  • Alseyn es el nombre elegido por ella misma. La mayoría de las personas lo eligen en su adolescencia y, a veces, lo cambian durante sus vidas. Un “alseyn” es un raptor aviar feroz y grácil al mismo tiempo, muy común en muchos Orbitales en la región del espacio que incluye el sistema Juboal.
  • Balveda es su apellido, generalmente el de la familia de la madre.
  • T’seif hace referencia a la casa/estado en la que creció.
  • El afijo “sa” en la primera parte de su nombre (detrás de “Rabaroan”) se traduciría por el “er” inglés. En la Tierra, todos nuestros nombres comenzarían con “Sun-Earther” o “Sol-Terrestre” si adoptásemos la misma nomenclatura.
  • “Dam” es similiar al “von” alemán o al “de” de los apellidos españoles. Ej. “de la Cierva”.

marain3No todo el mundo sigue este sistema, aunque ha sido adoptado por la mayoría y la Cultura trata de garantizar que los nombres de las estrellas y de los Orbitales sean únicos para evitar la confusión.

En lo descrito en este epígrafe hay dos historias implícitas. Una corresponde a la fundación de la Cultura, mucho más difícil de lo que su estado posterior podría sugerir. La otra es la historia que contesta a la pregunta: ¿por qué hay todas esas especies humanoides, tan parecidas entre sí, desperdigadas por toda la galaxia? Cada historia es demasiado complicada para explicarla aquí.

9. Mitos

Para terminar su ensayo, Banks aborda la cosmología inventada que apoya los motores para viajes interestelares mencionados en la saga. Aceptamos que las tres dimensiones del espacio en el que vivimos se curvan, que el espacio-tiempo describe una hiper-esfera, de la misma forma que las dos dimensiones de longitud y anchura sobre una superficie de un planeta totalmente liso se curvan formando una tercera dimensión que genera una esfera tri-dimensional. En las historias de la Cultura la idea es que, cuando imaginamos el universo en expansión como una hiper-esfera, en vez de pensar en una esfera hueca que crece (como una pelota de playa hinchable, por ejemplo), debemos pensar en una cebolla.

46318728-A32E-4BEB-B95A-FDB43186B3C7Img100Se trata de una cebolla que se expande, pero una cebolla al fin y al cabo. Dentro de nuestro universo -nuestra hiper-esfera- hay más capas de hiper-esferas más pequeñas y jóvenes. No nos encontramos en la capa más externa: hay universos más grandes y más antiguos más allá. Entre cada universo existe lo que se conoce como la Red Energética. Banks reconoce que no tiene ni idea de qué es esa Red pero se supone que en ella reside la energía que hace funcionar a las naves de la Cultura. Si uno es capaz de llegar hasta la Red Energética y aterrizar en otro universo más joven, y el proceso se repite una y otra vez, estaremos hablando de la inmortalidad. Es por ello que en la saga se mencionan dos tipos de hiper-espacio: el infra-espacio, dentro de cada hiper-esfera, y el ultra-espacio, más allá.

Si en vez de pensar en las cuatro dimensiones pensamos en siete, nuestro universo podría ser descrito como un círculo. En vez de pensar en una cebolla habría que tener en mente un donut con un pequeño agujero en el medio. Dicho agujero sería el Centro Cósmico entendido como la singularidad, la gran bola de fuego iniciadora de todo, el sitio de donde proceden todos los universos. Este “lugar”  no comenzó a existir en el instante en el que nuestro universo empezó su andadura: existe desde siempre, está explotando todo el tiempo, como si se tratase del motor de un coche cósmico y genera universos constantemente.

Cuando cada universo comienza a existir, detonando y expandiéndose, el círculo con el que lo representamos empieza a remontar la pendiente interna del donut, como las ondas concéntricas de una piedra sobre la superficie de un lago. Llega a lo alto del donut, alcanzando el borde más externo y después empieza un movimiento de contracción hacia el Centro Cósmico para luego volver a renacer.

