To Ride a Rising Storm

To Shape a Dragon’s Breath tuvo mucha repercusión en el momento de su publicación así que no es de extrañar que To Ride a Rising Storm haya creado muchas expectativas entre los lectores de fantástico. Moniquill Blackgoose sale del envite bien parada, pero tampoco excesivamente. Os comento mis razones, pero la principal es que se nota muchísimo que estamos ante un libro de transición, excesivamente lento en su desarrollo.

Anequs sigue siendo la protagonista absoluta de la historia y como novela de rito de paso sigue estando muy bien tratada. El choque cultural entre su educación familiar y la educación formal que está recibiendo en la academia de dragones continúa siendo el motor que mueve toda la novela, pero esta conflicto ha perdido algo de fuerza, ya que si bien Anequs se sorprende ante el sistema social de los Anglish, poco a poco empieza a tener más conocimiento sobre él. Los nuevos personajes que aparecen este año en la academia sin duda están destinados a jugar un papel relevante en la obra, pero el núcleo duro de las conversaciones sigue siendo el mismo. Y se nota que el tiempo va pasando, no solo en la madurez física de Kasaqua, aunque quizá está sea la diferencia más obvia, si no en las incómodas conversaciones que tienen lugar entre los personajes, que van dejando atrás su infancia y adolescencia para adentrarse en la vida adulta.

Blackgoose ha decidido volcar toda la tinta en los conflictos políticos subyacentes en el mundo Anglish, con facciones políticas que maniobran para seguir amasando poder. Aunque el sistema político se explica de forma más o menos convincente, no es menos cierto que los enfrentamientos y maniobras son un poco demasiado obvios, como queriendo dejar claro al lector hacia dónde se encamina toda la tensión.

El tema romántico no me ha acabado de convencer. Entiendo que el público objetivo de la novela sea el joven adulto, pero es que se tiran capítulos y capítulos a ver si hablan o no hablan sobre su relación, un poquito más de acción directa nos hubiera venido bien a todos y hubiera recortado capítulos algo innecesarios.

Le perdono a la autora el desarrollo parsimonioso de la novela por el final repleto de tensión con el que culmina, con esa sensación inquietante que tenemos los lectores cuando vemos que se acaban las páginas y no da tiempo a que se cierre la historia. Ya imaginaba que lo iba a dejar todo para la siguiente entrega, pero lo hace de tal manera que no sé si felicitarla o ir a buscarla para darle una paliza cariñosa y atarla a la máquina de escribir a lo Misery.

To Shape a Dragon’s Breath

To Shape a Dragon’s Breath viene haciendo ruido desde el día de su publicación y no me extraña nada tras haberlo leído. Ganador del premio Andre Norton, la primera novela de Moniquill Blackgoose tiene muchísimos de los ingredientes que hacen las delicias de los lectores de fantasía, como un sistema mágico que descubrir, un escenario de escuela de aprendizaje (sin llegar a ser dark academy), choque de culturas y costumbres, romance… y ¡dragones! (Por que todo es mejor con dragones, qué queréis que os diga, esto es un axioma).

Anequs vive en una remota población en la que los dragones se creían extintos, pero cuál no será su sorpresa cuando un día, tras vislumbrar un majestuoso ejemplar, se encontrará con que ha dejado un huevo en la isla. Siguiendo las ancestrales costumbres de su cultura. el huevo se coloca en el salón comunal y cuando el dragón nazca, elegirá un humano con el que aunarse. Pero cuando los conquistadores Anglish descubran la existencia del dragón, se verá obligada a ir a una institución donde se forman los mejores dragoneros, so pena de que acaben con la vida de su recién nacido dragón. Si un dragón se cría salvaje, su aliento sería capaz de destruir ciudades enteras.

Moniquill Blackgoose entrelaza la historia de Anequs y sus peripecias con mitos y leyendas de una forma armoniosa, como una danza de celebración de la cosecha. Me gusta muchísimo el mundo que ha planteado, con los conquistadores que subyugan a los indígenas de la zona, a los que desprecian por su falta de “civilización”. Una historia mil veces contada pero no por ello menos necesitada de atención.

Es bien cierto también que la novela tiene un marcado tono juvenil, ya sea por la edad de su protagonista y allegados, ya sea por cierto aire de inocencia que protege a Anequs de lo que todos pensaríamos que son represalias más que previsibles por sus acciones. Pero no por ello deja de ser una lectura agradable con cierto toque aleccionador.

En cuanto al sistema mágico, todo gira en torno a cómo dar forma al aliento del dragón, como se titula la novela. Puede parecer un remedo de alquimia, recordando por momentos a Sanderson en El Rithmatista, pero con personalidad propia y capacidad de evolución. Especialmente atractiva es la presentación de los elementos que componen el aliento del dragón y en general todas las cosas, con una rudimentaria “tabla periódica de los elementos” que sin duda tendrá más aplicación en el futuro.

Es también muy importante el factor humano de la novela, con ese impacto cultural que supone para Anequs salir por primera vez de su hogar y tener que intentar integrarse en una cultura que la desprecia por su origen y que además es prácticamente incomprensible. Como novela de rito de madurez, toca todos los palos adecuados (el primer amor, los enfrentamientos contra la autoridad impuesta, el desarrollo de amistades inéditas, la necesidad de formarse para el futuro…)

Moniquill Blackgoose ha escrito una novela muy pero que muy recomendable, que no sé a qué están esperando para traducir al español.