Los audiolibros han llegado para quedarse

Confieso que comenzar a escuchar audiolibros me infundía mucho respeto. No confiaba lo suficiente en mi nivel de inglés como para pretender enterarme de la trama de una novela, así que los primeros intentos fueron algo frustrantes. No obstante, poco a poco he ido educando el oído y por tanto he conseguido asimilar el contenido de lo que estaba oyendo.

Existen puntos a favor y en contra de este nuevo formato de lectura, así que permitidme citar alguno de ellos:

  1. Compatibilidad con otras acciones. Una de las principales ventajas de la escucha de libros es que aprovechas mucho mejor el tiempo. Puedes estar realizando labores del hogar, haciendo ejercicio, conduciendo o simplemente yendo al trabajo andando mientras disfrutas de una obra de ficción o de no ficción.
  2. Conocer el tiempo que te va a ocupar una lectura. En una vida tan planificada como llevamos muchos de nosotros, con el tiempo justo entre actividades, conocer de antemano que vas a necesitar 20 minutos para escuchar ese capítulo que te falta de la última novela de Brandon Sanderson te permite sacarle todo el provecho a tus tiempos muertos.
  3. Caracterización de los personajes. Este es un punto muy personal, pero dependiendo del lector que «interprete» el libro y de las inflexiones que utilice al recitar, se pueden añadir matices a la lectura que mejora la experiencia global. Es posible que también la empeore, pero esto depende de la profesionalidad de la voz que lleve a cabo la tarea.
  4. La voz como arte. Relacionado con el punto anterior, aunque no es muy común pero también hay obras corales que dan la sensación de estar asistiendo a una obra de teatro.
  5. Comodidad. De nuevo, es un punto muy personal, pero una vez educado el oído requiere menos esfuerzo ponerte los cascos y escuchar que realizar la lectura al modo tradicional. Un contraste entre activo y pasivo.

Por supuesto también tiene inconvenientes:

  1. Dificultad en la comprensión. Para mí, que soy una persona eminentemente visual, una de las principales dificultades es estar segura de que he entendido lo que he oído. Cuando estás leyendo en libro electrónico o en papel siempre puedes recurrir a volver unos párrafos atrás, pero en audiolibro (a pesar de las posibilidades de retroceder un tiempo determinado) esta operación es más complicada. Especialmente sangrante es el caso de los nombres propios, topónimos, siglas o palabras inventadas, donde hace falta hacer un ejercicio de credulidad para seguir adelante.
  2. Anotaciones y párrafos importantes. Desconozco si hay alguna herramientas para hacer anotaciones en un audiolibro, pero las personas a las que les gusta trabajar sobre el texto que están leyendo, haciendo anotaciones, subrayados o comentarios sobre el propio libro lo tienen muy difícil con este nuevo formato. Nota de Jordi Balcells : En audible se pueden hacer anotaciones asociadas a un punto temporal de la lectura.
  3. Falta de elementos de apoyo. ¿Quién no disfruta perdiéndose por los vericuetos del anexo a una novela fantástica? Pues en un audiolibro esto no es posible, o al menos yo desconozco cómo se podría articular. Nota de Jordi Balcells : Algunos audiolibros traen material adicional en PDF, por ejemplo The Fifth Season .
  4. Distracciones temporales. Aunque se puede compaginar con otras actividades, lo cierto es que hace falta un estado mental adecuado para escuchar audiolibros. Cualquier distracción momentánea puede causar que pierdas el hilo del libro que esté oyendo, y esto dificulta volver a entrar en faena. Aquí ya entra en juego la capacidad de concentración de cada persona, pero del mismo modo que hay quien puede leer en cualquier ambiente aunque sea ruidoso también hay quién es capaz de abstraerse para escuchar sin molestias.

Leer además de una actividad intelectual es un placer sensorial. Abrir nuevas posibilidades para la lectura me parece el camino a seguir, es por esto que los audiolibros han llegado para quedarse

Reflexiones en torno a «James Tiptree Jr., the Double Life of Alice B. Sheldon» de Julie Phillips.

portada bioEn el momento de escribir estas líneas, a 19 de mayo de 2014, si me preguntan cual es el mejor libro que he leído durante el año no me cabe duda alguna de la respuesta: James Tiptree Jr., the Double Life of Alice B. Sheldon, de Julie Phillips. En este libro, ganador del Premio Nacional de la Crítica de los EE.UU. de 2006 en la categoría de biografía, Phillips explica la vida de una de las figuras más enigmáticas de la historia de la ciencia ficción, además de una de las principales autoras de relatos del género y, para muchos, del conjunto de la literatura. Durante veinte años, hasta su muerte, Alice B. Sheldon escribió usando el seudónimo de James Tiptree Jr. y durante la mitad de este período se hizo pasar por hombre ante prácticamente todas las (numerosas) amistades que mantuvo por correspondencia. En medio construyó una de las carreras más sólidas de la ciencia ficción y vivió una vida, incluyendo la sexualidad, llena de complejidades y contradicciones. Phillips la explica con la habilidad de hacer del libro un diálogo con la vida del propio lector y lo convierte en una de las lecturas más sugerentes y estimulantes que he leído en mucho tiempo.

En el siguiente artículo hablaré de esta biografía y opinaré sobre ella, pero me gustaría dejar muy claro, de entrada y en aras de la transparencia, que este libro y las búsquedas que he ido haciendo durante su lectura son todo lo que sé de la autora. Todavía no he leído sus relatos, algo que me ha limitado considerablemente mientras escribía esta reseña.