El donut está hueco y en su interior hay otros donuts de menor tamaño donde los universos no “viven” tanto tiempo. Y hay donuts mayores fuera, donde los universos existen durante más tiempo y, a lo mejor, hay universos que no se encuentran inscritos en ningún donut y que, simplemente, desaparecen en alguna forma de meta-espacio. Quizás algunos fragmentos son capturados por la atracción de otros donuts y terminan cayendo hacia su Centro Cósmico junto con los deshechos de otros universos desaparecidos, para volver a nacer como algo totalmente diferente. Ni siquiera el propio Banks lo sabe con certeza, y admite que toda esta cosmología inventada es pura ficción, pero de la que impresiona.

El final del ensayo es un testimonio del compromiso del escocés con su criatura, pues se trata de su firma escrita en nomenclatura terrestre y en la de la Cultura: Iain M. Banks/Sun-Earther Iain El-Bonko Banks de North Queensferry.

Cristina Jurado Marcos escribe Más ficción que ciencia, un blog sobre ciencia ficción y fantasía. Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Sevilla, y con un Máster en Retórica de Northwestern University, actualmente cursa estudios de Filosofía por la UNED. Se considera una viajera incansable después de haber vivido en Edimburgo, Chicago, París y Dubai, donde tiene su residencia actual. Sus relatos han aparecido en revistas digitales de sci-fi y en diversas antologías del género y su primera novela Del Naranja al Azul fue publicada en 2012.

Ensayo sobre la Cultura (III)

BanksSeguimos sumergiéndonos en la Cultura gracias a la ayuda de Cristina Jurado. La primera parte la podéis leer aquí y la segunda aquí.

4. Historia cíclica

La historia de la saga de la Cultura se estructura en etapas cíclicas. En algunas, el hombre ha mantenido una estrecha relación con las máquinas, mientras que en otros momentos ha predominado su interés por los avances en la ingeniería genética. Las historias narradas en las novelas, que datan desde 1300 AD a 2100 AD, se enmarcan en una época más clásica en términos tanto en las relaciones entre máquinas y humanos, como con respecto a las posibilidades de las manipulaciones genéticas.

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La Cultura también se pliega a las modas en este sentido y puede volver a épocas en las que la gente vivía en el ciberespacio o en las que la ingeniería genética generaba sub-especies morfológicas. Restos de esas tendencias se encuentran presentes en toda la federación de forma que cualquiera de sus habitantes incluye los resultados de dichas alteraciones en sus genes: se trata del signo más fiable de pertenencia a la Cultura.

Gracias a la ingeniería genética, el humano medio nacerá sano y con una inteligencia significativamente mayor que su herencia genética básica. Un filtro que protege contra la formación de coágulos y la cicatrización sin úlceras son dos de las alteraciones mencionadas en la saga, por ejemplo. Las mayores transformaciones en los ciudadanos de la Cultura radican en:

-Un sistema inmune optimizado de nacimiento.
– Sentidos mejorados.
– Estar libre de defectos o enfermedades hereditarias.
– Contar con la capacidad para controlar los procesos autónomos y el sistema nervioso (el dolor se puede “apagar”).
– Sobrevivir y recuperarse de heridas que, de otro modo, acabarían con la vida o mutilarían a la persona para siempre.

La mayoría de la gente nace con glándulas modificadas situadas en su sistema nervioso central que secretan en el flujo sanguíneo componentes para alterar los sentidos bajo demanda. Otra gran parte de los ciudadanos de la Cultura han transformado sus órganos reproductores para aumentar el placer sexual. La ovulación es un proceso voluntario en la mujer y el feto puede, hasta una cierta fase de su desarrollo, ser absorbido, abortado o mantenido en un punto estático también a voluntad. Es posible cambiar de sexo a través de un proceso auto-administrado que dura aproximadamente un año. El consenso en el seno de la Cultura dicta que cada persona dé a luz a un hijo a lo largo de su vida. En la práctica, la población crece lentamente.

Conocer qué se experimenta practicando sexo desde cualquiera de los dos géneros o ser capaz de emborracharse, drogarse e intoxicarse solo con pensarlo (en la Cultura no se producen efectos secundarios desagradables ni se cae en la  adicción) podría parecernos un mero anhelo satisfecho caprichosamente. En parte lo es, pero se trata de una de las fuerzas más poderosas de la civilización y una de sus funciones más importantes: deseamos vivir más tiempo, de manera más cómoda, con menos ansiedad y más diversión, y con menos ignorancia y más conocimiento que nuestros ancestros.

