El género y el género

En la presentación para El Nombre del Mundo es Bosque, de Ursula K. Le Guin, publicado en España en el volumen de los premios Hugo 1973-75, Isaac Asimov hizo una predicción:

Pero vayamos al asunto. Aquí tenemos un relato ganador del Hugo, escrito por una mujer. Como todo el mundo sabe (si es lo bastante viejo), hubo una época en la que la ciencia ficción era tan masculina como la testosterona. Había mujeres escritoras y lectoras, pero en general eran ignoradas. Hoy en día, la cosa es muy diferente. De los volúmenes editados, sólo en el tercero, correspondiente a los años 1968-1969, había un relato escrito por una mujer, El Vuelo del Dragón, de Anne McCaffrey. Ahora, en el presente volumen, el quinto, tenemos diez relatos, de los que dos, cuéntenlos, dos, fueron escritos por mujeres. A este promedio, cuando se publique el trigésimo volumen de Los Premios Hugo, en 2051 (siendo yo el editor, claro; ¿quién si no?), todos los relatos los habrán escrito mujeres.

Asimov hacía ficción, y no sabemos cómo de acertada será la predicción del buen doctor. Habrá que esperar para verlo. Pero digamos que hay… indicios de que igual no resulta del todo certera.

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Manifiesto Fantascópico o cómo acabar de una vez por todas con la arquitectura vertical

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Las ciudades se derrumban a nuestro alrededor.

Los lofts y los dúplex de la alta cultura se desploman a ras de suelo, donde sus habitantes tendrán que vérselas con la turba de la literatura de kiosko. Las torres más altas de la edición tradicional caen asediadas por la piratería, la autoedición y la edición digital. Las rutas seguras que antes conducían a la respetabilidad académica y a la autoridad intelectual encuentran su pavimento agrietado y nos desvían por carreteras secundarias que no se sabe muy bien a dónde conducen. Incluso en las pocas habitaciones que ocupábamos en las casas de nuestros padres, hemos podido ver un tejido de grietas avanzando por los tabiques, de modo que ahora ya no somos capaces de distinguir el terror de la fantasía, ni ésta de la ciencia ficción; no podemos distinguir lo que es género de lo que no lo es; no sabemos donde acaba la novela negra y comienza el cyberpunk, ni podemos distinguir las fronteras entre el romance sobrenatural, el costumbrismo y la distopía. Los diques del realismo están cediendo, y lo que corre por las calles es el agua turbia que vemos en nuestros sueños y pesadillas.

Hay quien dice que toda época se define por sus conflictos y contradicciones, y que, en realidad, nunca hemos vivido en ciudades que no estuvieran cayéndose a pedazos.

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