Archivo de la categoría: Opinión

Reflexiones en torno a “James Tiptree Jr., the Double Life of Alice B. Sheldon” de Julie Phillips.

portada bioEn el momento de escribir estas líneas, a 19 de mayo de 2014, si me preguntan cual es el mejor libro que he leído durante el año no me cabe duda alguna de la respuesta: James Tiptree Jr., the Double Life of Alice B. Sheldon, de Julie Phillips. En este libro, ganador del Premio Nacional de la Crítica de los EE.UU. de 2006 en la categoría de biografía, Phillips explica la vida de una de las figuras más enigmáticas de la historia de la ciencia ficción, además de una de las principales autoras de relatos del género y, para muchos, del conjunto de la literatura. Durante veinte años, hasta su muerte, Alice B. Sheldon escribió usando el seudónimo de James Tiptree Jr. y durante la mitad de este período se hizo pasar por hombre ante prácticamente todas las (numerosas) amistades que mantuvo por correspondencia. En medio construyó una de las carreras más sólidas de la ciencia ficción y vivió una vida, incluyendo la sexualidad, llena de complejidades y contradicciones. Phillips la explica con la habilidad de hacer del libro un diálogo con la vida del propio lector y lo convierte en una de las lecturas más sugerentes y estimulantes que he leído en mucho tiempo.

En el siguiente artículo hablaré de esta biografía y opinaré sobre ella, pero me gustaría dejar muy claro, de entrada y en aras de la transparencia, que este libro y las búsquedas que he ido haciendo durante su lectura son todo lo que sé de la autora. Todavía no he leído sus relatos, algo que me ha limitado considerablemente mientras escribía esta reseña.

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Fantásticas rusas, de Marian Womack

Desde Nevsky Prospects, los Womack llevan casi cinco años haciendo difusión de la literatura fantástica rusa con cuidadas traducciones y ediciones. Marian Womack ha escrito para El Fantascopio este interesante artículo sobre las escritoras rusas de literatura fantástica.

Nadie puede negar que el género de la novela detectivesca rusa tiene en el extranjero un representante claro, Borís Akunin, un autor que ha exportado con éxito las aventuras de un detective muy particular, mezcla de Sherlock Holmes y Dupin, experto en artes marciales, políglota, y francamente encantador. Sin embargo, pocos lectores saben que, dentro de las propias fronteras rusas, es una autora, Alexandar Marínina quien ostenta el récord indiscutible como la superventas en el género en el que, desde la distancia, Akunin parece reinar en soledad. Y Marínina no está sola: otras escritoras como Daria Dontsova, Polina Dashkova o Tatiana Póliakova, son autoras muy reconocidas dentro de esa rama de la novela detectivesca que tanto gusta a los rusos, y que tan bien ha sabido exportar Akunin, caracterizada por la producción de obras de género de corte “clásico” de alta calidad literaria, así como de gran éxito comercial en un país, Rusia, de grandes lectores. No es raro ir en el metro de San Petersburgo o Moscú y ver alguien leyendo una novela de alguna de estas autoras, que venden no miles, sino cientos de miles de libros. En definitiva, las grandes damas de la novela detectivesca en Rusia son mujeres.

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La Golem y el género

 

Como parte del especial que el Fantascopio dedica al papel de la mujer en la literatura de género, he decidido reseñar la novela The Golem and the Djinni, que sonaba bastante para los premios Hugo de este año, escrita por la debutante Helene Wecker.

La novela sigue las andanzas de una golem y un djinn en la Nueva York de finales del siglo XIX y principios del XX. La golem fue creada de forma específica para servir a Otto Rotfeld, que quería una esposa e ir a América, pero ¡ay! su dueño fallece durante la travesía justo en el momento en que despierta a la golem.

Esto nos deja con una golem que puede leer la mente de la gente y tiene una compulsión casi irresistible para cumplir los deseos que percibe en los demás. Justo en este instante veo a Wecker pensando: esto se va a liar, pero con un par de frases se quita el problema de encima, y a muchos lectores también, y nos dice:

 “One man, weaving drunk, grinned at her and approached, his thoughts bleary with lust. To her surprise she realized this was one desire she had no wish to fulfill”.

 

La caracterización de la golem es, como poco, curiosa, domina todos los idiomas de la gente con la que interactúa y sabe lo suficiente de la sociedad para no resultar demasiado extraña, pero de vez en cuando sorprende con detalles culturales o materiales que desconoce, como por ejemplo, no sabe exactamente que es el dinero que la gente tiene constantemente en la cabeza, aunque en cambio sabe lo que es un vestido. Un poco torpe. Afortunadamente sólo le dura un par de capítulos y luego ya sabe de todo, con algún chispazo de vez en cuando, para dar sabor. Sigue leyendo

Millas y millas de musgo dorado

 This is a story about being born.

(Thirteen Ways of Looking at Space/Time — The Melancholy of Mechagirl)

 

Bethany Thomas nacía un sábado cinco de mayo en la costera y musical ciudad de Seattle. Allí creció y, suponemos, adquirió el gusto por la lectura. Se especializó años después en Griego Antiguo, vivió en Japón, trabajó de vidente, de camarera, de actriz. En algún momento optó por dedicarse a la escritura y por vivir en Maine con su marido de ascendencia rusa —ambas cosas no sucedieron necesariamente a la vez. De su pluma fecunda han brotado una docena de novelas e innumerables relatos y poemas, recogidos en las mejores antologías del género. Si los cálculos no me fallan, tiene treinta y cuatro años. En el mundo del libro se la conoce por su pseudónimo: Catherynne M. Valente.

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El género y el género

En la presentación para El Nombre del Mundo es Bosque, de Ursula K. Le Guin, publicado en España en el volumen de los premios Hugo 1973-75, Isaac Asimov hizo una predicción:

Pero vayamos al asunto. Aquí tenemos un relato ganador del Hugo, escrito por una mujer. Como todo el mundo sabe (si es lo bastante viejo), hubo una época en la que la ciencia ficción era tan masculina como la testosterona. Había mujeres escritoras y lectoras, pero en general eran ignoradas. Hoy en día, la cosa es muy diferente. De los volúmenes editados, sólo en el tercero, correspondiente a los años 1968-1969, había un relato escrito por una mujer, El Vuelo del Dragón, de Anne McCaffrey. Ahora, en el presente volumen, el quinto, tenemos diez relatos, de los que dos, cuéntenlos, dos, fueron escritos por mujeres. A este promedio, cuando se publique el trigésimo volumen de Los Premios Hugo, en 2051 (siendo yo el editor, claro; ¿quién si no?), todos los relatos los habrán escrito mujeres.

Asimov hacía ficción, y no sabemos cómo de acertada será la predicción del buen doctor. Habrá que esperar para verlo. Pero digamos que hay… indicios de que igual no resulta del todo certera.

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