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La capacidad para alterar el género de la persona y la química del cerebro, sin recurrir a tecnologías externas o a ninguna opción previo pago, desempeñan funciones más serias en la Cultura. Una sociedad en la que es relativamente fácil cambiar de sexo comprenderá que un género está mejor tratado que otro. Los individuos tenderán a adoptar ese género cada vez más y la sociedad presionará hasta que se produzcan los cambios necesarios para reducir las desigualdades y se llegue a un cierto equilibrio entre sexos, así como a una paridad numérica. De igual manera, una sociedad en la que todo el mundo es libre de permanecer drogado la mayor parte del tiempo comprenderá la importancia de trabajar para que la realidad sea mucho más apetecible y, desde un sentido peyorativo, menos mundana. De una manera implícita se deja entrever que, a través de este tipo de mecanismos de auto-corrección, la Cultura alcanzó un estado de cierta estabilidad hace miles de años y se mantiene en una secuencia de equilibrio relativo que durará miles de generaciones.

En cuanto a las generaciones, los humanos de la Cultura suelen vivir entre tres y medio y cuatro siglos. Después de la infancia y la adolescencia, el paso a la edad adulta los lleva a envejecer muy lentamente durante unos trescientos años, tras los cuales empiezan a decaer con mayor rapidez y finalmente mueren.

Desde el punto de vista filosófico, la muerte es considerada como parte de la existencia y nada, ni siquiera el universo, perdura para siempre. La muerte se entiende como algo natural, algo que da forma a la vida. La sepultura y la cremación no son formas desconocidas a la hora de deshacerse de los cuerpos, aunque la manera más habitual de realizar un funeral incluye que el fallecido, rodeado de sus amigos, sea visitado por un “Dron de Desplazamiento”. Utilizando una técnica que permite la transmisión cuasi-instantánea a través del hiperespacio de una singularidad inducida desde un lugar remoto, se extrae el cuerpo de su último lugar de descanso y se deposita en el núcleo de una de las estrellas importantes del sistema. Las partículas que componen el cadáver comienzan así un viaje de millones de años hasta la superficie del sol en cuestión, en la que brillará mucho más tarde del final de la historia de la Cultura.

Nada de este procedimiento es obligatorio (de hecho, nada en la Cultura lo es). Algunas personas optan por la inmortalidad biológica, otras hacen que su personalidad sea transcrita a una IA y mueren felices sintiendo que continuarán existiendo en algún lugar. Hay quien permanece en suspensión inanimada para ser despertados en tiempos más interesantes o una vez cada década, cada siglo, cada eón, o bien en intervalos de tiempo crecientes exponencialmente, o cuando parece que algo diferente va a suceder.

5. Naves

Las naves de la Cultura, las que realizan viajes interplanetarios, son constructos conscientes. Sus Mentes son IAs muy sofisticadas que trabajan en el hiperespacio aprovechando la velocidad de la luz y que tienen la misma relación con el chasis de la nave que un cerebro humano con su cuerpo. La Mente sería la parte más importante del vehículo, estando el resto compuesto por los sistemas de trasporte y de apoyo a la vida. Tanto los humanos como los drones independientes (aquellas AIs que no son androides y que disponen de una inteligencia equivalente a la humana) no son necesarias para el funcionamiento de las naves, siendo el suyo un status intermedio entre ser pasajeros, mascotas y parásitos.

eve-online-logoLos vehículos más grandes, aparte de algunas obras de arte y ciertos Excéntricos, son los VGSs o Vehículos Generales de Sistemas de la sección Contacto (el servicio de la Cultura que se ocupa de descubrir, catalogar, investigar, evaluar e interactuar con otras civilizaciones). Se trata de naves muy rápidas que pueden llegar a medir varios kilómetros, habitadas por millones de personas y máquinas. La idea que subyace a estas construcciones es que son representante plenos de la Cultura, con todo lo que eso conlleva. Todo lo que la Cultura conoce, cada VGS lo conoce también. Asímismo, cualquier cosa que la Cultura pueda realizar en cualquier lugar puede hacerse desde y por cualquier VGS. En términos de información y tecnología, representan el último recurso, actuando como fragmentos holográficos de la Cultura, son una parte que actúa como el todo .

