The Monster Baru Cormorant

A pesar de que la experiencia de lectura de The Traitor Baru Cormorant no fue satisfactoria, el tiempo había hecho que se desdibujaran los peores recuerdos de la lectura y pensé darle otra oportunidad a Seth Dickinson. Creo que a veces mi cerebro me juega estas malas pasadas para que disfrute más de otros libros en comparación.

Es cierto que algunos de los problemas de la primera novela se solventan en esta aunque sigue girando alrededor de las intrigas geopolíticas de los distintos archipiélagos que conforman el mundo. La protagonista está mejor definida y ha perdido la poca inocencia que pudiera tener en un principio, pero ahora en vez de evolucionar en un ser despiadado, como sería lo normal, se ve envuelta en un mar de dudas que llega a resultas exasperante. Baru debe haber perdido por el camino, además de la poca inocencia que le quedara, más de la mitad de las neuronas que la hacían tan especial, porque cae en todas las trampas una detrás de otra. Es que hasta el pinche de cocina del bar de al lado de la embajada está más espabilado que ella.

Las intrigas políticas que están en plena ebullición a lo largo de la novela distan mucho de ser sutiles, por lo que ese es también un punto de desinterés. He llegado a estar leyendo la novela con el piloto automático puesto y eso es muy triste para un libro que pretende engancharte a base de complots. Pero es que la introducción de elementos fantásticos, especialmente el vehículo utilizado para lograr una supuesta «inmortalidad» es, a mi entender, tan ridículo como obsceno.

En el primer libro apenas se hablaba sobre la homosexualidad de Baru, un pecado oculto que apenas se atrevía a admitir en sus pensamientos, mientras que ahora lo va pregonando a los cuatro vientos. Mucho ha debido cambiar la política de la Masquerade cuando permite que su representante contradiga tan abiertamente uno de los puntos fundamentales de su doctrina. En consecuencia, las escenas de sexo pierden valor, son simples intercambios de fluidos con menor importancia que escribir una carta.

Y es una lástima porque la prosa es bella, pero el contenido no está a la altura. Definitivamente, no os acerquéis a Baru, ni como traidor ni como monstruo.

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