The Bloodless Queen

Comentaba hace poco en el grupo de Los Fantascópicos que cuando ya llevas leídos unos cuantos libros, es difícil que te sorprendan. Pero no es menos cierto que tenemos la suerte de que nos guste un género en el que es más fácil que los autores nos sigan epatando con sus obras, porque su imaginación no tiene barreras ni límites.

Esta introducción le viene de perlas a The Bloodless Queen un libro cuya sinopsis parece pasada por un baño de sustancias lisérgicas. ¿A quién se le ocurriría mezclar zonas ecológicas declaradas por Ronald Reagan con hadas y superhéroes? Pues a Joshua Phillip Johnson, al que desde luego no se le puede achacar tibieza en su creación de mundos.

La lectura de The Bloodless Queen es toda una experiencia, sobre todo porque no sabes por dónde va a ir la historia. Quizá tenga un comienzo ralentizado, un despliegue de piezas en el tablero pausado aderezado con infodumps que se agradecen para intentar ponernos en situación. Pero el punto realmente fuerte de esta novela son los personajes: Evangeline, Calidore y su hija Winnie. Los dos primeros son fencers estos superhéroes a los que hacía referencia antes cuya tarea principal es proteger a los humanos de las hadas que se crean con las muertes de los humanos en cada equinoccio (ya os había dicho que la sinopsis era muy loca, pero seguro que no os esperabais que fuera para tanto). Los tres forman una familia feliz, si bien la amenaza de su trabajo siempre pende sobre ellos cual espada de Damocles.

A todo esto se añaden cultos religiosos y conspiraciones políticas, junto con estudios matemáticos y poéticos de las zonas reservadas a las hadas. A pesar de lo raro que suena y lo difícil que se me está haciendo explicarlo, la historia tiene coherencia interna y resulta absorbente, pero lo que te deja marcado es el último tercio de la novela, donde Joshua Phillip Johnson coge tu corazón y procede a despedazarlo en trozos infinitesimales imposibles de volver a unir. Desconozco si el efecto está aumentado por la maternidad, pero os puedo asegurar que durante el final del libro tienes el corazón en un puño porque sabes lo que va a pasar y lo sufres en tus propias carnes.

Es un libro muy perturbador, centrado en el dolor y la pena y cómo lidiar con ella, con tintes de ecología y terror, muy difícil de clasificar pero que sin duda merece la pena.

The Forever Sea

Di con este libro por casualidad, por alguna recomendación de esas que ves por Twitter aunque no vaya dirigida a ti explícitamente y decides darle una oportunidad.

Hay que reconocer que el mundo creado por Joshua Phillip Johnson es hipnótico. Prácticamente toda la acción transcurre en barcos que navegan por océanos infinitos de hierba, cosechando frutos para la supervivencia. No es la primera vez que vemos barcos navegar por superficies inesperadas (en concreto Bradley P. Beaulieu es un experto en el tema, con sus navíos celestiales o los que navegan por la arena) pero a Johnson hay que reconocerle un mérito extraordinario en la construcción del mundo, así como en el lirismo de las descripciones. Además, el sistema mágico que permite el desplazamiento de las naos, controlando el fuego con figuras geométricas y canciones misteriosas no hacen sino añadir interés al tapiz.

Por desgracia, la trama y los personajes no revisten tanto interés. Una pequeña parte de la novela está dedicada a un narrador que nos relata los hechos a los que se refiere el grueso del libro. Y es en esta “parte del león” donde seguiremos las andanzas de Kindred, la nieta de una reconocida capitana de navío que poco a poco empieza encajar en una nueva tripulación. Los hechos en los que se ve envuelta tienen cierto interés, pero en realidad acaba dando un poco igual lo que le sucede, no es una figura que consiga despertar ni empatía ni rechazo, quedándose en un terreno de nadie que hace que se confunda con el escenario, mucho más vivo y atractivo.

La novela además es bastante larga, lo cual no sería ningún problema si se avivara la llama de nuestra atención como Kindred hace con el motor mágico de los navíos, pero como digo, la historia de la protagonista nos acaba dando un poco igual y el mundo en el que se desarrolla todo, si bien es muy inmersivo, no es suficiente como dar cohesión a una novela de la que esperaba bastante más. Es posible que en mi apreciación también haya influido la labor de los narradores del audiolibro. La voz masculina de Leo Wringer es correcta, pero la de Belinda Fenty tiene una cadencia demasiado lenta para mí. No digo que no sea la que mejor se ajusta a la novela, que tampoco va a la velocidad del rayo, pero me temo que se han juntado el hambre con las ganas de comer y el libro no es lo suficientemente atractivo como para que me interese la continuación, cuya publicación está prevista para este año.