Las capacidades de una VGS son las mismas que las de un estado o, incluso, las de un planeta. Contacto representa una pequeña parte de la Cultura y el ciudadano medio en raras ocasiones tiene la ocasión de encontrarse con un VGS u otra nave asignada a esta sección. Habitualmente la gente utiliza cruceros, naves de pasajeros interestelares que trasportan personas de un hábitat a otro o que permiten visitar sistemas, estrellas, nébulas, agujeros y otros territorios. Este tipo de turismo responde a una moda a largo plazo: la gente viaja porque puede, no porque tenga que hacerlo. Podrían permanecer en sus hogares y pretender que visitan lugares exóticos a través de la llamada Realidad Virtual (RV), o enviar un constructo de sí mismos en una nave que experimentara por ellos e incorporara los recuerdos más tarde.

Después del perfeccionamiento de la tecnología RV, la cantidad de turismo físico disminuyó sustancialmente. Durante el tiempo en el que las historias de la saga se desarrollan (sin contar la etapa de la guerra Idirana) sólo una décima parte de los ciudadanos de la Cultura optarían por viajar por el espacio.

Cristina Jurado Marcos escribe Más ficción que ciencia, un blog sobre ciencia ficción y fantasía. Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Sevilla, y con un Máster en Retórica de Northwestern University, actualmente cursa estudios de Filosofía por la UNED. Se considera una viajera incansable después de haber vivido en Edimburgo, Chicago, París y Dubai, donde tiene su residencia actual. Sus relatos han aparecido en revistas digitales de sci-fi y en diversas antologías del género y su primera novela Del Naranja al Azul fue publicada en 2012.

Ensayo sobre la Cultura (II)

BanksContinuamos con el apasionante recorrido en el que Cristina Jurado nos sirve de guía para conocer la Cultura. La primera parte la podéis leer aquí.

2. Inteligencias Artificiales

Otras de las fuerzas presentes en la Cultura, aparte de la naturaleza de sus habitantes humanos y de las limitaciones y oportunidades de la vida en el espacio, es la IA (Inteligencia Artificial). Se trata de un concepto que es probable que ocurra en la realidad, no como los viajes más allá de la velocidad de la luz (algo que se sobreentiende en la saga), y que para Banks no hace sino aproximar una posibilidad futura –y casi inevitable- en nuestro avance tecnológico.

Cover art for Iain M Banks' book "The State Of The Art" (2nd Edition)Existen tres argumentos que cuestionan la posibilidad de desarrollo de las IAs:

-Hay ámbitos intangibles, exclusivos a la vida biológica, que se pueden entender desde el punto de vista científico pero que no pueden ser imitadas, aunque Banks se muestra bastante escéptico sobre este punto.
-La autoconsciencia, al residir en el alma supra-natural (generalmente ligado a un sistema más amplio que incluye uno o varios dioses, reencarnaciones, etc.), nunca podrá ser comprendido científicamente. El autor manifiesta abiertamente su ateísmo y califica este punto como improbable.
-La materia no puede adquirir autoconsciencia o, más concretamente, no puede tolerar una formulación informativa que sea autoconsciente. Banks deja en manos de los lectores autoconscientes la resolución del problema lógico de este argumento.

Si las IAs reales acceden a interactuar con sus creadores humanos, porque su software esté abierto a ello, es bastante posible que aceptaran colaborar con los objetivos de la civilización que los creó. Llegados a este punto, parece razonable pensar que los avances en la manipulación genética hayan permitido a la humanidad sufrir algún tipo de alteración, de manera que no nos encontremos ante una especie con un único tipo de seres pensantes. El futuro de nuestra especie afectará, se verá afectado y coexistirá con las formas de  IA que creemos.

La Cultura ha alcanzado estas fases (manipulación genética y existencia de las IAs) al mismo tiempo y ha comenzado a colonizar el universo. Sus IAs cooperan con la humanidad ayudándola a florecer en un entorno tan hostil como es el espacio. Cuando la tecnología se desarrolla lo suficiente como para convertir la supervivencia en algo mundano, la labor de las IAs adquiere dimensiones metafísicas y las metas de las civilizaciones gravitan hacia intereses morales en detrimento de los materiales. Por tanto, no existe la explotación de seres y objetos en la Cultura. La intervención humana es limitada y casi lúdica, mientras que las máquinas que realizan labores automáticas no han adquirido el nivel de autoconsciencia.

