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Iain M. Banks de Paul Kincaid

Me he hecho el firme propósito de leer más ensayo, para poder hablar con más propiedad y algo de conocimiento en mis reseñas. También es muy conocida mi admiración por la obra de Iain M. Banks, de modo que un libro sobre su obra parecía algo hecho ex profeso para mí.

El público objetivo de este ensayo son sin duda las personas que ya hayan leído la obra del autor referenciado. No se trata de una somera introducción, si no de un trabajo de análisis profundo sobre toda su obra.

Evidentemente Paul Kincaid es un fan de Banks, pero el discurso del libro no es para nada sesgado. Cuando tiene que cantar las alabanzas de sus primeras novelas de la Cultura lo hace sin dudar, pero tampoco tiene reparos en señalar las debilidades de sus últimas obras, quizá un tanto infladas.

Me hubiera gustado que el libro estuviera más relacionado con la vida del propio autor escocés, pero sobre estas cosas se pasa casi de puntillas. Del mismo modo que cuando Hergé se separó de su mujer su sufrimiento se ve reflejado en las eternas nieves de Tintín en el Tíbet, es de suponer que la separación de Banks tuviera su contrapartida en alguna novela, pero Kincaid no incide apenas en este y en otros hechos conocidos. Por ejemplo, el momento en que rompió su pasaporte y lo mandó a Blair como señal de protesta podría haber dado lugar a un estudio en profundidad sobre la posición política de Banks. Se tiene en cuenta, pero no se explota lo suficiente.

El recorrido que hace Kincaid por todas las obras es exhaustivo, situando cronológicamente cada publicación y relacionándola con el momento de escritura. En este aspecto el libro es brillante.

También es muy de agradecer, la presencia de un listado de autores positivamente influidos por la Cultura y los demás libros de Banks. Incluso China Mièville aparece en este conjunto, en el que hecho en falta por ejemplo a Aliette de Bodard con sus Mentes de Xuya (clarísimo homenaje al escocés) o a Ian Sales. La lista podría seguir, aunque me encanta la decisión de nombrar “heredero no oficial” a Alastair Reynolds.

Me parece especialmente esclarecedor el hecho de que Banks trabajó solo con un editor hasta que este murió. A partir de este suceso, se nota un punto de inflexión en cuanto a la extensión de las novelas, quizá domeñada por esta figura ya ausente.

La documentación utilizada por Kincaid es ingente, parece que no ha dejado entrevista sin mencionar. Al libro le falta algo, quizá que el autor se posicione con más claridad en vez de reflejar tanto las opiniones de otros o quizá hace falta que pase algo más de tiempo para que la obra del fallecido Iain se asiente como lo que es, un pilar de la ciencia ficción moderna.

Creo que este no es un libro para todo el mundo y aunque tiene partes mejorables, me parece fundamental para conocer la obra de Iain Banks. Espero que no sea el último sobre el escocés, un escritor que nos dejó demasiado pronto.