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Fantásticas rusas, de Marian Womack

Desde Nevsky Prospects, los Womack llevan casi cinco años haciendo difusión de la literatura fantástica rusa con cuidadas traducciones y ediciones. Marian Womack ha escrito para El Fantascopio este interesante artículo sobre las escritoras rusas de literatura fantástica.

Nadie puede negar que el género de la novela detectivesca rusa tiene en el extranjero un representante claro, Borís Akunin, un autor que ha exportado con éxito las aventuras de un detective muy particular, mezcla de Sherlock Holmes y Dupin, experto en artes marciales, políglota, y francamente encantador. Sin embargo, pocos lectores saben que, dentro de las propias fronteras rusas, es una autora, Alexandar Marínina quien ostenta el récord indiscutible como la superventas en el género en el que, desde la distancia, Akunin parece reinar en soledad. Y Marínina no está sola: otras escritoras como Daria Dontsova, Polina Dashkova o Tatiana Póliakova, son autoras muy reconocidas dentro de esa rama de la novela detectivesca que tanto gusta a los rusos, y que tan bien ha sabido exportar Akunin, caracterizada por la producción de obras de género de corte “clásico” de alta calidad literaria, así como de gran éxito comercial en un país, Rusia, de grandes lectores. No es raro ir en el metro de San Petersburgo o Moscú y ver alguien leyendo una novela de alguna de estas autoras, que venden no miles, sino cientos de miles de libros. En definitiva, las grandes damas de la novela detectivesca en Rusia son mujeres.

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La Golem y el género

 

Como parte del especial que el Fantascopio dedica al papel de la mujer en la literatura de género, he decidido reseñar la novela The Golem and the Djinni, que sonaba bastante para los premios Hugo de este año, escrita por la debutante Helene Wecker.

La novela sigue las andanzas de una golem y un djinn en la Nueva York de finales del siglo XIX y principios del XX. La golem fue creada de forma específica para servir a Otto Rotfeld, que quería una esposa e ir a América, pero ¡ay! su dueño fallece durante la travesía justo en el momento en que despierta a la golem.

Esto nos deja con una golem que puede leer la mente de la gente y tiene una compulsión casi irresistible para cumplir los deseos que percibe en los demás. Justo en este instante veo a Wecker pensando: esto se va a liar, pero con un par de frases se quita el problema de encima, y a muchos lectores también, y nos dice:

 “One man, weaving drunk, grinned at her and approached, his thoughts bleary with lust. To her surprise she realized this was one desire she had no wish to fulfill”.

 

La caracterización de la golem es, como poco, curiosa, domina todos los idiomas de la gente con la que interactúa y sabe lo suficiente de la sociedad para no resultar demasiado extraña, pero de vez en cuando sorprende con detalles culturales o materiales que desconoce, como por ejemplo, no sabe exactamente que es el dinero que la gente tiene constantemente en la cabeza, aunque en cambio sabe lo que es un vestido. Un poco torpe. Afortunadamente sólo le dura un par de capítulos y luego ya sabe de todo, con algún chispazo de vez en cuando, para dar sabor. Continuar leyendo «La Golem y el género»

Millas y millas de musgo dorado

 This is a story about being born.

(Thirteen Ways of Looking at Space/Time — The Melancholy of Mechagirl)

 

Bethany Thomas nacía un sábado cinco de mayo en la costera y musical ciudad de Seattle. Allí creció y, suponemos, adquirió el gusto por la lectura. Se especializó años después en Griego Antiguo, vivió en Japón, trabajó de vidente, de camarera, de actriz. En algún momento optó por dedicarse a la escritura y por vivir en Maine con su marido de ascendencia rusa —ambas cosas no sucedieron necesariamente a la vez. De su pluma fecunda han brotado una docena de novelas e innumerables relatos y poemas, recogidos en las mejores antologías del género. Si los cálculos no me fallan, tiene treinta y cuatro años. En el mundo del libro se la conoce por su pseudónimo: Catherynne M. Valente.

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El género y el género

En la presentación para El Nombre del Mundo es Bosque, de Ursula K. Le Guin, publicado en España en el volumen de los premios Hugo 1973-75, Isaac Asimov hizo una predicción:

Pero vayamos al asunto. Aquí tenemos un relato ganador del Hugo, escrito por una mujer. Como todo el mundo sabe (si es lo bastante viejo), hubo una época en la que la ciencia ficción era tan masculina como la testosterona. Había mujeres escritoras y lectoras, pero en general eran ignoradas. Hoy en día, la cosa es muy diferente. De los volúmenes editados, sólo en el tercero, correspondiente a los años 1968-1969, había un relato escrito por una mujer, El Vuelo del Dragón, de Anne McCaffrey. Ahora, en el presente volumen, el quinto, tenemos diez relatos, de los que dos, cuéntenlos, dos, fueron escritos por mujeres. A este promedio, cuando se publique el trigésimo volumen de Los Premios Hugo, en 2051 (siendo yo el editor, claro; ¿quién si no?), todos los relatos los habrán escrito mujeres.

Asimov hacía ficción, y no sabemos cómo de acertada será la predicción del buen doctor. Habrá que esperar para verlo. Pero digamos que hay… indicios de que igual no resulta del todo certera.

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