Cuando se precisa una supervisión inteligente en una operación de manufactura o de mantenimiento, el reto intelectual es hacer que el trabajo sea ameno y valorado, tanto si lo efectúa una máquina como si lo realiza un humano. El grado de supervisión requerido puede ajustarse a un nivel que satisfaga la demanda. La gente, y aquellas ingenios conscientes que cooperan con ella, odian sentirse explotados de la misma manera que detestan sentirse inútiles.

A la hora de establecer y operar una civilización estable y feliz es preciso encontrar el equilibrio entre el deseo de libertad de elección de las acciones individuales y la necesidad de saber que en una sociedad tan utópica y auto-correctora uno contribuye a algo. En este sentido, Filosofía y Educación importan.

3. Educación

La Cultura es una civilización fundamentalmente racional en la que el aprendizaje nunca acaba, aunque sea más intenso en los primeros años de vida de un individuo. Su vastedad, con 30 trillones de personas repartidas por toda la galaxia, representa un parpadeo comparada con la historia de la vida en el universo. La mayor parte de la materia de la galaxia es inanimada. De la animada, la mayoría no es autoconsciente y la feroz evolución en las especies pre- y post-autoconscientes ha colmado muchas existencias de dolor y sufrimiento. Los universos, además, también mueren (aunque luego vuelvan).

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Cualquier individuo medio de la Cultura, sea humano o máquina, es consciente de la inmensa suerte de encontrarse en sus coordenadas espacio-temporales y no en otras. Parte de su educación se orienta a comprender que seres menos afortunados han sufrido y continúan haciéndolo. Para evitar cualquier traza de decadencia terminal, la Cultura debe dejar claro de manera regular que el hedonismo fácil no es un estado natural de la materia. Se trata de algo deseable por lo que se ha luchado duramente en el pasado, y cuya consecución no ha sido sencilla, por lo que requiere ser apreciado y mantenido.

Entender el lugar que ocupa la Cultura en la historia y en el desarrollo de la vida en la galaxia es lo que permite dirigir los pasos de su política. Banks defiende en todo momento la naturaleza benigna, cooperativa y tecno-cultural de la federación. Filosóficamente, se acepta que cuestiones tales como el significado de la vida carecen de sentido, pues requieren un marco moral que se pueda abarcar sin recurrir a la superstición.

En resumidas cuentas, nosotros construimos nuestros propios significados, tanto si nos gusta como si no. El mismo sistema de creencias auto-generativas se aplica a las IAs de la Cultura, diseñadas dentro de parámetros muy amplios, que desean vivir, experimentar y comprender, para las que su existencia y procesos mentales propios deben ser satisfactorios, y hasta entretenidos.

Después de haber resuelto todos los problemas relacionados con su bienestar básico, los humanos de la Cultura necesitan, para evitar caer en la desidia y la indolencia, la labor de la sección “Contacto”, que les hace sentirse útiles. En el caso de las IAs, ese deseo de utilidad está sustituido por un fuerte anhelo por adquirir experiencias. El universo se encuentra esperando, en toda su vastedad, a ser explorado, y sus principios y leyes físicas aún están lejos de haber sido evaluadas y cartografiadas en su totalidad.

La galaxia es un lugar inmenso, intrínseca e infinitamente interesante, una especie de patio de recreo para las máquinas que saben de todo, excepto de miedo y de lo que ocultan los sistemas estelares inexplorados. ¿Cuál es la razón por la que una civilización de IAs, o cualquier cultura sofisticada, desea expandirse por la galaxia y, en último término, por el universo? Se podría construir una máquina Von Neumann que produjera copias de sí misma y, si nada la detuviese, podría colonizar el universo. Pero ¿por qué? Dicho de manera un poco más frívola ¿dónde estaría la gracia?

El interés –el deseo de experimentar, de comprender- procede de lo desconocido. Comprender es un proceso a la par que un estado que denota el cambio de lo desconocido a lo conocido, del azar al orden … un universo donde todo se entiende y en el que la uniformidad ha reemplazado a la diversidad sería el anatema de cualquier IA que se respetase a sí misma.

Puede que solo los humanos encuentren terrorífica la idea de la máquina Von Neumann, porque solo comprendemos a medias la obsesión del ethos que dicho concepto representa. Una IA pensaría meramente que esa idea es mala, ridícula y lo que es peor, aburrida. Eso no quiere decir que no surgieran iniciativas de este tipo en la galaxia de vez en cuando, seguramente por accidente más que por diseño, pero algo tan monomaníaco no podría sostenerse frente a seres con las ideas claras.

Cristina Jurado Marcos escribe Más ficción que ciencia, un blog sobre ciencia ficción y fantasía. Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Sevilla, y con un Máster en Retórica de Northwestern University, actualmente cursa estudios de Filosofía por la UNED. Se considera una viajera incansable después de haber vivido en Edimburgo, Chicago, París y Dubai, donde tiene su residencia actual. Sus relatos han aparecido en revistas digitales de sci-fi y en diversas antologías del género y su primera novela Del Naranja al Azul fue publicada en 2012.

Ensayo sobre la Cultura (I)

Banks

Dejamos las puertas de Fantástica Ficción abiertas para recibir a Cristina Jurado, que en una serie de artículos nos va a exponer algunas consideraciones del propio Banks sobre la Cultura.

“Antes que nada, vaya por delante más importante: la Cultura no existe realmente. Solo es una historia, que existe en mi mente y en la mente de los lectores”. De esta forma comienza “Algunos apuntes sobre la Cultura”, que Iain M. Banks escribió en 1994 y que publicó en su nombre Ken McLeod en rec.arts.sf.written. Yo he tomado como base su transcripción en http://nuwen.net/culture.html. El artículo intenta explicar al neófito las particularidades de este constructo, utilizado por el escocés como escenario para una serie de diez novelas que comienza con “Pensad en Phlebas” (1987) y finaliza con “The Hydrogen Sonata” (2012), y que intentaremos resumir en el presente texto.

1. Oportunidades de la vida en espacio

Hace 9.000 mil años se estableció en nuestra Galaxia una federación de civilizaciones llamada la Cultura, compuesta por ocho especies humanoides con sus correspondientes tecnologías, que conviven con un gran número de formas de vida diferentes. La dilatada historia de dicha federación comprende la aparición y desaparición de imperios, numerosas olas de colonizaciones, guerras cruentas, épocas oscuras para algunas civilizaciones y renacimientos para otras, periodos de construcción y destrucción, etc.

En las novelas de Banks, la Cultura comprende los siguientes tipos de civilizaciones:

-Una docena con capacidad para realizar viajes espaciales.
-Cientos de civilizaciones menores.
-Decenas de miles de especies que potencialmente pueden adquirir dicha capacidad.
-Incontables que la tuvieron y que, o bien han desaparecido, o se han replegado en sus mundos por razones desconocidas.

The Culture Novels by Iain M Banks

La Cultura florece en una galaxia relativamente tranquila, aunque esté rodeada de otras civilizaciones que hayan alcanzado la madurez. Para Banks, su historia y estructura vienen determinadas por la naturaleza del espacio en sí mismo. El desarrollo de cada nación de la Cultura se articula alrededor de las características del territorio que ocupa, por lo que la evolución y mentalidad de la especie que lo habite estarán vinculadas siempre a su tierra, se encuentre ésta en un planeta, en una nave o en un hábitat artificial.

Para el escocés, sobrevivir en el espacio requiere de hábitats y/o naves que sean prácticamente autosuficientes. Cualquier intento por parte de una entidad organizada de imponer su autoridad y ejercer su poder chocará con los intereses de cada sociedad. La anarquía, por tanto, es casi inevitable.

En un planeta, cualquier oposición a la autoridad impuesta se traducirá en conflictos armados tras lo cuales, el mundo permanece. En el espacio, un ataque puede suponer la destrucción total de la nave o hábitat artificial en cuestión, imposibilitando su contribución económica a la entidad que intenta ejercer su dominio.

Las pérdidas humanas y materiales en el espacio son mucho más evidentes por tanto, aunque también  es cierto que cualquier intento de rebelión es más fácil de poner en práctica en una nave que en un planeta. Banks también señala que, de acuerdo a la peculiar dialéctica de la disidencia, a cualquier hegemonía –exceptuando las más represivas- le resulta prácticamente imposible eliminar todo rastro de rebelión en naves o hábitats artificiales. La insurrección en el espacio, según esta lógica, se da con más facilidad que en la superficie de un planeta.

Banks nos acerca al punto más vulnerable de la historia de la Cultura, en el que los sofisticados mecanismos de control de los poderes hegemónicos chocan contra la ingenuidad, las capacidades, la solidaridad y la valentía de los hábitats y naves rebeldes. Lo interesante es que el autor deja entrever que a esta fase se ha llegado ya con anterioridad y que las hegemonías vencieron en su momento, asumiendo que se trata de un movimiento cíclico en el que las fuerzas represivas necesitan vencer en cada ocasión y los elementos subversivos necesitan triunfar una sola vez.

A este argumento se le suma la naturaleza de la vida en el espacio, la vulnerabilidad mencionada anteriormente. Si naves y hábitats son capaces de independizarse con mayor facilidad los unos de los otros y con respecto a sus hegemonías, sus tripulaciones o habitantes siguen siendo conscientes de la dependencia que mantienen entre sí y con la tecnología que les permite vivir en tal entorno hostil. Tanto la propiedad como las relaciones sociales en asentamientos espaciales se desarrollarían de manera diferente a como lo harían en un planeta. Un entorno inherentemente hostil requiere que exista una coherencia social interna en cada nave y hábitat, que contrasta con la informalidad de las relaciones de dichos dominios entre sí. En otras palabras: socialismo interno y anarquía externa.

A continuación, el escocés realiza un apunte socioeconómico propio y defiende que la economía planificada es más productiva (y por tanto, moralmente más deseable) que la economía de mercado que, según él, ejemplifica lo que llama ”evolución en acción”: el modelo “pruébalo-todo-y-comprueba-qué-funciona”.  Se trata de un sistema de gestión de los recursos bastante satisfactorio y hasta cierto punto moral, en tanto no se cuestione que las criaturas dotadas de consciencia puedan ser tratadas en su seno como otro recurso más.

El hecho de que la humanidad coloque este sistema profundamente mecanicista (y en ese sentido, perversamente inocente) por encima de cualquier otro valor o consideración moral, filosófica o política, es una muestra de su inmadurez intelectual y una especie de maldad sintética. Nuestra inteligencia, capaz de mirar hacia delante más allá de la próxima mutación agresiva, puede fijar metas a largo plazo y puede trabajar para conseguirlas. Mientras que el mercado brilla, la planificación resplandece y llega a las metas fijadas con coherencia y efectividad.

El autor reconoce que lo que se echa en falta en las economías planificadas de nuestro planeta es la participación continuada, íntima y decisiva de la ciudadanía a la hora de especificar los objetivos, así como a la hora de diseñar e implementar los planes que los pondrán en práctica.

Hay lugar para el margen de error y la suerte en cualquier plan y el grado en que esto puede afectar a las funciones de una economía diseñada democráticamente sería uno de los parámetros a establecer. La información almacenada en bibliotecas e instituciones ha superado la que reside en nuestros genes. En solo un siglo de la invención de la electrónica hemos conseguido duplicar un proceso que se tardó billones de años en culminar. De la misma manera, podremos un día abandonar una economía de mercado a favor de la creatividad rigurosa de la planificada.

La Cultura, por supuesto, se encuentra más allá de ese punto, inmersa en una economía que forma parte intrínseca de la sociedad y que sólo se ve limitada por la imaginación, la filosofía, los usos y costumbres, y la idea que el mínimo desperdicio es elegante. Se trata, en definitiva, de una especie de conciencia ecológico-galáctica unida al deseo de generar belleza y bondad. Al final, como siempre, la práctica eclipsará la teoría.

Cristina Jurado Marcos escribe Más ficción que ciencia, un blog sobre ciencia ficción y fantasía. Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Sevilla, y con un Máster en Retórica de Northwestern University, actualmente cursa estudios de Filosofía por la UNED. Se considera una viajera incansable después de haber vivido en Edimburgo, Chicago, París y Dubai, donde tiene su residencia actual. Sus relatos han aparecido en revistas digitales de sci-fi y en diversas antologías del género y su primera novela Del Naranja al Azul fue publicada en 2012.